Antes, Después, Nosotros

CAPÍTULO 1

En el presente

Olivia.

Mis oídos aún rebobinaban el sonido del monitor cardiaco, aún cuando ya no me encontraba en el quirófano. Lo había escuchado durante seis horas seguidas hasta que mi cerebro se acostumbró.

Seis horas viendo un corazón palpitar frente a mí, movimiento mis manos a su alrededor mientras intentaba reparar lo que había dejado de funcionar y, al final, lo logré. Reparé el corazón de alguien más aún cuando el mío se sentía cada vez más fracturado.

Aquel pensamiento me atravesó con tanta fuerza que me obligó a tomar una gran bocanada de aire. Mi vida estaba dedicada a reparar corazones, pasaba horas en cirugías o en laboratorios creando métodos y formas para hacer más sencillo mi trabajo y así salvar millones de vidas, me habían premiado por ello, había construído una carrera y un nombre por ello, pero, irónicamente, no era capaz de reparar mi propio corazón.

Respiré hondo mientras me quitaba el uniforme quirúrgico y me lavaba con extrema lentitud, dejaba que el agua caliente corriera sobre mis manos porque sabía lo que me esperaba apenas cruzara aquella puerta. Y, como si hubiera descubierto mis intenciones, Alicia, mi asistente, entró de golpe y comenzó con su habitual discurso: mi rutina y todos mis pendientes.

—Doc Laurent —su voz se coló por encima del sonido del agua, demasiado enérgica, demasiado entusiasta para haber estado aquí las veintiséis horas que yo llevaba en turno.

No contesté de inmediato. Seguí frotando mis manos como si pudiera borrarme todo lo que sentía por dentro.

—Alice —respondí por fin, sin levantar la mirada de mi trabajo.

—Tenemos que revisar un par de cosas antes de que se vaya —continuó. Escuché cómo pasaba las hojas de su libreta para dispararme una lista interminable de pendientes.

Me recordé a mi misma que yo había aceptado su ayuda, no solo como mi residente, sino como mi asistente luego de que me insistiera en ello… tres meses… diariamente.

—Primero: el comité de relaciones públicas quiere confirmar su disponibilidad para la rueda de prensa del lunes. La del nuevo procedimiento. ¿Sigue bien a las diez?

Seguí mirando mis manos, no había nada más que limpiar, si seguía tallandolas con tanta fuerza e insistencia terminaría por arrancarme la piel. Vi la pequeña cicatriz en mi dedo anular, aquella que me había hecho el día de mi boda, la que Damian había curado por mi mientras me repetía que nadie notaría la banda y que eso no dañaría las fotos mientras mi madre nos gritaba que era de mala suerte ver a la novia antes de la boda.

Debí escucharla.

¿Ese habrá sido nuestro primer error?

—Sí —murmuré. Volviendo a la realidad.

—Perfecto —contestó, sin siquiera notar el caos en mi cabeza—. La invitaron como ponente principal en la conferencia de cirugía cardíaca en Zúrich. Necesitan respuesta antes del viernes para reservar los vuelos y el hotel. Y el Dr. Adams quiere reagendar la reunión sobre el proyecto de implantes para mañana a primera hora.

Cerré el grifo. El golpe del agua cesó y de pronto el silencio me pesó más. Me miré en el reflejo de la ventanilla frente a mí. Bolsas bajo los ojos. El cabello revuelto luego de haberme quitado el gorro. Las manos vacías.

—Reagéndalo para la próxima semana —pedí con voz firme, sin entender de dónde salió.

—Doctora, si no asiste mañana, el Dr. Adams amenazó con retirarse del comité de donantes. Ya sabe cómo es —dijo mientras su mirada se cruzaba con la mía a través del reflejo de la ventanilla.

—Inventa algo y dile que no puedo.

Alice me miró unos segundos sabiendo que eso podría traer problemas. Ahora mismo nada de eso me importaba. Solo hasta que me giré hacia ella, asintió.

—Bien —respondió mientras anotaba en su agenda de mano—. La llamaron de Vogue Health. Quieren una entrevista para un reportaje especial. ¿Asigno fecha?

—Que sea telefonica. No tengo tiempo para posar.

Asintió y volvió a anotar.

—Su cirugía de trasplante se reprogramó para mañana a las once.

—Bien.

Agradecí al cielo cuando cerró la agenda y la guardó en el bolsillo delantero de la camisa de su uniforme y sonrió.

—El Doctor Lucas quiere saber si podría pasarse por urgencias unas horas.

La miré por unos segundos. No tenía que hacerlo. Mi turno había terminado. Contemplé la idea y el cansancio me pesó en los huesos.

—Dile que no prometo nada.

Una forma cordial de decir que no lo haría. Alice me miró unos segundos más, sus labios se entreabrieron para replicar, quizás para decirme que no podía decirle que no al jefe de cirugía, pero no me detuve a escucharla, pase junto a ella y salí de la habitación. Caminé por el pasillo encontrándome con pacientes, doctores y residentes en el camino. No me detuve a saludar a ninguno.

Solo podía concentrarme en el cosquilleo de mis manos, en el espacio vacío donde debería estar mi anillo. Pensé en todo lo que podía sostener; un corazón abierto, un bisturí, la vida de una persona.

Todo.



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En el texto hay: romance, amor, segundas opotunidades

Editado: 09.02.2026

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