Había pasado
Un mes completo desde que Ayli había llegado a ese mundo extraño.
Y aunque todavía había días donde despertaba pensando que todo era un sueño raro del que tarde o temprano iba a salir… la realidad era otra.
Seguía ahí.
Encerrada.
Pero ya no se sentía igual que al principio.
Ahora conocía los pasillos del castillo de memoria. Sabía dónde escondían comida Lior y Dina, sabía cuáles puertas hacían ruido, cuáles habitaciones estaban prohibidas y también sabía exactamente a qué hora Nox empezaba a hacer desastres por todo el lugar.
Porque sí.
Nox ya actuaba como si fuera el dueño del castillo.
Y nadie podía detenerlo.
—¡NOX! ¡BAJA DE AHÍ AHORA MISMO!
La voz de Lior resonó por toda la cocina mientras perseguía a la criatura negra que corría sobre las mesas con un enorme pedazo de carne robado en el hocico.
Nox soltó un chillido divertido y saltó directamente sobre Olo.
—¡Quítamelo de encima! —gruñó él intentando atraparlo.
—¡JAJAJA! ¡Corre más rápido! —gritó Zekryl desde una silla.
Orvian estaba muerto de risa viendo el desastre mientras Therys intentaba salvar la comida restante.
—¡Va a tirar todo! ¡NOX, NO! —se quejó ella.
Muy tarde.
Nox pasó corriendo entre los platos y tiró una jarra entera de jugo encima de Lior.
Silencio.
Luego…
—…Voy a cocinarlo —murmuró Lior completamente empapado.
Ayli soltó una carcajada tan fuerte que casi se cae de la silla.
Y eso solo empeoró el caos.
Zekryl empezó a reír también, golpeando la mesa.
—¡Parece sopa andante!
—¡Cállate! —le gritó Lior lanzándole una servilleta mojada.
Orvian aprovechó para esconder pan dentro de la ropa de Olo sin que él se diera cuenta.
Therys los miraba con cansancio.
—Todos ustedes son insoportables.
—Pero nos quieres —sonrió Zekryl.
—No.
—Sí.
—No.
—Sí.
Ayli volvió a reír.
Y por un momento…
todo se sintió normal.
Extrañamente normal.
Como una familia rara y caótica.
Incluso Olo terminó sonriendo apenas cuando Nox apareció nuevamente debajo de la mesa masticando victorioso su comida robada.
Ayli suspiró entre risas mientras veía el desastre.
—Definitivamente ya se cree dueño del castillo.
—Porque nadie le pone límites —dijo Dina entrando a la cocina.
Nox la vio.
Y corrió.
Todos gritaron al mismo tiempo.
—¡LA CARNE NO!
Demasiado tarde.
Nox desapareció por el pasillo con otro pedazo robado.
Lior dejó caer la cabeza sobre la mesa derrotado.
—Un día voy a llorar de verdad.
Ayli sonrió divertida mientras observaba todo.
Y entonces se dio cuenta.
Ya no se sentía tan sola.
Eso era lo peligroso.
Porque mientras más tiempo pasaba ahí…
más fácil era olvidar que seguía siendo una prisionera.
Su sonrisa desapareció apenas un poco.
Y automáticamente su mirada se movió hacia la entrada de la cocina.
Esperando ver a alguien.
A Zaret.
Pero él no estaba.
Últimamente desaparecía más de lo normal
Y aunque Ayli jamás lo admitiría en voz alta…
ya no le desagradaba tanto su presencia.
Seguía siendo amargado.
Mandón.
Serio.
Y desesperantemente misterioso.
Pero después de todo lo que había pasado…
ya no le tenía el mismo miedo.
Incluso había descubierto algo bastante decepcionante.
Luna y Zaret no tenían absolutamente nada.
Nada.
Ni romance.
Ni relación secreta.
Ni besos escondidos.
Nada.
Ayli había llegado a esa conclusión después de semanas observándolos.
Sí, hablaban mucho.
Sí, Luna siempre estaba cerca de él.
Sí, salían juntos constantemente.
Pero era más como una confianza antigua.
Como compañeros.
Nada más.
Aunque Ayli seguía pensando que había potencial ahí.
Muchísimo potencial.
Porque Luna era absurdamente bonita.
Y Zaret… bueno…
Ayli frunció ligeramente la nariz.
—No está tan mal —murmuró bajito para sí misma.
—¿Quién no está tan mal? —preguntó Orvian apareciendo de repente detrás de ella.
Ayli dio un pequeño salto.
—¡¿De dónde sales tú?!
Zekryl soltó una carcajada.
—¡LA ATRAPARON HABLANDO SOLA!
—¡No estaba hablando sola!
—Entonces dinos quién “no está tan mal” —sonrió Therys sospechosamente.
Ayli abrió la boca.
La cerró.
Y luego agarró un pedazo de pan para aventárselo a Zekryl en la cara.
—¡No les importa!
Los tres empezaron a reír todavía más fuerte.
Olo suspiró cansado.
—Parecen niños pequeños.
