Antes de Volver

Capitulo 14

Habían pasado varios días desde aquella conversación en el jardín.
Y aunque Ayli seguía buscando maneras de salir, las cosas en el castillo parecían haberse calmado un poco.
O al menos… eso parecía.
Porque en realidad, todos actuaban extraño.
Más tensos.
Más distraídos.
Especialmente Zaret.
Últimamente desaparecía demasiado. A veces salía antes del amanecer y regresaba entrada la noche con la mirada cansada y el humor peor de lo normal.
Y aunque Ayli jamás lo diría en voz alta…
empezaba a preocuparse un poquito.
Solo un poquito.
Aquella tarde estaba en la cocina junto a Lior, Dina, Zekryl, Orvian y Therys mientras intentaban —otra vez— evitar que Nox robara comida.
—¡NO TOQUES ESO! —gritó Lior.
Demasiado tarde.
Nox salió corriendo con un pan entero en el hocico.
—¡¿PERO POR QUÉ SIEMPRE ELIGE LO RECIÉN HECHO?!
—Porque tiene gustos caros —dijo Orvian muerto de risa.
Therys le lanzó una cuchara.
—¡Ayuda en lugar de reírte!
Ayli soltó una carcajada mientras veía a Nox subirse encima de un mueble como rey absoluto del castillo.
Y justo cuando iba a decir algo…
todo se quedó en silencio.
El aire cambió.
Literalmente.
Las velas comenzaron a moverse.
La temperatura bajó de golpe.
Y un extraño escalofrío recorrió el cuerpo de Ayli.
Nox dejó caer el pan.
Lior levantó la cabeza inmediatamente.
Dina frunció el ceño.
Olo apareció desde el pasillo como si hubiera sentido algo.
Y entonces…
toc.
Toc.
Toc.
Unos golpes lentos resonaron en la enorme puerta principal del castillo.
Nadie habló.
Pero Ayli notó algo raro.
Todos se habían puesto serios.
Muy serios.
—¿Quién es…? —susurró ella.
Antes de que alguien respondiera…
las puertas se abrieron solas.
Y Ayli sintió cómo el corazón se le detenía.
La criatura que entró era aterradora.
Alta.
Demasiado alta.
Su piel era gris oscura, casi negra. Tenía cuernos largos y curvos que salían de su cabeza, dedos exageradamente largos y unas manos deformes con uñas filosas. Sus ojos completamente blancos parecían verla directamente aunque apenas moviera la cabeza.
Y su sonrisa…
Dios.
Esa sonrisa daba miedo.
Ayli retrocedió automáticamente.
Nox soltó un gruñido bajo.
Pero lo peor…
era que nadie más parecía asustado.
Ni Lior.
Ni Dina.
Ni Olo.
Ni siquiera Therys.
Como si esa cosa fuera completamente normal.
La criatura giró lentamente la cabeza hacia Ayli.
Y sonrió más.
—Oh… —su voz sonó grave y extraña—. Una humana.
Ayli sintió un escalofrío horrible.
La criatura la observó unos segundos más antes de inclinar apenas la cabeza.
—Qué adorable.
—No le digas así —gruñó Zaret desde la entrada del pasillo.
Ayli volteó rápidamente.
Ni siquiera había notado que él estaba ahí.
Zaret caminó hacia ellos con expresión cansada, pero firme. Se colocó delante de Ayli casi por instinto mientras miraba a la criatura con molestia.
—Viniste demasiado temprano, Kaelith.
Así que ese era su nombre.
Kaelith soltó una pequeña risa grave.
—Los demás reinos ya no son pacientes.
Ayli frunció ligeramente el ceño.
¿Reinos?
La criatura volvió a mirar a Ayli.
Y entonces pareció notar realmente el miedo en su expresión.
—Hm…
De pronto, su cuerpo empezó a cambiar.
Las sombras alrededor de él se movieron lentamente y su apariencia monstruosa comenzó a desaparecer.
No completamente.
Pero sí lo suficiente para verse… menos aterrador.
Ahora parecía una especie de elfo oscuro.
Seguía siendo alto, con ojos brillantes y marcas negras recorriendo parte de su cuello, pero ya no tenía aquella forma monstruosa de antes.
—Mejor así —murmuró él divertido—. Los humanos suelen desmayarse cuando me ven en mi forma real.
Ayli no respondió.
Seguía pegada al mueble.
Kaelith soltó otra pequeña risa.
—Definitivamente adorable.
—Kaelith —dijo Zaret con voz seca—. No vine a entretenerte.
La sonrisa del hombre desapareció apenas un poco.
Y el ambiente volvió a sentirse pesado.
Muy pesado.
Luna apareció entonces desde el pasillo principal. Llevaba expresión seria, algo poco común en ella.
En cuanto vio a Kaelith, hizo una pequeña reverencia con respeto.
—Ya está todo listo.
Ayli notó eso inmediatamente.
Respeto.
Incluso Luna parecía tensa.
Eso no le gustó nada.
Kaelith acomodó lentamente sus guantes oscuros.
—Perfecto. Porque lo que voy a decir no puede esperar más.
Nadie habló.
El silencio se volvió incómodo.
Finalmente, Zaret suspiró cansado.
—Vamos al despacho.
Kaelith asintió.
Luna caminó hacia ellos primero.
Después Olo y Dina comenzaron a seguirlos también.
Ayli abrió un poco los ojos.
—¿Eh? ¿Ellos también van?
—Claro —murmuró Therys bajito—. Esto ya es algo serio.
Ayli sintió un pequeño nudo en el estómago.
Antes de irse, Kaelith volvió a verla una última vez.
Y sonrió apenas.
—Ten cuidado, pequeña humana.
—¿Por qué? —preguntó Ayli automáticamente.
La sonrisa de Kaelith creció apenas un poco más.
Pero esta vez no fue amable.
Fue… inquietante.
—Porque las guerras empiezan mucho antes de que alguien escuche el primer grito.
Y después de decir eso…
se marchó junto a los demás por el enorme pasillo del castillo.
Dejando a Ayli completamente helada.
Ayli se quedó quieta varios segundos mirando el pasillo vacío por donde todos habían desaparecido.
El silencio que dejaron atrás se sentía raro.
Pesado.
Como si algo malo estuviera acercándose lentamente.
—Odio cuando llegan personas así… —murmuró Zekryl dejando caer la cabeza sobre la mesa.
—Nunca traen buenas noticias —agregó Orvian.
Therys suspiró cansadamente mientras empezaba a recoger algunos platos.
—Porque no vienen como amigos.
Ayli seguía viendo el pasillo.
“Las guerras empiezan mucho antes de que alguien escuche el primer grito.”
Esas palabras todavía le daban vueltas en la cabeza.
—¿Quién era él exactamente? —preguntó finalmente.
Lior dudó un poco antes de responder.
—Kaelith es… una especie de representante.
—¿Representante de quién?
Hubo silencio.
Y eso hizo que Ayli sintiera todavía más curiosidad.
—De varios reinos —respondió Therys bajito—. Bueno… más bien de los más importantes.
Ayli frunció el ceño.
—¿Y por qué parecía tan… aterrador?
—Porque lo es —dijo Orvian con total naturalidad.
—¡ORVIAN!—se quejó Lior.
—¿Qué? No estoy mintiendo.
Zekryl soltó una pequeña risa.
—La primera vez que lo vi casi lloro.
—Tú lloras por todo —dijo Therys.
—¡Era pequeño!
—Fue hace dos años.
—¡SIGUE CONTANDO!
Ayli apenas escuchaba las bromas.
Su mente seguía atrapada en otra cosa.
Todos actuaban como si aquello fuera normal.
Como si amenazas políticas, criaturas aterradoras y guerras fueran parte de la rutina.
Y de repente…
entendió algo.
Ella no sabía absolutamente nada de ese mundo.
Nada.
No conocía los reinos.
Ni las reglas.
Ni quiénes eran realmente Zaret y los demás.
Solo había llegado ahí y sobrevivido como había podido.
Y eso daba miedo.
Mucho miedo.
Ayli bajó lentamente la mirada.
Porque si una guerra realmente empezaba…
¿qué iba a pasar con ella?
Antes de que pudiera seguir pensando, un ruido fuerte resonó arriba.
Como algo golpeando una mesa.
Todos levantaron la cabeza automáticamente.
Después se escucharon voces.
No podían entenderse bien, pero claramente estaban discutiendo.
Ayli tragó saliva.
—¿Están peleando…?
Lior negó rápidamente.
—No exactamente.
—Entonces ¿por qué gritan?
Nadie respondió enseguida.
Hasta que Olo habló.
—Porque quieren controlar a Zaret.
El ambiente volvió a ponerse incómodo.
Ayli sintió un pequeño escalofrío.
—¿Controlarlo cómo?
Therys dejó lentamente uno de los vasos sobre la mesa.
—Con alianzas.
—Con amenazas —corrigió Dina.
—Con miedo —murmuró Lior.
Ayli miró hacia arriba otra vez.
Y por primera vez desde que llegó ahí…
se preguntó si Zaret realmente era tan libre como parecía.
Porque sí.
Ella estaba atrapada detrás de una barrera.
Pero él…
parecía atrapado por algo mucho peor.
Ayli levantó lentamente la mirada hacia el techo otra vez.
Las voces seguían escuchándose arriba.
A veces graves.
A veces tensas.
A veces tan fuertes que parecía que algo iba a romperse.
El castillo entero se sentía diferente.
Como si las paredes mismas estuvieran nerviosas.
—No entiendo… —murmuró ella finalmente—. Si Zaret es tan fuerte como todos dicen… ¿por qué simplemente no ignora a los demás reinos?
Hubo un pequeño silencio incómodo.
Zekryl dejó de jugar con una cuchara.
Orvian bajó la mirada.
Y Lior soltó un suspiro largo.
—Porque aunque sea fuerte… sigue estando solo.
Ayli frunció apenas el ceño.
—¿Solo?
Therys asintió despacio.
—Los demás reinos tienen ejércitos completos. Miles de criaturas. Magos. Alianzas. Familias importantes. Poder político.
—Y Zaret solo tiene este castillo y a nosotros —agregó Dina.
—Y a Luna —dijo Orvian.
—Y a Luna —repitió Lior.
Ayli se quedó callada.
Nunca lo había pensado así.
En su cabeza, Zaret parecía alguien imposible de derrotar.
Alguien que daba miedo.
Alguien que siempre tenía el control.
Pero ahora…
la idea de él enfrentándose solo contra reinos enteros se sentía distinta.
Más triste.
Más pesada.
—¿Y qué quieren exactamente? —preguntó Ayli en voz baja.
Olo fue quien respondió esta vez.
—Su sangre.
Ayli tragó saliva otra vez.
—Sí, pero… ¿para qué tanto problema por eso?
Lior pasó una mano por su cabello verde antes de responder.
—Porque la sangre negra no existe normalmente.
—Es rara —dijo Therys.
—Peligrosamente rara —corrigió Lior.
Orvian bajó un poco la voz.
—Las reliquias antiguas reaccionan a ella.
—Puede activar magia prohibida —agregó Zekryl.
—Romper sellos.
—Abrir portales.
—Fortalecer ejércitos.
—Y también destruirlos —murmuró Orvian.
Ayli sintió que el estómago se le revolvía un poco.
Ahora entendía mejor por qué todos estaban tan tensos.
No era solo “sangre”.
Era poder.
Y el poder hacía que todos se volvieran locos.
Arriba volvió a escucharse un golpe fuerte.
Esta vez acompañado por una voz grave.
Ayli no entendió las palabras, pero reconoció perfectamente el tono.
Zaret estaba enojado.
Muy enojado.
Nox levantó la cabeza desde el suelo y soltó un pequeño gruñido incómodo.
Hasta él parecía sentir la tensión.
Ayli miró distraídamente hacia las escaleras.
Y por alguna razón…
se imaginó a Zaret ahí arriba, cansado, rodeado de personas exigiéndole cosas otra vez.
Exigiéndole algo que ni siquiera quería dar.
—¿Siempre ha sido así? —preguntó bajito.
Lior tardó un poco en responder.
—Sí.
—Desde hace mucho tiempo.
—Desde que descubrieron lo que era —murmuró Therys.
Ayli volteó rápidamente.
—¿“Lo que era”?
Todos parecieron darse cuenta de que habían hablado demasiado.
Otra vez.
Therys reaccionó primero.
—Ayli…
Pero ella negó rápidamente.
—No, espera. ¿Qué significa eso?
Nadie respondió.
Y eso fue suficiente para que Ayli entendiera que había algo más.
Algo importante.
Algo que todavía le estaban ocultando.
Therys desvió la mirada hacia la ventana.
Lior empezó a limpiar la mesa aunque ya estaba limpia.
Zekryl y Orvian fingieron discutir por una manzana.
Demasiado obvio.
Ayli entrecerró los ojos.
—Ustedes saben muchas cosas que no me dicen.
—Es complicado —murmuró Lior.
—Pues explíquenmelo fácil.
Silencio.
Therys suspiró lentamente antes de acercarse un poco más a Ayli.
—Hay historias sobre personas que nacen distintas.
Ayli la miró atenta.
—¿Distintas cómo?
—Con magia rara.
—Con habilidades extrañas.
—O con sangre maldita —murmuró orvian.
Ayli sintió un escalofrío.
—¿Están diciendo que Zaret está… maldito?
—No —respondió Lior rápidamente—. Bueno… no exactamente.
—Depende de quién cuente la historia —dijo Orvian.
—Algunos creen que su sangre es una bendición.
—Otros creen que es un monstruo —
La cocina volvió a quedarse en silencio.
Y por primera vez…
Ayli entendió algo horrible.
Zaret no solo era temido.
Era observado.
Juzgado.
Perseguido.
Como si todo el mundo estuviera esperando usarlo… o destruirlo.
Arriba, las voces finalmente se detuvieron.
El silencio cayó tan de golpe que todos levantaron la cabeza.
Pasos.
Pesados.
Lentos.
Se escucharon desde el segundo piso.
Ayli sintió cómo algo dentro de ella se tensaba automáticamente.
Porque no sabía por qué…
pero tenía la sensación de que, después de esa conversación…
las cosas iban a cambiar.
Los pasos continuaron resonando por el castillo.
Lentos.
Firmes.
Pesados.
Como si cada uno cargara algo enorme encima.
Ayli no apartó la mirada de las escaleras.
Y los demás tampoco.
Era raro.
Todos parecían tensos… pero acostumbrados.
Como si aquello hubiera pasado muchas veces antes.
Finalmente, la figura de Kaelith apareció primero bajando las escaleras.
Seguía usando aquella apariencia “más humana”, aunque incluso así seguía viéndose inquietante. Sus ojos brillaban tenuemente y sus movimientos eran demasiado elegantes para verse normales.
Detrás de él venía Luna.
Seria.
Más seria de lo normal.
Y después…
Zaret.
Ayli abrió apenas más los ojos.
Se veía agotado.
No físicamente solamente.
Era algo en su mirada.
En la forma en que caminaba.
En cómo tenía la mandíbula tensa.
Incluso parecía más frío que de costumbre.
Kaelith se detuvo a mitad del salón y observó alrededor con tranquilidad.
—Qué ambiente tan acogedor tienen aquí —comentó con una sonrisa ligera.
—¿Ya te vas? —preguntó orvian directamente.
Kaelith soltó una pequeña risa.
—Tan amable como siempre.
—No era amabilidad. Era esperanza.
Lior soltó una risa ahogada y Therys le dio un codazo para que se calmara.
Kaelith fingió sentirse herido.
—Qué crueles son todos conmigo.
—Sobreviviremos —murmuró Zaret secamente.
Ayli notó algo.
Kaelith hablaba como si conociera muy bien a todos.
Como si hubiera estado ahí antes muchas veces.
Y eso solo hacía todo más extraño.
Kaelith caminó lentamente hasta quedar frente a Zaret.
Por un momento, el ambiente volvió a ponerse pesado.
Muy pesado.
Y aunque Ayli no entendía completamente lo que estaba pasando…
sabía que aquello era importante.
Muy importante.
Kaelith inclinó apenas la cabeza.
—Piénsalo bien, Zaret.
Silencio.
—Los demás reinos no van a esperar eternamente.
La mandíbula de Zaret se tensó un poco más.
—No me interesa su paciencia.
—Debería.
La voz de Kaelith ya no sonaba divertida.
Ahora sonaba seria.
Fría.
—Porque esta vez no están preguntando.
Ayli sintió un escalofrío recorrerle la espalda.
Nadie habló.
Ni siquiera Zekryl.
Ni Orvian.
Todo el castillo parecía contener la respiración.
Kaelith observó a Zaret unos segundos más antes de suspirar.
—No quiero una guerra.
—Entonces diles que dejen de provocarla.
—No es tan simple y lo sabes.
Zaret soltó una pequeña risa amarga.
Pero no tenía nada de divertida.
—Claro que lo sé. Llevo toda mi vida escuchando lo mismo.
Ayli bajó un poco la mirada.
Había algo triste en esa voz.
Algo cansado.
Kaelith pareció notarlo también.
Porque su expresión se suavizó apenas un poco.
—No todos quieren destruirte, Zaret.
—No —respondió él secamente—. Algunos solo quieren usarme.
Eso dejó un silencio horrible.
Ayli sintió algo extraño en el pecho al escuchar eso.
Porque por un segundo…
pensó en ella.
En Riven.
En la sangre.
En la misión.
Y apartó la mirada rápidamente.
Kaelith volvió a suspirar.
—Volveré en unos días.
—Haz lo que quieras.
—Y tú piensa bien tu respuesta.
Zaret no respondió esta vez.
Kaelith simplemente sonrió apenas y comenzó a caminar hacia la salida.
Pero antes de cruzar las enormes puertas…
se detuvo.
Lentamente giró la cabeza hacia Ayli.
Directamente hacia ella.
Eso hizo que se tensara de inmediato.
Kaelith la observó unos segundos.
Demasiados segundos.
Como si pudiera ver cosas que nadie más veía.
Luego sonrió apenas.
Y dijo:
—Ten cuidado de no encariñarte demasiado con este lugar, pequeña .
El corazón de Ayli dio un pequeño salto incómodo.
—¿Qué se supone que significa eso? —preguntó confundida.
La sonrisa de Kaelith creció apenas.
Pero otra vez…
se sintió inquietante.
—Nada dura para siempre.
Y después de decir eso…
desapareció.
Literalmente.
Su cuerpo se convirtió en sombras oscuras que se deshicieron en el aire frente a todos.
El salón quedó en silencio después de que Kaelith desapareciera.
Uno incómodo.
Pesado.
Como si hubiera dejado algo malo flotando en el aire incluso después de irse.
Zekryl fue el primero en romperlo.
—Bueno… oficialmente odio a ese tipo.
—Tú odias a todos —dijo Therys.
—Sí, pero a él con pasión.
Orvian soltó una risa fuerte mientras agarraba comida de la mesa como si nada hubiera pasado.
—A mí me gusta cuando viene. Siempre deja el ambiente súper incómodo.
—Qué raro eres —murmuró Dina.
—Gracias.
Lior empezó a recoger algunas cosas nerviosamente mientras Olo lo ayudaba en silencio.
Pero Ayli apenas escuchaba.
Seguía pensando en las palabras de Kaelith.
“No te encariñes demasiado con este lugar.”
Sentía algo raro en el pecho.
Algo incómodo.
Como si esas palabras hubieran removido algo que no quería pensar.
Zaret seguía parado cerca de la entrada, serio y callado.
Luna estaba a unos pasos de él, observándolo en silencio.
Y aunque nadie lo decía…
todos parecían notar que algo no estaba bien.
Therys fue la primera en levantarse.
—Bueno… yo me voy antes de que este lugar se vuelva más depresivo.
—Llévate a Orvian —dijo Dina rápidamente.
—¡¿Por qué?!
—Porque ya te robaste tres panes.
—¡Eso no está comprobado!
Zekryl soltó una carcajada mientras prácticamente empujaba a Orvian hacia las escaleras.
Poco a poco los demás comenzaron a irse también.
Lior le deseó buenas noches a Ayli.
Dina se despidió con una pequeña sonrisa.
Olo solo levantó la mano antes de desaparecer por el pasillo.
Y al final…
solo quedaron Ayli, Zaret y Luna.
El silencio volvió otra vez.
Ayli se removió incómoda.
No sabía por qué seguía ahí parada.
Y honestamente…
después de todo lo que acababa de pasar, tampoco quería quedarse mucho más.
Así que aclaró un poco la garganta.
—Bueno… yo también me voy.
Nadie respondió de inmediato.
Zaret seguía mirando hacia la nada, como perdido en sus pensamientos.
Luna apenas volteó un poco hacia ella y asintió suavemente.
Ayli empezó a caminar hacia las escaleras, pero antes de subir volteó apenas hacia atrás.
Y sin querer…
vio algo raro.
Luna se acercó un poco más a Zaret.
No romántico.
No cariñoso.
Era más como preocupación.
Como si estuviera esperando a que él dijera algo.
Pero Zaret simplemente se pasó una mano por el rostro con cansancio.
—No me mires así —murmuró él.
—Solo estoy preocupada.
—No necesitas estarlo.
—Claro que sí.
Ayli se quedó quieta un segundo más escuchando.
No sabía por qué.
Tal vez curiosidad.
Tal vez porque nunca había visto a Zaret tan agotado.
Luna bajó un poco la voz.
—Llevas días sin descansar bien.
—Estoy bien.
—No lo estás.
Hubo silencio.
Uno largo.
Y extraño.
Ayli sintió de pronto que no debía seguir escuchando.
Así que subió rápido las escaleras antes de que la descubrieran ahí parada como chismosa.
Cuando llegó al pasillo de las habitaciones soltó el aire lentamente.
Y por alguna razón…
la imagen de Zaret cansado se quedó atorada en su cabeza más tiempo del que le hubiera gustado.



#1739 en Fantasía

En el texto hay: otromundo, amor dolor, traición y dolor

Editado: 14.05.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.