Antes de Volver

Capitulo 12

La biblioteca estaba completamente vacía.
El silencio era tan profundo que Ayli podía escuchar el leve sonido de las hojas pasando entre sus dedos.
Seguía mirando el libro azul oscuro que Lior le había mostrado hacía apenas unos minutos. Los símbolos brillaban tenuemente sobre las páginas, como si estuvieran vivos.
No podía dejar de pensar en lo mismo.
La barrera.
La salida.
La libertad.
Si ese libro explicaba cómo funcionaba todo… entonces también debía existir una forma de desactivarla.
Aunque fuera por unos segundos.
Aunque fuera solo para ella.
—Tiene que haber algo… —murmuró pasando páginas rápidamente.
Los símbolos extraños seguían apareciendo una y otra vez. Había dibujos de círculos, líneas luminosas y palabras escritas en aquella Lengua de las Estrellas que parecía imposible de entender.
Pero entonces…
vio algo diferente.
Un símbolo repetido varias veces junto a un dibujo de la barrera.
Ayli entrecerró los ojos.
—Esto… debe significar algo.
Se acercó más al libro, intentando relacionar las palabras con los dibujos.
Y poco a poco…
empezó a pronunciar.
—“Vael…” —leyó con dificultad— “…therys…”
Nada pasó.
Miró alrededor nerviosa.
—Bueno… sigo viva.
Volvió a mirar el libro.
—“Kael… norath… veyn…”
El aire cambió.
Fue sutil.
Pero ella lo sintió.
Un pequeño escalofrío recorrió la habitación.
Ayli abrió los ojos emocionada.
—¡Está funcionando!
Agarró el libro rápidamente y salió casi corriendo de la biblioteca. Bajó por los pasillos mirando a todos lados para asegurarse de que nadie la viera.
Su corazón latía tan fuerte que sentía que iba a explotar.
Cuando llegó cerca del límite del castillo, la enorme barrera invisible seguía ahí, brillante apenas bajo la luz del cielo.
Ayli tragó saliva.
—Vamos… vamos…
Abrió el libro otra vez y empezó a repetir las palabras.
—“Vael… norath… kel…”
La barrera tembló.
Esta vez sí pasó algo.
La superficie invisible empezó a deformarse como agua moviéndose.
Ayli sonrió emocionada.
—¡Sí! ¡Sí funciona!
Dio un paso adelante.
Pero entonces…
todo salió mal.
Las letras del libro empezaron a brillar violentamente.
El aire se volvió pesado.
Demasiado pesado.
Y la barrera cambió de color.
De un brillo transparente…
a un rojo intenso.
Ayli retrocedió asustada.
—¿Qué…?
De pronto un dolor horrible atravesó su brazo.
—¡AHH!
Sintió como si algo invisible le estuviera quemando la piel desde adentro.
El libro cayó al suelo.
La barrera empezó a emitir un sonido extraño, agudo, casi como un grito.
Y las marcas rojas comenzaron a extenderse lentamente por su brazo.
Ayli respiró agitada.
—¡¿Qué me pasa?!
Intentó alejarse, pero el dolor empeoró.
Sentía que algo la aplastaba.
Que la magia la estaba rechazando.
Las palabras de Lior regresaron a su cabeza:
"Puede quemarte… paralizarte… o peor."
El miedo la golpeó de lleno.
—No… no…
Las piernas le temblaron.
Y justo cuando sintió que el dolor aumentaba todavía más…
una voz apareció detrás de ella.
—¡¿Qué estás haciendo?!
Ayli volteó sobresaltada.
Zaret.
Había aparecido de la nada.
Su expresión cambió completamente al ver el libro en el suelo y las marcas rojas en el brazo de Ayli.
—¡¿Tocaste ese libro?!
Ella intentó hablar.
—Y-yo solo quería—
—¡¿Pronunciaste las palabras?!
Ayli dio un paso atrás por el tono de su voz.
