(Antes del rojo)
Dicen que el peligro tiene sonido.(Escucho mi nombre León)
Un disparo.
Un grito.
Un vidrio rompiéndose en la madrugada.
Se equivocan.
El verdadero peligro es silencioso.
Empieza cuando dejas de sentir.
Cuando los días pasan idénticos.
Cuando el café ya no sabe a nada.
Cuando miras tu reflejo y no reconoces si estás cansado… o vacío.
Nadie teme a la rutina.
Deberían.
Porque la rutina no te mata de golpe.
Te apaga lentamente.
Te convence de que sobrevivir es suficiente.
Te roba el hambre.
Y cuando ya no tienes hambre…
No luchas.
No sueñas.
No ardes.
Solo existes.
Hay algo más aterrador que un asesino suelto en la ciudad.
Un hombre brillante que ya no quiere levantarse por la mañana.
Un corazón que dejó de acelerarse.
Una mente que dejó de buscar.
El monstruo no siempre llega con colmillos.
A veces llega con propósito.
A veces llega con fuego.
Y lo más retorcido de todo…
es que cuando el fuego aparece,
cuando la sangre corre,
cuando el pulso se acelera otra vez—
una parte de ti
agradece que algo haya roto el silencio.
Eso es lo imperdonable.
No la violencia.
No la muerte.
Sino el alivio.
El instante secreto en el que te das cuenta
de que necesitabas el caos
para recordar que estabas vivo.
Al final, no todos los monstruos vienen a destruirte.
Algunos vienen a despertarte.
La pregunta no es quién encendió el fuego.
La pregunta es:
¿Por qué estabas tan frío antes de que llegara?