El aire dentro de las Ruinas de Elarith era distinto.
Más frío.
Más denso
Ayli dio un paso lento, mirando a su alrededor.
—No me gusta este lugar… —murmuró.
Riven caminaba a su lado, atento.
—A nadie le gustaría.
Nox iba al frente.
Sus pasos eran silenciosos.
Pero su cuerpo estaba tenso.
Vigilante.
Las paredes estaban cubiertas de grietas.
Algunas… parecían demasiado profundas.
Como si algo hubiera intentado romperlas desde dentro.
Ayli pasó la mano por una de ellas.
—¿Qué pasó aquí…?
Riven negó ligeramente.
—Nadie lo sabe con certeza.
—¿Nadie?
—Solo se sabe que este lugar cayó… de repente.
El silencio volvió.
Pero no era un silencio vacío.
Era… incómodo.
Como si algo los escuchara.
Un ruido.
Pequeño.
Como piedra moviéndose.
Ayli se tensó.
—¿Escuchaste eso?
—Sí —respondió Riven.
Nox gruñó bajo.
Sus ojos brillaron ligeramente.
—Algo está aquí —dijo Riven.
Siguieron avanzando.
Más despacio ahora.
Cada paso medido.
Hasta que llegaron a una sala más grande.
El techo estaba parcialmente destruido.
La luz entraba en líneas finas.
En el centro…
había algo.
Un pedestal.
Roto.
Pero no vacío.
—¿Eso es…? —susurró Ayli.
Riven entrecerró los ojos.
—Podría ser.
Ayli dio un paso adelante.
Pero Nox se interpuso.
Gruñendo.
—¿Qué pasa? —preguntó ella.
Nox no se movió.
Miraba hacia las sombras.
Riven también giró la cabeza.
—No estamos solos.
Otra vez.
Riven no respondió de inmediato.
Pero su expresión lo confirmó.
—Lo sé.
Nox gruñó suavemente.
Sus ojos recorrían el lugar con tensión.
El silencio duró unos segundos.
Demasiados.
Y entonces…
aparecieron.
Figuras.
Altas.
Inmóviles.
Como sombras con forma.
—…guardianes —murmuró Riven.
Ayli sintió algo extraño.
No miedo.
No exactamente.
Era como… una atracción.
—Ayli, no— —empezó Riven.
Pero ella ya estaba caminando.
—Espera…
Sus pasos eran lentos.
Como si algo la jalara.
—Ayli —insistió Riven—, eso no está bien.
Pero ella no lo escuchaba.
Uno de los guardianes se movió.
Y cambió.
Su forma empezó a distorsionarse.
A deformarse.
Hasta que—
se volvió alguien.
Ayli se detuvo en seco.
—…
Sus ojos se abrieron.
—…papá…?
Ahí estaba.
Frente a ella.
Exactamente como lo recordaba.
Su rostro.
Su voz.
Todo.
—Hola… —dijo él suavemente.
La respiración de Ayli se cortó.
—No… esto no
Pero no podía dejar de mirarlo.
—Te tardaste —dijo él..
Su tono cambió.
Más frío.
—Siempre igual.
Ayli retrocedió un paso.
—No… tú no eres…
—¿No soy qué? —respondió—. ¿No soy suficiente
Su voz se volvió más dura.
—Nunca lo fui, ¿verdad?
—No… —susurró Ayli.
—Siempre fuiste débil —continuó—. Siempre llegabas tarde. Siempre fallabas.
Las palabras golpeaban.
Fuerte.
—No… no digas eso…
—¿Por qué? —se acercó—. Es la verdad.
Ayli negó con la cabeza.
—No… tú no dirías eso…
—Claro que sí.
Su mirada cambió.
Fría.
Vacía.
—Porque es tu culpa.
Silencio.
—¿Qué…?
—Todo lo que pasó —dijo—. Fue por tu culpa por ti paso todo eso.
Ayli sintió que el aire desaparecía.
—No…
—Si hubieras sido mas paciente… —continuó—. si hubieras hecho algo…
Pausa.
—Yo seguiría aquí.Y ella tambien
—¡No! —gritó ella.
Sus ojos se llenaron de lágrimas.
—¡No es cierto!
Pero la voz…
seguía.
—Eres débil.
Eres inútil.
Nunca fuiste suficiente.
—¡Cállate! —gritó Ayli.
Se tapó los oídos.
—¡Cállate, cállate, cállate!
Pero no se detenía.
—Siempre fallas…
Siempre llegas tarde…
—¡Ayli! —la voz de Riven rompió todo.
Ella temblaba.
—No lo escuches —dijo él—. No es real.
—Pero es él… —susurró ella, llorando.
—No —respondió firme—. No lo es.
Ayli dudó.
—Sí lo es…
—No —repitió—. No es el.
Silencio.
Las palabras se detuvieron por un segundo.
Ayli respiró agitada.
—…él no era así…
El “padre” frente a ella sonrió.
Pero ahora…
mal.
—Claro que sí.
Ayli apretó los puños.
—No.
Sus lágrimas seguían cayendo.
Pero su voz cambió.
—Tú no eres él.
Silencio.
La figura se distorsionó.
—No eres real.
Las sombras comenzaron a romperse
—No eres mi papá.
Y en ese momento—
todo desapareció.
Los guardianes.
Las voces.
Las figuras.
Nada.
El silencio volvió.
Ayli cayó de rodillas, respirando agitada.
Riven se acercó.
—¿Estás bien?
Ella no respondió de inmediato.
—…sí.
Pero no lo parecía.
Frente a ellos
la reliquia.
Flotando.
Brillando débilmente.
Ayli la miró.
—Es esa…
Riven asintió.
—Sí.
Ayli se levantó lentamente.
Se acercó.
Nox la observaba.
En silencio.
—Ten cuidado —dijo Riven.
Ayli extendió la mano.
Dudó.
Un segundo.
Y la tomó.
Todo desapareció.
Silencio.
Frío.
Oscuridad.
Ayli abrió los ojos de golpe.
—¿Riven…?
Nada.
—¿Nox?
Nadie.
Se levantó rápidamente.
—¿Dónde estoy…?
El lugar era extraño.
No eran las ruinas.
Era… algo más.
Un espacio amplio, oscuro, con estructuras altas, pero no destruidas.
Todo parecía intacto… demasiado intacto.
Como si ese lugar no perteneciera al mismo mundo.
—Riven… —llamó de nuevo.