Nunca lo había visto así.
Realmente alterado.
Zaret maldijo por lo bajo en ese idioma extraño y caminó rápido hacia ella.
Antes de que Ayli pudiera reaccionar, él agarró su brazo lastimado.
Una energía oscura recorrió sus dedos.
Las marcas comenzaron a desaparecer lentamente.
Ayli soltó un pequeño quejido de dolor.
—¡Eso duele!
—Claro que duele —gruñó él sin soltarla—. ¡Porque casi activas una barrera de castigo!
Ayli lo miró confundida.
—¿Una qué?
Zaret respiró hondo, claramente intentando no explotar.
—Ese libro no es para ti. No puedes leer la Lengua de las Estrellas sin saber lo que haces.
—¡Solo quería salir!
—¡Y por poco haces que la barrera te destruyera!
El silencio cayó de golpe.
Ayli sintió un nudo en la garganta.
Porque por primera vez…
entendió que no estaba jugando con magia normal.
Y Zaret…
por primera vez también parecía asustado.
Ayli respiraba con dificultad.
Todavía sentía el brazo ardiéndole, aunque las marcas rojas comenzaban a desaparecer poco a poco gracias a la magia oscura que recorría los dedos de Zaret.
Él seguía sujetándole el brazo con fuerza.
Molesto.
Muy molesto.
—¿En qué estabas pensando? —gruñó sin mirarla—. ¡¿Quién te dio permiso de tocar ese libro?!
Ayli bajó la vista.
—Yo solo quería—
—¡No! —la interrumpió de golpe—. ¡No entiendes lo que acabas de hacer!
Su voz resonó fuerte entre los árboles y la barrera vibró apenas detrás de ellos.
Ayli se sobresaltó.
Zaret pasó una mano por su rostro, claramente intentando controlar el enojo.
—La Lengua de las Estrellas no es un juego —dijo con la mandíbula apretada—. No son palabras normales. Cada símbolo tiene magia real. Si pronuncias algo mal, alteras el equilibrio de la barrera.
Ayli tragó saliva.
—Pero yo pensé que—
—Ese es el problema. Pensaste.
Ella se quedó callada.
Por primera vez desde que lo conocía, Zaret no parecía simplemente fastidiado.
Parecía… preocupado de verdad.
Y eso hizo que la culpa empezara a crecerle en el pecho.
Él soltó lentamente su brazo y se agachó para recoger el libro del suelo.
Las letras brillaban todavía.
Zaret cerró el libro de golpe y el brillo desapareció al instante.
—No solo te pusiste en peligro tú —dijo más serio que nunca—. Si hubieras activado completamente la barrera de castigo, habrías provocado un bloqueo total en el castillo.
Ayli frunció el ceño.
—¿Bloqueo total?
—Nadie entra. Nadie sale. La barrera ataca todo lo que detecte cerca. Incluso a nosotros.
Eso la hizo abrir los ojos lentamente.
—¿También los habría lastimado a ustedes…?
—Sí.
El silencio cayó pesado.
Ayli sintió el estómago revolverse.
Porque ella no había pensado en eso.
Solo quería escapar.
Solo quería volver a casa.
—Yo… no quería hacerles daño… —murmuró bajito.
Zaret soltó un suspiro cansado.
El enojo en su expresión seguía ahí, pero ya no gritaba.
—Lo sé.
Y eso la hizo sentirse peor.
Él empezó a caminar hacia el castillo sin decir nada más.
Después de unos segundos, Ayli lo siguió en silencio.
Entraron nuevamente al enorme lugar y avanzaron por los pasillos oscuros hasta llegar a una habitación amplia que Ayli nunca había visto.
Parecía una pequeña sala de estar.
Había sillones negros, una chimenea apagada y enormes ventanales cubiertos por cortinas oscuras.
Todo olía ligeramente a madera y humo.
—Siéntate —ordenó Zaret.
Ayli obedeció sin discutir esta vez.
