AntÍpodas: Corazones contrarios

CAPÍTULO III

Al principio no se dijeron nada. Se miraron un segundo, y luego, sus ojos se llenaron de recuerdos, y fueron incapaces de mirar más allá del pasado. Ahí estaba, claro, la triste despedida, pero ésta permaneció guardada ante el hormigueo en sus estómagos que les recordaba que, donde hubo amor, luego de un tiempo uno recuerda primero los buenos momentos.

-¿Logan? ¿Logan?

Alguien tuvo que tocarle el hombro a Logan para que reaccionara. Nelly también se sobresaltó.

-¿Logan? ¿no escuchaste tu nombre?-dijo la jefa Kim.

La jefa Kim era la encargada general del proyecto. Con su traje sastre impecable, su cabello recto y su mirada severa, su baja estatura parecía multiplicarse en una presencia imponente, gélida como un trozo de la Antártida en medio de la calurosa sala.

-Lo siento- dijo Logan, aún desorientado por la emoción- ¿necesitan que pase, jefa Kim?

La jefa Kim no pronunció palabra, pero sus ojos eran dagas. Señaló la pantalla, y con su gesto Logan entendió que era un peligro olvidarse del mundo y entregarse a la emoción.

Pero, la emoción era gigantesca, y no solo ocupaba el edificio, sino todo lo que lo había antecedido: los problemas previos, la tensión acumulada del proyecto, la discusión más reciente con los colegas se disolvía en el aire a medida que asimilaba que sí, que la había encontrado de nuevo.

La “N” en su pecho pareció arder por un minuto.

-Bien- dijo una vez que llegó al frente-. Mi nombre es Logan, y soy el segundo a cargo de este proyecto en específico. Como ustedes saben, se trata de un proyecto de mejora en la producción de bolsas de aire modelo 0823, el cual consiste en modificar la eficiencia de la producción introduciendo una estación…

Logan había cambiado muchísimo. Nelly sabía que los años naturalmente habían pasado, pero en su mente extrañamente se habían anclado sus jeans deslavados, su cabello atado sin cuidado, y su cuerpo largo y delgado al que se le sentían los huesos.

El nuevo Logan tenía un cuerpo ejercitado, el cabello prolijo y liso con el flequillo cayéndole por ambos lados de la frente. Su rostro también había madurado: se le había ido la grasa infantil que rodeaba sus mejillas, y su rostro ahora era armonioso, delgado, de expresión seria y sostenido por un cuello ancho y fuerte. Los ojos color avellana le parecían más claros y dulces, adornados por sus largas pestañas. Estaba guapísimo.

Le parecía que su voz también había cambiado. Sonaba más seria, contenida y segura, que la última vez que lo había visto.

-…entonces, la pieza fundamental es el montaje de dicho equipo, para ser enviado a todas las fábricas en el país. ¿Alguien tiene alguna pregunta?

Luego de su discurso, alguien levantó la mano.

-Nos repite su nombre ¿por favor?

-Mi nombre es Logan- respondió, y mirando fijamente a Nelly, añadió-, aunque algunos de ustedes ya me conocen desde hace mucho.

-Gracias, Logan- la jefa Kim volvió a ubicarse al frente-. Yo continúo.

A la par que Logan volvía a su lugar entre la gente apretujada contra la pared, el movimiento de personas abría y cerraba espacios simultáneamente. Nelly, decepcionada, miró como alguien ocupó el hueco que había dejado Logan; sin conocerlo, le pareció la peor persona del mundo.

Entonces, Nelly se percató de una cosa: Logan no paraba de caminar contracorriente. Alguno le dejó un espacio; otro se levantó de su silla. Pero él apenas y alzaba la mano para negarse educadamente, y luego dirigía su mirada de nuevo a Nelly.

Nelly se preguntó si aquella pequeña hazaña había sido por ella. Ya habían pasado tantos años, que soñar con que aún quisiera estar a su lado parecía una ilusión detenida de un hilo.

Él hombre que había ocupado el lugar de Logan le señaló un espacio a su lado, alejado de Nelly, pero Logan abrió un hueco entre el hombre y Nelly y, con una sonrisa, pero con firmeza, se metió entre ambos.

No intercambiaron miradas. La jefa Kim hablaba, pero su voz se alejaba de ellos, y en su lugar quedaba el sonido de su respiración, y el diminuto espacio entre ellos.

Sus hombros chocaron. La cabeza de Nelly le llegaba a Logan a los hombros. Sin saberlo, ambos compartieron en sus recuerdos la misma escena: Nelly recargando su cabeza en su hombro, y Logan recargando la mejilla en ella.

-El líder de este departamento no debe tardar- continuó la jefa Kim-. Él será el encargado de reportarme todo…

Nelly se permitió abrir la puerta de su memoria, y a ella acudieron aquellas escenas que, como sueños, parecían revestidas de detalles que había olvidado: aquella vez, cuando estaban sentados en la escuela, un banco al lado del otro. Ella dejó de escribir porque había sentido una mirada, y lo encontró feliz, observándola, alimentándose de los detalles de su rostro. Ese día, Logan descubrió lo que era el amor.

-Su labor consistirá en liderar y organizar el diseño de…-la jefa Kim continuaba con la perorata que ni Logan ni Nelly atendían.

Nelly acudió a otro lugar en su memoria: después de una presentación de proyectos que había salido mal, Logan le había limpiado con suavidad los brazos de Nelly que habían quedado llenos de pintura de la maqueta que había hecho.

En ese momento, se abrió la puerta de la sala de juntas.

-Por fin- dijo la jefa Kim a una persona detrás de la puerta-. Ahí estás. No sabes lo importante que era que vinieras.

El reflejo de la puerta se clavó por un segundo en Nelly, y la obligó a cerrar los ojos por unos segundos. La entrada del nuevo integrante del equipo provocó que la fila junto a la pared se recorriera y se apretara contra sí.

Un último recuerdo: aquel concurso, improvisado para matar el tiempo, donde Logan, con los ojos vendados, trataba de reconocer a sus compañeros solo tocando las manos.

“Esta mano es de Minjun” había dicho Logan, y con un empujón había alejado al enemigo jurado de su novia en la preparatoria. “Óscar, Lucía, Cassandra”.




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