Antes Del Golpe

CAPÍTULO 7: "El domingo y lo que vino después"

*Domingo 11 de abril de 2004. 3:15 de la tarde.*

La Costanera de Posadas a esa hora de la tarde tenía ese clima particular que solo existe los domingos: la gente caminando sin apuro, los chicos en bicicleta, las familias con los mates y las sillas de plástico instaladas frente al río como si fueran a quedarse ahí para siempre. El Paraná marrón y ancho al fondo, moviéndose despacio, indiferente a todo lo que pasaba en la orilla.

Los cinco llegaron por separado y se encontraron en el punto de siempre, frente al Hotel Costanera, donde había un banco largo de cemento con vista al río que nadie había designado oficialmente como su lugar pero que lo era de todas formas.

Marcus llegó primero. Bayron segundo, con una bolsa de chipá que había comprado en el camino y que puso en el centro del banco sin decir nada, como una ofrenda. Sól llegó con el pelo suelto y una camisa con bordados guaraní en las mangas que había terminado de coser el sábado a la noche. Thiago llegó exactamente a la hora acordada, ni un minuto antes ni uno después, lo cual a esta altura nadie en el grupo consideraba notable.

Agus llegó última, que también era como siempre.

Pero cuando llegó, Marcus la miró un segundo. El pelo suelto, el sol de la tarde pegándole de costado, la manera en que buscó el lugar en el banco y se sentó con esa naturalidad suya que hacía que todo pareciera fácil.

Miró el río.

Tomó un chipá de la bolsa.

—Están buenos —dijo.

La tarde pasó con esa lentitud agradable que tienen los domingos cuando uno no tiene nada urgente que hacer y está con las personas correctas.

Hablaron de todo y de nada. De la noche anterior en el Power, de que la pista electrónica había sido la mejor aunque Thiago seguía negando que hubiera bailado en ella. De que Bayron quería ir al Polideportivo la semana siguiente si las costillas lo permitían. De los proyectos técnicos de la escuela que había que retomar ahora que todo el ruido de la semana había pasado al menos por un rato.

Hablaron durante un rato largo, los cinco juntos, con esa facilidad que tiene la conversación cuando no hay nada urgente y el río está ahí de fondo haciendo su ruido suave. Thiago contó, con una seriedad absoluta, que había investigado la letra de un tema que habían escuchado en Power la noche anterior y que técnicamente tenía un error armónico en el estribillo. Nadie supo exactamente cómo responder a eso.

—¿Fuiste a buscar la letra esta mañana? —dijo Agus.

—Anoche —dijo Thiago.

—Era las cinco de mañana cuando llegaste a tu casa.

—A las cinco y cuarto.

Bayron se terminó el chipá y se acomodó en el banco con los brazos cruzados y los ojos cerrados, orientando la cara hacia el sol con la expresión de completa satisfacción de un gato en una ventana.

—Thiago —dijo sin abrir los ojos.

—¿Qué?

—No importa el error armónico.

—Para la integridad musical importa.

—Thiago.

—¿Qué?

—Dormite.

Thiago consideró eso.

—No tengo sueño.

—Inventá.

En algún momento Sól se levantó a caminar por el borde del río y Thiago fue detrás porque Thiago siempre seguía a quien se movía primero sin que nadie se lo pidiera, y Bayron efectivamente se quedó dormido sentado con el último pedazo de chipá en la mano, lo cual en Bayron era completamente normal.

Agus y Marcus quedaron solos en el banco.

El río hacía ese ruido suave y constante que hace cuando no hay viento, casi imperceptible, como si respirara.

—¿Pensás mucho en lo que viene? —dijo Agus.

Marcus la miró.

—¿En qué sentido?

—En general. El año que viene termina el secundario. Después qué.

Marcus miró el río.

—A veces —dijo—. Vos sí pensás.

No era una pregunta. Era una observación, dicha con esa precisión suya de quien ha prestado atención.

—¿Fuiste a buscar la letra esta mañana? —dijo Agus.

—Anoche —dijo Thiago.

—Era la una de la mañana cuando llegaste a tu casa.

—A la una y cuarto. Tardé veinte minutos.

Bayron se terminó el chipá y se acomodó en el banco con los brazos cruzados y los ojos cerrados, orientando la cara hacia el sol con la expresión de completa satisfacción de un gato en una ventana.

—Thiago —dijo sin abrir los ojos.

—¿Qué?

—No importa el error armónico.

—Para la integridad musical importa.

—Thiago.

—¿Qué?

—Dormite.

Thiago consideró eso.

—No tengo sueño.

—Inventá.

En algún momento Sól se levantó a caminar por el borde del río y Thiago fue detrás porque Thiago siempre seguía a quien se movía primero sin que nadie se lo pidiera, y Bayron efectivamente se quedó dormido sentado con el último pedazo de chipá en la mano, lo cual en Bayron era completamente normal.



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En el texto hay: escuelas, drogas y violencia, romance accion

Editado: 25.05.2026

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