—Tú también te ríes a veces —dijo Dina señalándolo.
—No es verdad.
—Sí es.
—No.
Ayli sonrió otra vez.
Y justo cuando iba a responder algo…
las enormes puertas del castillo se abrieron de golpe.
El sonido hizo que todos se quedaran callados automáticamente.
Pasos.
Firmes.
Pesados.
Zaret acababa de entrar.
Llevaba la ropa ligeramente desacomodada y una expresión cansada.
Muy cansada.
Ayli lo notó enseguida.
Y por alguna razón…
eso le preocupó un poquito.
Dina y Olo apenas vieron entrar a Zaret cuando intercambiaron una mirada rápida, como si ya supieran perfectamente lo que venía después.
Sin decir nada, Dina caminó hacia la cocina y empezó a acomodar comida en una bandeja grande mientras Olo tomaba una jarra con algo caliente.
Ayli los miró confundida.
—¿Qué hacen?
—Lo de siempre —murmuró Therys mientras seguía comiendo tranquilamente.
Lior suspiró cansado.
—Zaret no ha comido bien en días.
Ayli frunció el ceño automáticamente y volteó hacia la entrada por donde él había desaparecido hacía apenas unos segundos.
—¿Días?
—Cuando empieza con “sus asuntos”, se le olvida comer —explicó Orvian haciendo comillas con los dedos—. O dormir. O descansar. O actuar como alguien normal.
—Nunca actúa normal —agregó Zekryl.
—Eso también —admitió Orvian.
Dina terminó de acomodar todo en la bandeja y Olo la ayudó a levantarla.
Antes de irse, Lior los señaló acusadoramente con una cuchara de madera.
—Y hagan que se lo coma completo esta vez.
Dina soltó una risa pequeña.
—Lior… no hacemos milagros.
—Ni tenemos deseos de morir obligándolo —agregó Olo con total seriedad.
Zekryl empezó a reírse.
—La última vez casi les avienta el plato.
—La última vez SÍ nos aventó el plato —corrigió Dina.
—Y tú lloraste.
—¡NO LLORÉ!
—Tenías lágrimas.
—¡ERA ESTRÉS!
Ayli no pudo evitar reírse un poco viendo cómo discutían.
Después, Dina y Olo salieron del comedor cargando la bandeja mientras seguían peleándose entre ellos.
Cuando desaparecieron por el pasillo, Ayli volvió a mirar a los demás.
—¿Siempre es así?
Hubo unos segundos de silencio.
Luego todos respondieron al mismo tiempo.
—Sí.
Ayli levantó una ceja.
—¿Tan grave?
Therys dejó lentamente el vaso sobre la mesa.
—Cuando Zaret se preocupa por algo… deja de cuidarse.
—Y se vuelve peor de humor —agregó Zekryl.
—Más serio —dijo Orvian.
—Más insoportable —corrigió Lior.
—Eso ya es diario —murmuró Ayli sin pensar.
Todos soltaron pequeñas risas.
Hasta Olo, que iba regresando porque había olvidado algo, soltó una mini sonrisa.
Ayli se cruzó de brazos pensativa.
—¿Pero qué puede tenerlo tan ocupado?
Las sonrisas desaparecieron apenas un poco.
Zekryl desvió la mirada.
Orvian empezó a jugar con el tenedor.
Y Therys suspiró.
Ayli notó el cambio inmediatamente.
—¿Qué pasa?
Lior dudó unos segundos antes de hablar.
—Últimamente han llegado muchos mensajes de otros territorios.
—Y eso nunca es bueno —murmuró Therys.
—¿Por qué?
Orvian bajó la voz.
—Porque cuando los reinos empiezan a moverse… significa problemas.
Ayli frunció el ceño.
—¿Qué clase de problemas?
Esta vez nadie respondió enseguida.
Y eso hizo que el ambiente se sintiera más pesado.
Más serio.
Finalmente, Lior habló despacio.
—Hay muchos reinos que quieren algo de Zaret.
Ayli sintió un pequeño escalofrío.
—¿Qué cosa?
Todos intercambiaron miradas incómodas.
Hasta que Zekryl respondió con una sonrisa nerviosa.
—Su sangre.
Después de eso, el ambiente en la cocina se volvió un poco incómodo.
No pesado exactamente… pero sí más serio.
Como si todos hubieran dicho demasiado sin querer.
Ayli bajó la mirada hacia la mesa, jugando distraídamente con un pedazo de pan mientras pensaba en las palabras de Lior.
“Muchos reinos quieren algo de Zaret.”
“Su sangre.”
Todavía le costaba entender por qué algo así era tan importante.
Sí, sabía que la sangre negra tenía poder.
Riven se lo había dicho.
El hombre del metro también.
Pero escucharlo de otras personas hacía que todo se sintiera más real… y más peligroso.
—Voy a salir un rato —murmuró Therys levantándose de la silla.
Ayli alzó un poco la cabeza.
—¿Puedo ir contigo?
Therys pareció sorprenderse apenas, pero luego asintió.
—Claro.