Se sentó despacio en uno de los sillones mientras él dejaba el libro sobre una mesa.
Luego se acercó nuevamente a ella.
—Dame el brazo.
Ayli extendió el brazo lastimado con algo de nervios.
Zaret puso una mano sobre las marcas rojizas y empezó a murmurar palabras en aquella lengua extraña.
Esta vez sonaban suaves.
Tranquilas.
Una energía tibia recorrió la piel de Ayli y el dolor empezó a desaparecer poco a poco.
Ella lo observó en silencio.
El brillo oscuro de la magia iluminaba apenas el rostro de él.
Se veía cansado.
Y extrañamente triste.
—No vuelvas a hacer eso —dijo finalmente sin apartar la vista de su brazo—. Si la barrera decidía castigarte por completo, ni siquiera yo habría podido detenerla.
Ayli bajó la mirada.
—Solo quería intentar salir…
Zaret soltó una pequeña risa amarga.
—Claro que quieres salir.
—Entonces ¿por qué no me dejas? —preguntó ella de golpe—. ¿Por qué no simplemente me ayudas? No quiero quedarme aquí para siempre.
La mano de él se detuvo apenas un segundo.
Después continuó curándola lentamente.
—Porque el que entra aquí… no sale.
Ayli sintió un escalofrío.
—Eso no es una respuesta.
—Es la única que vas a tener.
Ella frunció el ceño.
—Pero yo no pertenezco aquí.
—Tal vez no.
—Entonces déjame ir.
Zaret levantó la vista hacia ella por fin.
Sus ojos oscuros parecían más fríos de lo normal.
—No.
La respuesta fue inmediata.
Firme.
Sin duda.
Ayli apretó las manos.
—¿Por qué?
Él guardó silencio unos segundos.
Demasiados segundos.
—Porque si dependiera de mí… nunca te dejaría salir.
El corazón de Ayli dio un pequeño salto.
No supo si por miedo…
o por la forma en que él lo dijo.
Zaret apartó la mano lentamente cuando terminó de curarla.
Las marcas habían desaparecido por completo.
—Si algún día logras salir —dijo poniéndose de pie—, será porque encontraste la manera tú sola.
Tomó el libro nuevamente.
—Pero yo no voy a ayudarte a hacerlo.
Y sin decir nada más…
salió de la habitación, dejando a Ayli sola con el corazón confundido y una sensación extraña apretándole el pecho.
La puerta se cerró detrás de Zaret con un sonido seco.
Ayli se quedó completamente sola en la sala.
El silencio empezó a sentirse pesado otra vez.
Bajó lentamente la mirada hacia su brazo ya curado. No quedaba ninguna marca, pero todavía podía recordar el dolor horrible que había sentido hacía apenas unos minutos.
Apretó los labios.
Se sentía tonta.
Y culpable.
No había pensado en las consecuencias. Solo quería salir de ahí aunque fuera por unos segundos. Aunque fuera solo para comprobar que todavía podía ser libre.
Pero casi había provocado algo peligroso.
Y lo peor era que Zaret tenía razón.
Ella no entendía nada de esa magia.
Ni de ese mundo.
Ni de las reglas.
Suspiró pesadamente y recargó la cabeza en el sillón.
—Esto es un desastre… —murmuró.
Pasaron unos minutos en silencio hasta que escuchó pasos acercándose rápidamente por el pasillo.
Después la puerta se abrió de golpe.
—¡Ayli!
Lior entró primero, claramente preocupado.
Detrás de él aparecieron Dina y Olo.
Los tres se acercaron enseguida hacia ella.
—¿Estás bien? —preguntó Dina agachándose frente a ella—. ¡Lior nos contó lo que pasó!
Ayli sintió un poco de vergüenza.
—Estoy bien… creo.
—¡¿Cómo se te ocurre hacer algo así?! —exclamó Lior llevándose las manos a la cabeza—. ¡Casi me da algo cuando Zaret salió corriendo!
