Antifaz Endeble (saga Disfraz #2)

Capítulo XXIV

Un paso más

Arrojo la carpeta que me trajo papá al otro extremo de la cama, aprieto los labios procesando todo lo que contenía aquella carpeta.

Luego de aguantar regaños de Ryan por haber dicho tales cosas de él, de que me acompañara a hacerle unas cosas al estudio de Alexandra, me había quedado frente a casa dentro de la camioneta, leyendo aquel sobre.

¿Cómo pude haber sido tan estúpido como para no tener un plan en mi carrera profesional?

No podía negar que yo tenía asuntos personales que resolver, pero había olvidado un pequeño detalle, ¿Qué pasaría cuando los resuelva?

No tenía ningún plan, en alguna parte de mi mente, mantenía la esperanza de que cierta chica de ojos grises regresara, pero ¿y si no lo hacía? No creía conseguir a otra mujer que pueda hacerle frente a ella, no me molesta morir solo, a decir verdad, pero necesitaba un plan para mí, para mi futuro y algo en el que tener éxito.

No me siento para nada orgulloso de que tuvo que mi padre darme ideas de lo que puedo hacer y que sería más rentable. Me dio presupuestos, opciones, y toda la información necesaria para emprender. No debería sorprenderme de su parte, después de todo, él también tiene su propia empresa la cual ama, imagino que solo quiere lo mismo para mí.

Es incómodo, no haber pasado por la fase de ir a entrevistas, un empleo, crecer y experiencia. Pienso que al menos, debería tener algo de experiencia antes de todo esto.

No quiero pensar en que mi papá me resolvió todo, como antes. Tal vez unos cursos...

¿Podré lograrlo por mi cuenta?

Debía intentarlo, desarrollar habilidades y experiencia si de verdad quería que me fuera bien, con o sin Alexandra, debo tener estabilidad. Aprovechar lo que tengo y usarlo a mi favor, que es el apoyo de mi padre, cosa que Jess no tuvo y no puedo imaginar lo doloroso que fue para ella.

Me echo hacia atrás hasta recostarme en la cama, paso un brazo por encima de mis ojos para cubrirlos. Suelto un suspiro, hasta Alexandra tenía un plan, y esa mujer era la definición total de que la vida puede ser un desastre y, aun así, ella tenía sus metas claras.

Pero no puedo quedarme atrás, si he mejorado en mi personalidad, debo hacerlo en mi profesión.

Tomo mi celular y marco el número de mi madre, con la esperanza de que deje de evitarme y pueda ir a verla, quizá al hablar con ella pueda ayudarme a aclarar mis dudas y buscar alguna idea o solución para mi cabeza confundida.

── Hola, mi bebé. ──Saluda ella débilmente al contestar.

Me muerdo la lengua y tomo un par de profundas respiraciones, me toma de toda mi paciencia no darle una mala respuesta por seguir llamándome bebé, lo odio.

Y lo único que me frena de decirle algo, es su voz.

Suena débil, suena enferma y hasta quizá un poco triste, desde aquel incidente en su apartamento, no ha dejado que vaya a visitarla, insiste en que no es necesario y que quiere ponerse al corriente con su piso.

Un montón de excusas que ni ella se cree, sólo pido, que sea lo que sea, no sea tan grave como supone mi cabeza. Que se encarga de crear un escenario peor que el anterior.

── Hola, mamá. ──La saludo fingiendo estar como si nada, justo como me lo pidió papá, ya que, según él, ella se siente abrumada con tantos recuerdos en su piso y sólo necesita tiempo── Quería saber si hoy yo...

── No puedo. ──Me corta── Hoy me encontré con unas ex compañeras de trabajo, me ofrecieron algo sencillo que yo puedo hacer desde casa, me reuniré con ellas. Otro día, tal vez.

Siento un peso en el estómago al escucharla, son muchas excusas.

Hasta hace una semana, estaba totalmente ilusionado de tener una nueva relación con mi mamá, pero claramente me está evitando. Luego está el hecho de que, hasta ella, a pesar de haber estado internada, sólo bastó una semana para buscar algo que hacer y, por último, aunque su tono fue dulce conmigo, es más que claro que no quiere que la contradiga o insista en ir a verla.

── Claro, otro día será. Te quiero.

Dicho eso, cuelgo. Me quedo un momento para ignorar el nudo que se formó en mi garganta, quizá sólo está cansada para estar conmigo, debo admitir que soy muy molesto.

Antes de entender lo que estoy haciendo, comienzo a llamar aquel número desconocido.

¿Por qué? No lo sabía, estaba volviéndome loco.

Me sorprendo cuando escucho a la operadora aclarar que estoy llamando a un número de Londres, no se me había ocurrido que, al yo hacer la llamada, se me indicaría de dónde provenía.

Como era de esperar, la persona contesta la llamada, sin embargo, no habla.

── No es necesario que hables. ──Aclaro rápidamente para que no sienta ninguna presión── Te pido disculpas, no estoy seguro de quién eres. Una parte de mi quiere creer... ──Guardo silencio── Olvídalo, quizá seas un terrorista y quieras matarme por mí sensualidad prohibida.

Escucho como la otra persona se atraganta, en lo que quiero creer, en una risa.

Aquello me hace sonreír un poco, tal vez no soy tan molesto después de todo.




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