Antes de Volver

Capitulo 11

La noche era profunda.
Todo estaba en silencio.
Ayli estaba dando vueltas en la cama, incapaz de dormir del todo. Todavía tenía la imagen de las caras de todos mirándola esa tarde grabada en la mente.
—Qué vergüenza… —murmuró dándose la vuelta.
Pero entonces…
Shhhht.
Un sonido leve.
Como de tela deslizándose.
Ayli abrió los ojos de golpe.
No estaba soñando.
Se quedó quieta, conteniendo la respiración. El sonido se repetía, pasos muy cuidadosos, como si alguien no quisiera ser escuchado.
—¿Qué…?
Se levantó despacio, descalza. Caminó hacia la ventana y apartó un poco la cortina, asomando solo un ojo.
La luna iluminaba el patio.
Y ahí estaban.
Cuatro figuras.
Zaret.
Luna.
Dina.
Olo.
Pero no iban vestidos como siempre. Todos llevaban puestas unas capas oscuras, con las capuchas levantadas cubriéndoles la cabeza, haciéndolos ver casi como sombras.
Ayli frunció el ceño.
—¿Qué hacen? —susurró.
Los vio caminar en fila, con paso firme y silencioso. Se dirigían directo hacia el límite del lugar. Hacia donde estaba esa barrera invisible que a ella le dolía tanto golpear, esa pared sólida que no le permitía avanzar ni un centímetro.
Pero entonces…
Ellos simplemente siguieron caminando.
No se detuvieron.
No hicieron ningún gesto.
Ni siquiera bajaron la velocidad.
Simplemente cruzar.
Como si ahí no hubiera absolutamente nada.
Como si el aire fuera libre y vacío.
Ayli abrió los ojos como platos, apretando la cortina con fuerza.
—¡¿Cómo es posible?! —pensó, impactada—. ¡Para ellos no existe! ¡La barrera solo está ahí para mí! ¡Ellos pueden pasar como si nada!
Se dio cuenta de la cruel verdad: el muro invisible era selectivo. Solo se hacía sólido para detener a los prisioneros. Para ellos, era libertad pura.
Uno por uno, los cuatro cruzaron.
Sin chocar.
Sin dolor.
Simplemente salieron.
El corazón le latía a mil por hora. Estaba viendo la diferencia con sus propios ojos.
Zaret fue el último en cruzar.
Pero justo cuando iba a poner un pie fuera…
se detuvo.
Y lentamente…
giró la cabeza.
Directo hacia donde estaba la ventana de Ayli.
Ella sintió un escalofrío recorrerle la espalda.
—¡No, no, no!
Sin pensarlo, se agachó de golpe detrás del muro, pegada al suelo, dejando caer la cortina.
Se tapó la boca con ambas manos para que no se le oyera ni la respiración.
—Shhh… shhh…
Silencio total afuera.
¿La habría visto?
¿Sabía que estaba ahí mirando?
Pasaron los segundos.
Y nada pasó.
Cuando se atrevió a levantar apenas un poquito la vista y asomarse de nuevo…
El patio estaba vacío.
Y la barrera… ahí seguía, sólida e impasable, esperando por si ella intentaba acercarse.
Ayli se quedó unos minutos más ahí, en el suelo, sin moverse. Escuchando. Asegurándose de que no hubiera pasos de vuelta.
Cuando por fin confirmó que el silencio era total, se levantó despacio y volvió a asomar la cabeza.
Nada.
—Se fueron… —susurró con amargura—. Claro, se fueron. Para ellos es fácil.
Un sonido detrás de ella la hizo helarse la sangre.
—¿Buscas algo, o solo te gusta el paisaje nocturno?
Ayli se giró de golpe.
Lior.
Recargado en un pilar, mirándola desde las sombras.
—¡Me asustaste! —susurró fuerte—. ¿Qué haces ahí parado como un fantasma?
Lior soltó un suspiro suave y se separó del pilar.
—Lo mismo podría preguntarte yo. ¿Qué haces despierta a estas horas?
Ayli se cruzó de brazos y miró hacia arriba, donde el cielo estaba llenísimo de puntos brillantes.
—Solo… miraba. Nunca había visto tantas estrellas juntas.
Lior alzó la vista también. El silencio volvió entre ellos, pero esta vez no era incómodo.
—Son bonitas, ¿verdad? —murmuró él.
—Mucho —asintió ella—. Se ven tan grandes y tan cerca… como si pudieras tocarlas.
—A veces la luna se ve tan brillante que parece de día —dijo Lior con voz calmada—. Dicen que cada estrella es un mundo diferente. O un recuerdo.
Ayli lo miró de reojo. Él se veía diferente así, tranquilo.
—¿Tú te crees eso?
—No sé —admitió encogiéndose de hombros—. Me gusta pensar que sí. Que allá arriba hay cosas que no entendemos, pero que están ahí cuidando o guiando.
—Es romántico lo que dices —sonrió ella bajito.
—Es la noche —respondió él—. La noche hace que todo se vea diferente. Más tranquilo. Más… real.
Se quedaron un rato más ahí parados, simplemente mirando cómo la luz de la luna iluminaba todo el lugar en tonos plateados.
—Hace frío —dijo Ayli tiritando un poco.
—Por eso deberías estar en la cama —Lior la miró con media sonrisa—. Vamos. Es tarde.
—Está bien…
Se dieron la vuelta y cada uno tomó su camino hacia sus habitaciones, dejando que el silencio y las estrellas se quedaran solos otra vez.
A la mañana siguiente
El sol ya entraba con fuerza en el comedor. Ayli bajó las escaleras bostezando, pero en cuanto entró se dio cuenta de que el ambiente estaba… raro.
Luna, Dina y Olo estaban ahí, sentados en la mesa, pero se les veía hechos polvo.
