El camino hacia las Ruinas de Elarith no era tranquilo.
Ayli lo notó desde el inicio.
El ambiente cambió poco a poco. El aire se volvió más pesado, y los sonidos… desaparecieron.
—No me gusta esto —murmuró ella.
Riven caminaba a su lado, atento.
—A mí tampoco.
El bosque se alzaba frente a ellos.
Alto. Oscuro.
Demasiado silencioso.
—¿Tenemos que entrar ahí? —preguntó Ayli.
—Sí —respondió Riven—. Es el camino más rápido.
Ayli dudó un segundo.
Pero dio el primer paso.
Dentro del bosque…
todo se sentía distinto.
Las ramas se extendían como si quisieran cerrar el paso. La luz apenas entraba, y el suelo estaba cubierto de hojas oscuras.
—Siento que algo nos está viendo… —susurró Ayli.
—Probablemente sí —respondió Riven.
—¿Qué?
—Nada bueno.
Ayli no supo si estaba bromeando.
Esperaba que sí.
Un ruido.
Algo moviéndose entre los árboles.
Riven se detuvo.
—Shh.
Ayli también se quedó quieta.
El sonido se acercaba.
Lento.
Pesado.
Entonces…
salieron.
Criaturas.
Parecían lobos… pero no lo eran.
Eran más delgados, más largos, con ojos brillantes que no parecían naturales.
—¿Qué son…? —susurró Ayli.
—Varkhos —respondió Riven en voz baja—. No te muevas.
Las criaturas levantaron la cabeza.
Olfateando.
El aire.
Pero no como un animal normal.
Era… más preciso.
Uno de ellos giró directamente hacia Ayli.
Sus ojos se fijaron en ella.
—Riven… —susurró—. Me está viendo.
—No te muevas.
Pero ya era tarde.
El Varkho dio un paso hacia ella.
Luego otro.
—Saben que no eres de aquí —murmuró Riven—. Tu presencia es diferente.
El corazón de Ayli empezó a latir más rápido.
—¿Y ahora qué hacemos?
Riven retrocedió un poco.
—Despacio… vámonos.
Los Varkhos no atacaron.
Pero los siguieron.
Olfateando.
Observando.
Como si esperaran algo.
Caminaron más rápido.
Hasta que los sonidos desaparecieron
.
Otra vez.
—Creo que ya no están… —dijo Ayli.
—No te confíes —respondió Riven.
Siguieron avanzando.
Pero algo… no estaba bien.
El ambiente cambió otra vez.
Más frío.
Más pesado.
Ayli se detuvo.
—Riven…
—¿Qué?
—Ahí…
Señaló al frente.
Alguien estaba parado entre los árboles.
Ayli entrecerró los ojos.
—…soy yo.
Riven se tensó.
—No.
—Sí soy yo.
La figura dio un paso adelante.
Era idéntica.
Mismo rostro.
Misma ropa.
Pero…
había algo mal.
Su sonrisa.
No era correcta.
—Eso no eres tú —dijo Riven firmemente.
La otra Ayli inclinó la cabeza.
De forma extraña.
—Tú… no eres de aquí… —susurró.
Su voz sonaba igual.
Pero vacía.
Ayli dio un paso atrás.
—¿Qué es eso…?
—Mírmides —respondió Riven—. No las mires mucho.
Pero ya era tarde.
Otra apareció.
Y otra.
Todas iguales a Ayli.
Rodeándolos.
—Tú no eres de aquí…
tú no eres de aquí…
tú no eres de aquí…
Las voces se repetían.
Distorsionadas.
—¡Vámonos! —dijo Riven, tomando el brazo de Ayli.
Corrieron.
Las criaturas no los siguieron.
Pero sus voces…
sí.
Salieron del bosque de golpe.
La luz los recibió otra vez.
El aire cambió.
Ayli se detuvo, respirando agitada.
—…qué fue eso…
Riven también respiraba más rápido.
—Te dije que no era seguro.
Ayli miró hacia el bosque.
Oscuro.
Silencioso.
Pero ahora…
sabía que algo dentro de él…
la había reconocido.
—Riven…
—¿Sí?
—Ellas sabían…
Riven no respondió.
Pero su expresión lo decía todo.
—Si ellas saben que no eres de aquí entonces es verdad lo que me dijiste y yo tomando te de loca.
Ayli apretó ligeramente las manos.
Esto ya no era solo una misión.
Ese mundo…
sabía que ella no pertenecía ahí.
Y eso…
lo hacía mucho más peligroso.
El silencio fuera del bosque era distinto.
Más ligero… pero no del todo seguro.
Ayli aún miraba hacia atrás, hacia la oscuridad de donde habían salido.
—…no me gustó eso —murmuró.
—A mí tampoco —respondió Riven.
Dio un paso al frente.
—Pero ya salimos.
Ayli asintió lentamente.
Respirando más tranquila.
O al menos… intentándolo.
Un sonido.
Suave.
Cerca.
Ayli se tensó.
—Riven…
—Lo sé.
Ambos voltearon.
Entre los árboles…
algo se movía.
Lento.
Sin prisa.
Y entonces salió.
Un Varkho.
Pero no como los otros.
Este no mostraba agresividad.
Sus ojos brillaban… pero no de amenaza.
Sino de curiosidad.
Ayli se quedó completamente quieta.
—¿Qué hace aquí…? —susurró.
Riven no respondió de inmediato.
Observaba con atención.
—No está cazando…
El Varkho dio un paso.
Luego otro.
Directamente hacia Ayli.
—Riven… —dijo ella en voz baja.
—No te muevas.
Pero esta vez… no sonaba como advertencia.
Sino como asombro.
El Varkho se detuvo frente a ella.
La observó.
Como si la estuviera leyendo.
Ayli tragó saliva.
—¿Qué quiere…?
Riven habló en voz baja.
—Ayli…
—¿Sí?
—Creo que te eligió.
Ella parpadeó.
—¿Qué?
—Es un vínculo.
Ayli negó ligeramente.
—No… eso no tiene sentido…
El Varkho dio un pequeño paso más.
Acercándose.
Sin miedo.
Sin agresión.
Solo… decisión.
Ayli lo miró fijamente.
Su corazón latía rápido.
Pero no de miedo.
Era algo diferente.
—…
Se agachó lentamente.
El Varkho no retrocedió.