Aparentemente Ella

Capítulo 24

Estaba recostada en el barandal del balcón, mirando cómo se formaban las nubes espesas de una nueva tormenta. Últimamente llovía mucho. El frío hizo que se me erizaran los vellos del cuerpo. Además de esto, otro aditivo de los "últimamente" era mi recurrente insomnio. Estúpidas pesadillas, si tan solo ellas tuvieran tarjeta de crédito para comprarme unos pepinos. ¿Qué? ¡Grecia me forzaba! Acabaría con mis ahorros universitarios en menos que canta un gallo. Cuando tenía tiempo de ocio, lo invertía haciéndole recados a Bertha para la cocina, soltaba los dolaruchos y era feliz guardándolos, eso sin contar lo relajante que era pasear en el Wrangler de Elliot; incluso si solo iba al supermercado. Elliot me daba propinas por llenar el tanque del todoterreno, comprarle cinta para Cece y traerle Slurpees. Tan fácil de complacer.

Le había copiado al tío de Elliot, el comandante Hugh Bell, para saber si había cruzado palabras con mamá. Me respondió luego de dos horas, ella tenía mucho sin ir al bar que solía frecuentar y solo mi antigua vecina la había visto un par de veces. Se lo agradecí. Vale, quizás finalmente huyó con uno de sus pretendientes furtivos. Así que, de alguna manera, como yo sospechaba, le hice un favor gigantesco. Él y yo hablamos un poco más, nos llevábamos bien en general, me contó que estaba volviéndose loco buscando unas esposas que le pertenecían a un compañero de trabajo y estaba seguro de haberlas dejado en su auto. ¡Como si a los objetos les salieran patas, Pado! Escribió cómicamente, su hijita Grace me llamaba Pado o Padoda. Les mandé saludos a ella y a su madre. Me encantaba esa familia.

Faltaban tres días para el dichoso baile. Seguía sin agradarme la idea. Pero prometí hacerlo por él. Había colaborado con la decoración en toda su extensión, flores y más flores; faroles de luz dorada y rosada, manteles, copas y demás artefactos hechos de cristal. ¡Los de bioquímica consiguieron un dj de los buenos! Randy, creo que ése era su nombre. Tardamos dos semanas cargando cajas de un lado a otro, organizando la estructura de la apariencia, ansiábamos impresionar. Oxford, Harvard y la de Virginia. Nuestros famosos visitantes. Pensar en el día me causaba más emoción de la que dejaba entrever, conocer a tantas personas podía ser sugestivo y genial. Carajo, no lucía tan mal ahora la idea.

Sí, lo sé. ¿Yo organizando una fiesta? No terminaba por creerlo.

Terminó siendo algo contemporáneo, por así decirlo. Había ciertas áreas del Campus donde residía un estilo romántico, gracias a la antigüedad y belleza de las estructuras circundantes y por ello todo se llevaría a cabo allí. Se formó un gran dilema para decidirlo. Algunos querían usar la cancha de básquetbol y se descartó por lucir muy anticuado para la ocasión, otros propusieron un auditorio y se desechó por el poco espacio, luego uno de mis compañeros de clase; Roman, el chico yoga que deduje caminaría mejor en tacones que yo, sacó a relucir el Campus y ¡pressto! Todos se enamoraron de la idea.

Por lo menos mi estrés ya había acabado.

¡Mierda!

El vestido. No fui de compras con Grecia, la había evitado, siempre sacando una excusa. Hacerle la vista gorda para siempre sonaba seductor...; mañana iría con ella a ese superficial lugar. Ugh.

Las clases me tenían sin cuidado, demasiado fáciles para ser verdad o quizá solo significaba que las noches de estudio en la residencia recluyeron millones de mis neuronas como a un ejército militar y todo se hallaba pre grabado como un código genético. Elliot y su salud iban mucho mejor. Resultó tener un defecto genético, por el cual su bidirru... bilirruni... ¿Cómo iba? ¡Ah! Bilirrubina, creo que así se llamaba, se elevaba sin motivo alguno. No había tratamiento específico, sin embargo no era algo grave. Eso logró tranquilizarme.

¡Y Grecia cantaba! Así que no se nos dificultó encontrar una vocalista adicional para la fiestecilla. Y según ella, lo haría por mí; haciendo todo lo que estuviese en sus manos para dejarnos bien parados. Era tímida, al menos en ese aspecto; porque cuando hablábamos de amor o aventuras era la primera en apuntarse. Estaba loca. Tanto o más que yo, solo que de una manera diferente. Mediante facetime conocí a sus padres, que eran más mayores de lo usual y de inmediato comprendí el por qué Grecia era su única hija. Aseguraron que tras la visita de Elliot y Grecia se quedaron con todas las ganas de saber quién era la mejor amiga de su solesito puesto que el novio estaba más que aprobado, el apodo me causó gracia y la molesté durante días con ello. Les prometí ir de pasada alguna vez, los tres iríamos y sino, ellos podrían viajar hasta aquí.

Acomodé el audífono que se había desprendido de mi oído, perdiéndome en la letra de Animals, una canción de Maroon 5 que me recordaba mucho a Mason y a mí. Solo que todavía no he logrado devorarlo, pensé con diversión.

Baby I'm preying on you tonight
Hunt you down eat you alive
Just like animals
Animals
Like animals

Maybe you think that you can hide
I can smell your scent for miles
Just like animals
Animals
Like animals
Baby I'm

Tarareé sin parar, aceptando cada palabra, como si me cantaran mis sentimientos. Un rayo cegó mi visión, el estruendo resonando incluso a través de las ondas musicales. Ya era hora, las gotas comenzaron a caer, estaba fascinada por el aspecto abstracto del cielo. Una niebla inundó todas las áreas de la ciudad que eran visibles para mí, los rayos adornaban la espesura grisácea que predominaba allá arriba. Qué bien se estaba así.

Un golpe contra la pared provocó que me estremeciera. Miré en todas las direcciones posibles, sin encontrar nada. Me quité los audífonos, arrojándolos luego en la banca. He ahí la entrada de mi adrenalina, descargándose en mi torrente sanguíneo estrepitosamente.



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En el texto hay: humor amistad, suspenso amor dolor, amornotoxico

Editado: 03.12.2021

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