Antología de Verlomare: Volumen I

En ruinas olvidadas

Afueras de las ruinas de Yharfeim, Región de Allberdam

 

La criatura se retorcía en suelo de forma agonizante, presa de un terrible dolor causado por la enorme lanza de acero que tenía clavada en su cuerpo, atravesándole el pecho de un extremo al otro. Los gritos amenazantes que aquella cosa había hecho hace tan sólo unos momentos se habían convertido en unos gruñidos ahogados y guturales que apenas se lograban escuchar, acompañados de movimientos espásticos y bastante erráticos que hacía de vez en cuando en un esfuerzo desesperado por liberarse, ignorante en su totalidad de que aquella acción sólo agravaba todavía más su deplorable situación, haciendo que varias gotas de sangre de un tono oscuro saltaran de un lado a otro por su forcejeo, manchando y empapando la empuñadura del arma.

A su lado se encontraba una joven de mediana edad que portaba una armadura ligera y algo brillante bajo la débil luz de la luna quien permanecía quieta ahí mismo en donde estaba, limitándose sólo a contemplar a aquella escena en silencio, centrando toda su atención en la criatura moribunda que se retorcía frente a ella y en los movimientos que ésta hacía de forma errática los cuales, a pesar de ser cada vez más débiles y toscos, no se detenían en absoluto.

La chica se encontraba absorta en aquella bizarra imagen, como si la lucha constante de aquel ser violento y sanguinario por liberarse de aquel impedimento la fascinara de una extravagante manera, dejándola absorta en ese espectáculo delirante y haciendo que su cabeza diera muchas vueltas mientras se preguntaba una y otra vez qué era lo que impulsaba tal comportamiento. Dicha intriga inusual que brotaba de su interior hizo que, sin que se diera cuenta, se acercara un par de pasos hacia adelante para poder observar mejor todo lo que ocurría frente a sus ojos.

De pronto, la criatura logró ponerse de rodillas luego de realizar una maniobra casi imposible y de inmediato se abalanzó hacia la joven apenas estuvo al alcance de sus garras, exhalando un fuerte grito iracundo y hambriento mientras daba un zarpazo veloz en el aire en un intento de alcanzar el rostro sorprendido de la chica que había logrado reaccionar a tiempo para echarse hacia atrás y tratar de evitar la repentina arremetida de aquel Afligido que ella creía se hallaba ya incapacitado.

Una lanza de aspecto mucho más pesado que la suya apareció frente a ella por sorpresa, yendo a gran velocidad hacia la cabeza del atacante empalado, atravesando su cráneo con un poderoso golpe que hundió su rostro deforme hacia el interior, produciendo un sonido mojado y quebradizo que cesó todo movimiento de inmediato, dejando a la vista varias líneas de sangre que escurrían desde la nueva abertura, acompañadas de pequeños trozos de carne y hueso desperdigados.

  • ¿Qué se supone que haces, Liria? ¡Te dije que no te alejaras del grupo! - Una voz grave y con tono de reprimenda la sacó de forma abrupta de entre sus pensamientos y divagaciones, regresándola a la realidad y haciendo que agitara un poco su cabeza, volviendo del trance en el cual se había sumergido hace un instante - ¿Acaso estás perdiendo el tiempo en tus desvaríos otra vez? Ay niña, por los Dioses…

Se trataba de Korben, el encargado de su grupo y la persona que la había entrenado a ella y a sus demás compañeros para poder desenvolverse de forma eficiente en combate.

Era un hombre de gran estatura y complexión fuerte de ya varios años. Llevaba encima una armadura parecida a la de ella, pero de un aspecto más pesado y de tono mucho más oscuro debido a la sangre que se había impregnado a lo largo de los años tras combatir en incontables ocasiones en contra de las criaturas y aberraciones creadas por la Plaga de Sangre.

  • No puedo ir a salvarte cada vez que te distraes, ¿Acaso quieres terminar cómo yo? - Le preguntó, haciendo un gesto con su mano para señalar el parche que cubría su ojo derecho, el cual había perdido en un descuido suyo hace una década atrás, adornado ahora esa parte de su rostro con una enorme cicatriz que se le extendía hasta la mejilla.

La joven lo miró por unos segundos apenada, bajando un poco su cabeza y ofreciéndole una disculpa bastante sincera, ocultando su rostro que se había puesto algo rojo por la vergüenza.

  • L-lo siento mucho, señor Korben. Le prometo que no volverá a suceder - Balbuceó.
  • Las promesas no me sirven muchacha, las acciones hablan por cada uno de nosotros - Le dijo, dirigiendo la vista hacia varias direcciones, cómo si buscase algo entre las viejas ruinas de aquel pueblo abandonado y olvidado hace ya varios siglos - Necesito que te mantengas alerta en todo momento, quién sabe qué otras cosas acechan por estos lares.

Liria lo miró un tanto desconcertada, dejando que una expresión de duda se apoderase de ella junto con un ligero temblor que le recorrió la parte baja de su espalda y le subió hasta la nuca.

  • ¿H-hay algo más aquí además de los Afligidos, señor? - Exclamó, tragando un poco de saliva y viendo asustada hacia cada lado suyo mientras dejaba que su cabeza le jugara malas pasadas con cualquier pequeño ruido que se oyera a lo lejos entre las sombras.

Korben la miró por unos segundos y se apresuró a sacar ambas lanzas del cuerpo inerte del Afligido que ahora yacía inmóvil en el suelo bajo un enorme charco carmesí, blandiéndolas en un fuerte abanico en el aire para limpiar un poco la sangre que se había quedado impregnadas en ellas, en especial en el arma de la joven.

  • No lo sé con certeza, pero prefiero reunirme con el resto del grupo antes de averiguarlo - Le dijo mientras extendía el brazo para entregarle su lanza a la chica y evitar que estuviera desarmada por más tiempo estando en aquel lugar peligroso y desconocido.

La joven dudó por un breve instante, pero rápidamente alejó las dudas que asolaban su mente y se apresuró a tomar su arma, le dio las gracias a su maestro y emprendió la marcha para encontrar a sus demás compañeros cuanto antes, vigilando cada rincón por si algo decidía salir arrastrándose de entre los restos viejos y olvidados que yacían en silencio a su alrededor, los únicos vestigios que quedaban de aquel pueblo sin nombre cercano a la vieja y olvidada ciudad de Yharfeim.




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