Olo cruzó los brazos, todavía serio como siempre.
—Fue peligroso.
—Sí, gracias, ya lo entendí… —murmuró ella avergonzada.
Dina suspiró y se sentó junto a ella.
—La Lengua de las Estrellas no debe tocarse así nada más. Incluso nosotros evitamos usarla demasiado.
Ayli levantó la vista.
—¿Entonces ustedes también pueden lastimarse?
Los tres intercambiaron miradas rápidas.
—Todos pueden hacerlo —respondió Olo finalmente—. La magia antigua no distingue entre errores pequeños y grandes.
Eso hizo que Ayli sintiera todavía más culpa.
Lior se dejó caer en otro sillón dramáticamente.
—Por un momento pensé que ibas a explotar o algo así.
Ayli lo miró horrorizada.
—¡¿EXPLOTAR?!
—Bueno, no exactamente explotar, pero—
—¡LIOR! —lo regañó Dina dándole un golpe en el brazo.
—¡¿Qué?! ¡Solo intento explicar!
Ayli soltó una pequeña risa nerviosa.
Por alguna razón, estar con ellos hacía que el ambiente se sintiera menos pesado.
Más normal.
Más tranquilo.
Aunque seguía atrapada.
Aunque seguía sin poder salir.
Se quedaron hablando un rato más. Lior empezó a contar historias exageradas sobre otros sirvientes que habían intentado hacer magia y habían terminado haciendo explotar cocinas o convirtiendo muebles en criaturas raras.
Incluso Olo soltó una pequeña risa una vez.
Ayli terminó riéndose también.
Y por unos momentos…
olvidó el miedo.
Hasta que Dina se levantó de golpe al escuchar algo afuera.
—Ya se van.
Lior dejó de reír.
Olo se puso serio otra vez.
Ayli frunció el ceño.
—¿Quiénes?
Nadie respondió directamente.
Los tres simplemente comenzaron a salir de la habitación.
—Descansa un poco, ¿sí? —dijo Dina antes de irse—. Y no vuelvas a tocar libros extraños.
—Ni barreras mágicas asesinas —agregó Lior señalándola.
—Ni idiomas prohibidos —terminó Olo.
Ayli rodó los ojos.
—Sí, sí, ya entendí.
Los tres salieron finalmente, dejándola sola otra vez.
La curiosidad le ganó rápidamente.
Se levantó despacio y caminó hacia uno de los enormes ventanales de la sala.
Desde ahí podía verse parte del patio exterior.
Y entonces los vio.
Zaret y Luna.
Ambos ya estaban afuera.
Dos enormes caballos oscuros esperaban junto a la entrada principal.
Luna subió primero con elegancia, acomodando su capa negra mientras el viento movía su cabello.
Zaret hizo lo mismo segundos después.
Ayli los observó en silencio.
Todavía le parecía extraño cómo ellos podían cruzar la barrera como si no existiera.
Y justo como había imaginado…
los caballos avanzaron.
La barrera ni siquiera reaccionó.
No brilló.
No apareció.
Simplemente los dejó pasar.
Como si reconociera que ellos pertenecían ahí.
Ayli sintió un pequeño vacío en el pecho viendo cómo desaparecían poco a poco entre la oscuridad del camino.
Libres.
Mientras ella seguía encerrada.
Apoyó lentamente una mano sobre el vidrio frío del ventanal.
—Tengo que encontrar otra forma… —susurró.
Su mirada bajó lentamente hacia sus propias manos.
Luego recordó las palabras de Zaret.
"Si algún día logras salir… será porque encontraste la manera tú sola."
Ayli apretó los labios.
—Entonces lo haré.
Y aunque el miedo seguía ahí…
por primera vez también empezó a aparecer otra cosa.
Determinación.



#1739 en Fantasía

En el texto hay: otromundo, amor dolor, traición y dolor

Editado: 14.05.2026

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