Las dos salieron de la cocina mientras atrás seguían escuchándose las discusiones de Zekryl y Orvian porque Nox acababa de robar otro pedazo de comida.
—¡DEVUÉLVELO!
—¡Ya se lo tragó!
—¡¿CÓMO SE LO TRAGÓ TAN RÁPIDO?!
Ayli soltó una pequeña risa mientras seguía a Therys por los pasillos.
Caminaron hasta la parte trasera del castillo, donde estaba el jardín.
Y apenas Ayli salió…
se quedó quieta unos segundos.
El lugar era precioso.
Había rosas por todas partes.
Rojas.
Blancas.
Negras.
Incluso algunas azul oscuro que parecían brillar con la luz del atardecer.
El viento movía suavemente los pétalos y hacía que todo se sintiera tranquilo por primera vez en mucho tiempo.
—Wow… —susurró Ayli mirando alrededor—. ¿Todo esto estaba aquí antes?
Therys negó suavemente.
—No.
Ayli volteó a verla.
—¿Entonces?
Una pequeña sonrisa apareció en el rostro de Therys.
—Lo hicimos nosotros.
Ayli abrió los ojos sorprendida.
—¿En serio?
—Sí. Hace años este lugar estaba vacío. Solo había tierra seca y piedras. Pero Lior empezó a plantar flores porque decía que el castillo daba miedo.
Ayli soltó una risita.
—Tiene razón.
—Luego todos empezamos a ayudarlo. Dina quería colores. Orvian solo quería ensuciarse las manos. Zekryl destruyó como veinte plantas por accidente…
—Seguro fue “por accidente” —murmuró Ayli divertida.
Therys sonrió apenas.
—Y poco a poco quedó así.
Ayli caminó lentamente entre las flores, pasando los dedos sobre algunos pétalos.
El jardín se sentía vivo.
Cálido.
Completamente diferente al resto del castillo oscuro y enorme.
—A Zaret no parece gustarle mucho este tipo de cosas —comentó Ayli.
Therys soltó una pequeña risa.
—Eso creíamos.
Ayli la miró confundida.
—¿Eh?
—Pero fue él quien consiguió las primeras semillas.
Ayli se quedó en silencio unos segundos.
Eso no se lo esperaba.
—¿Zaret?
—Mhm.
—¿El mismo Zaret amargado que parece odiar la felicidad?
Therys soltó una risa más clara esta vez.
—El mismo.
Ayli frunció un poco el ceño mirando las rosas.
Cada vez entendía menos a ese hombre.
A veces parecía frío y cruel.
Otras veces…
hacía cosas así.
Cosas pequeñas que nadie esperaba.
Therys observó la expresión pensativa de Ayli y sonrió de lado.
—Ya no te da tanto miedo como antes, ¿verdad?
Ayli reaccionó rápido.
—¿Qué? Claro que sí.
Therys levantó una ceja.
—Ayli.
Ella apartó la mirada.
—Bueno… ya no tanto.
Y era verdad.
Seguía desconfiando de él.
Seguía queriendo salir.
Pero algo había cambiado.
Porque el Zaret que conoció el primer día y el que veía ahora… no parecían exactamente la misma persona.
Antes solo veía a alguien aterrador.
Ahora empezaba a ver a alguien cansado.
Solo.
Y constantemente perseguido por cosas que ni siquiera entendía del todo.
Therys la observó unos segundos antes de hablar.
—No es malo.
Ayli volvió a verla.
—¿Zaret?
—Solo está cansado del mundo.
Esas palabras hicieron que algo dentro de Ayli se sintiera extraño.
Como un pequeño peso incómodo en el pecho.
Therys suspiró suavemente y empezó a caminar hacia la salida del jardín.
—Tengo que irme antes de que Lior queme la cocina intentando atrapar a Nox.
Ayli soltó una pequeña risa.
—Buena suerte con eso.
—La necesitaré.
Y después de eso, Therys desapareció por el camino de piedra, dejando a Ayli sola entre las rosas.
El viento volvió a soplar suavemente.
Ayli se sentó despacio cerca de unas flores negras, abrazando sus piernas mientras observaba el cielo pintarse de naranja y dorado.
Y por primera vez en mucho tiempo…
se permitió pensar en todo.
En el metro.
En el hombre extraño.
En Riven.
En Nox.
En el otro mundo.
En la misión.
En la sangre.
Y en cómo su vida había cambiado completamente desde que llegó ahí.
Todo había pasado demasiado rápido.
A veces sentía que ya no reconocía a la persona que era antes.
Y lo peor…
era que empezaba a acostumbrarse.
A las risas en la cocina.
A los gritos de Lior.
A las peleas tontas de Zekryl y Orvian.
A Therys regañándolos.
A Nox robando comida.
E incluso…
a Zaret.
Ayli suspiró lentamente y apoyó la cabeza sobre sus rodillas.
—Qué desastre… —murmuró bajito.
Porque mientras más tiempo pasaba en ese lugar…
más difícil se hacía recordar que algún día tendría que irse.