Aparentemente Ella

Capítulo 25

POV'S EMILY

La realidad parecía tan lejana. Intenté de todo por abrir mis ojos, mover un dedo, incluso musitar algún sonido. Nada funcionó. Mi cuerpo parecía no estar de ánimos para responder a mis órdenes. Esta situación comenzaba a irritarme. Me resulta incómodo estar quieta por tiempo prolongado.

Bueno. ¿Qué hacía? Sería genial esperar a que una especie de divinidad celestial me sacase de ese infierno quimérico al que llaman coma. Puede que no suene creíble... Escuchaba las voces de mi entorno. Recordaba el destello de una investigación que leí de pasada el otro día ¡era posible!

Me sentía un poco culpable. Debí haberme concentrado más. Caí de una manera tan horrible que tan solo recordarlo me provocaba dolor. Hubo algo... Alguien me distrajo. O mejor dicho llamó mi atención de una forma indirecta, una mujer rubia que bien podría ser una vagabunda, jamás la había visto.

Intentaba hacer una técnica nueva, la cual implicaba tres giros en el aire. Complicado para alguien de mi edad, pues a esas alturas aun no alcanzaba mucha destreza. Solo que tenía que intentarlo, no iba a quedarme de brazos cruzados viendo como todas lo hacían ¿no? No me rendía fácilmente. Soy una niña. Pero muy capaz.

Y cualquier inepto que me probara se llevaría una gran sorpresa. Mi nombre es Emily Hale y no me rompo ante nadie.

Volviendo a lo de la mujer... Fue un poquito extraño. Había llegado de la nada a mi gimnasio de entrenamiento, fue a las cinco de la tarde pues era luego de la escuela. Se sentó durante toda la sesión, que oscilaba entre una o dos horas, a observar como un zombi. La califiqué como espeluznante casi de inmediato. Había decidido ignorarla, solo que no pude. Su punto de mira era yo, lo corroboré luego de media hora. No me quitaba el ojo de encima y empezaba a asustarme.

Recuerdo que en ese momento me determiné a intentar la acrobacia, tenía los pelos de punta, si tenía algún nivel de concentración lo había perdido totalmente. Antes de ejecutar la técnica, la miré de reojo, sus ojos se intensificaron, atravesándome. Como si estuviera pensando qué hacer conmigo. Algo dentro de mí titubeó y perdí la noción de mi calma. Aparté mi rostro tembloroso y lo fijé en mi objetivo.

Corrí. Antes de saltar cometí el error, típico de novata, de mirar hacia donde estaba ella. Y simplemente pasó. De un momento a otro, todo era oscuridad...

*Narrador Omnisciente*

Paola llegó junto a Mason al hospital, sus manos entrelazadas en muestra de unión, ella seguía encendida por lo que tuvo lugar bajo la lluvia. Comenzaba a pensar que la lluvia significaba algo bueno y malo. Pues siempre llovía en este tipo de situación. Se sentía culpable, aunque esto no tuviese sentido, esa emoción la embargaba. Él estaba clamando que su sobrina estuviera en buen estado. Ya se sentía una mierda por dentro. No había sido su propósito hacer que Paola se sintiera de ésta forma, solo que necesitaba apoyo. