Antes Del Golpe

CAPÍTULO 6: "LA NOCHE DE POWER"

*Sábado 10 de abril de 2004. 8:47 de la noche.*

Agus llevaba cuarenta y cinco minutos parada frente al espejo del baño de su casa en el barrio de Jardín América y todavía no había tomado una decisión definitiva sobre el pelo.

No era que no supiera peinarse. Sabía perfectamente peinarse. El problema no era el pelo. El problema era que si era honesta consigo misma, cosa que intentaba ser aunque a veces costara, esta noche era distinta a otras noches. No había ninguna razón oficial para que lo fuera. Nadie en el grupo sabía que lo era. Ella misma se lo había repetido tres veces en los últimos veinte minutos: no es para tanto, Agustina, es el mismo boliche de siempre con las mismas personas de siempre.

Suelto. Se veía bien suelto.

Recogido. También se veía bien recogido.

Suelto, pero con ese rulo que le quedaba en el lado izquierdo arreglado.

Recogido pero dejando dos mechones al frente.

—Agustina, el colectivo sale en veinte minutos —gritó su mamá desde la cocina.

—Ya sé —gritó Agus de vuelta.

Suelto. Definitivamente suelto. Final. Inapelable.

Se miró una vez más, rápido, antes de que pudiera cambiar de opinión. La remera nueva que había comprado el jueves en el Mercado Central, bordó oscuro con un detalle en el cuello que le gustaba porque no era ni demasiado formal ni demasiado nada. Los jeans negros. Las zapatillas blancas que había limpiado esa tarde con una esponja húmeda y que habían quedado bastante bien considerando que no eran nuevas.

El pelo suelto con el movimiento correcto.

—Bien —dijo en voz muy baja, para nadie.

Agarró la cartera. Salió del baño antes de que el espejo pudiera convencerla de algo distinto.

A esa misma hora, en el Barrio San Martín, Marcus estaba parado en el medio de su cuarto mirando la cama con tres combinaciones de ropa distintas desplegadas sobre la colcha.

Camila asomó la cabeza por la puerta.

—¿Por qué tardás tanto?

Estoy eligiendo ropa.

—Ponete la negra y ya —dijo Camila, con la autoridad de alguien que no entiende por qué esto es complicado.

Marcus miró la remera negra. La miró a Camila.

—¿La negra?

—La negra. Combinás con todo.

Se la puso. Se miró en el espejo angosto que había detrás de la puerta del ropero. Pensó que Camila tenía razón, como casi siempre, aunque él nunca se lo dijera en voz alta porque si lo hacía iba a ser imposible de manejar.

—Gracias —dijo.

Camila desapareció de la puerta satisfecha.

En Villa Ángela, Bayron se vendó las costillas con una venda elástica que había comprado esa mañana en la farmacia de la esquina, se puso una remera dos talles más grande de lo normal para que no se notara, y decidió que eso era suficiente preparación para la noche.

Su mamá lo vio salir y le dijo que llegara antes de las dos de la madrugada. Él dijo que sí. Los dos sabían que probablemente eran las dos y diez el mejor caso, pero el ritual de la pregunta y la respuesta existía por alguna razón y ninguno de los dos tenía ganas de cuestionarlo esa noche.

*10:03 de la noche. Avenida Corrientes, frente a Power.*

La fila para entrar al Power doblaba la esquina.

No era una fila ordenada sino ese tipo de acumulación humana que se forma sola, sin nadie que la organice, con sus propias reglas invisibles sobre quién llega antes y quién conoce al patovica y quién espera simplemente porque no le queda otra. La música se escuchaba desde afuera, con esa calidad apagada y pulsante que tiene el sonido cuando pasa a través de paredes gruesas.

Marcus llegó primero. Dos minutos después llegó Bayron. Después Thiago, puntual como siempre. Sól apareció desde la esquina con el pelo recogido y un bordado guaraní en el borde de la camisa que ella misma había hecho.

Agus llegó última, que también era como siempre, pero cuando llegó Marcus la miró un segundo más de lo habitual porque la remera bordó oscuro y el pelo suelto eran una combinación que no había visto antes.

—Llegas tarde —dijo Thiago.

—Llegué a tiempo —dijo Agus—. Ustedes llegaron temprano.

Entraron.

Power por dentro era otra dimensión.

Once pistas en distintos niveles y sectores, cada una con su propio sonido y su propia temperatura y su propia tribu de gente. La pista central era la más grande, con una pantalla enorme al fondo y luces que giraban en el techo y la cumbia villera que salía de los parlantes con esa claridad perfecta que solo tienen los sistemas de sonido de verdad. Más al fondo había una pista de música electrónica donde la luz era azul y el volumen era diferente, más bajo en las conversaciones y más alto en los graves. Y hacia la derecha, en un sector separado por una escalera corta, la pista de pop y rock donde sonaban Los Piojos y Shakira y Attaque 77 en una secuencia que en otro contexto no tendría ningún sentido pero acá funcionaba perfectamente.

El grupo se quedó parado un momento en el ingreso, procesando.



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En el texto hay: escuelas, drogas y violencia, romance accion

Editado: 25.05.2026

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