Ojeras marcadas, posturas caídas, y se frotaban los ojos como si no hubieran dormido nada.
—Wow… —murmuró Ayli parándose en la puerta—. ¿Qué les pasó? ¿Se quedaron contando estrellas toda la noche o qué?
Nadie respondió. Solo intercambiaron miradas rápidas y calladas. Ayli sonrió para sus adentros: claro, habían estado fuera, recorriendo el mundo libre mientras ella seguía encerrada.
En eso, Luna se levantó despacio de su silla. Se veía agotada, pero se enderezó con elegancia y se acercó a donde Lior.
—Lior…
Él se volteó a verla.
—Prepara el desayuno de Zaret, por favor —le pidió ella con suavidad—. Ponlo en la bandeja especial. Yo se lo llevo.
Lior asintió sin preguntar nada.
—Entendido. Ahora mismo lo hago.
Luna volvió a sentarse, soltando un suspiro casi imperceptible.
Ayli los observaba desde su sitio, con el tenedor en la mano y una sonrisa pícara.
—Mmmmmm… —hizo ella sonoramente—. Qué raro… todos muertos de sueño, y ella subiéndole el desayuno a la cama al "jefazo"...
Dina le hizo una seña rápida con la mano para que se callara, poniéndose roja.
Ayli solo soltó una risita silenciosa.
—Sí, sí… ya entendí. "Solo trabajo", claro.
Después de desayunar, Ayli se paseó por los pasillos. La mente le daba vueltas. Había demasiados secretos. Ellos eran libres, ella era la única prisionera.
Llegó a la zona de las habitaciones principales y de pronto se detuvo.
Desde detrás de una puerta entreabierta, le llegaban voces.
Eran Zaret y Luna.
Se acercó despacio, pegándose a la pared y escuchó con atención. Pero pronto frunció el ceño.
No entendía nada.
Hablaban en un idioma extraño, con sonidos suaves y melodiosos, otras veces graves y profundos. No se parecía a nada que hubiera escuchado antes.
—Kael vorneth… —decía Zaret con seriedad.
—Sí, maelthyr… —respondía Luna—. Ryn doralen eth…
Ayli intentaba captar algo, pero era inútil. Hablaban de cosas serias, importantes, pero para ella eran solo sonidos sin sentido. Un idioma secreto, solo para quienes eran libres de verdad.
Se alejó despacio, confundida y más curiosa que nunca.
—¿Qué estan diciendo? —susurró.
Siguiendo su instinto, se dirigió directo a la biblioteca. Era un lugar inmenso, lleno de estantes altísimos.
—Tienen que tener algo escrito… —murmuró—. Si para ellos no hay barrera y para mí sí, tiene que haber libros que expliquen por qué.
Empezó a buscar en secciones antiguas. Sacaba libros, hojeaba páginas sobre campos de fuerza y protecciones mágicas, hasta que en un rincón oscuro encontró uno diferente.
Era de pasta dura color azul oscuro, con símbolos grabados que brillaban tenuemente. Lo abrió… y se quedó perpleja.
Las páginas estaban escritas con los mismos símbolos extraños que acababa de escuchar.
—¡No puede ser…!
Cerró el libro de golpe y corrió a buscar a Lior. Lo encontró en la cocina y lo puso sobre la mesa.
—¡Lior! Dime… ¿qué idioma es este? ¡Lo he escuchado!
Lior se acercó y su expresión se puso seria de inmediato.
—Este… es el Idioma Antiguo. La Lengua de las Estrellas.
—¿Y de qué trata?
—Aquí dice… “Manual de Barreras, Portales y Sellos Superiores” —leyó con dificultad—. Explica cómo funcionan los límites mágicos.
Ayli sintió un escalofrío.
—Así que esto explica por qué ellos pasan como si nada y yo me estrello…
—Exacto —asintió Lior—. La barrera no es una pared física siempre. Es inteligente. Reconoce quién es quién. Para ellos, simplemente no existe. El sistema los identifica como amos y les abre el camino automáticamente. Para los prisioneros, se vuelve sólida como el diamante.
—¿Y por qué está en este idioma? ¿Por qué no lo leemos todos?
Lior bajó la voz, como si temiera que las paredes oyeran.
—Porque no es solo un idioma, Ayli… es magia pura. Las palabras tienen poder. Y si lo usas mal…
Hizo una pausa pesada.
—Si no sabes lo que haces, o si no tienes la autoridad de ellos, puedes provocar que la barrera se active al máximo y se cierre para siempre. O peor… la magia es como un espejo. Si intentas forzarla siendo prisionera, todo ese poder te golpea de vuelta. Puede quemarte, puede paralizarte de verdad… o incluso borrarte de existencia.
Ayli sintió que se le helaba la sangre.
—¿Es tan peligroso?
—Más que peligroso —susurró Lior—. Es letal. Por eso solo ellos lo hablan. Por eso lo usan en secreto. Un error mínimo y… puff. Desapareces. O terminas mucho peor que atrapada. Este libro no es para jugar. Es un arma.
Ayli miró las páginas extrañas, sintiendo una mezcla de miedo y determinación.
Ahora lo sabía todo.
La barrera era solo para ella.
Ellos eran dueños del lugar.
Y la llave para ser libre estaba justo en sus manos… pero tocarla podía costarle la vida.



#1739 en Fantasía

En el texto hay: otromundo, amor dolor, traición y dolor

Editado: 14.05.2026

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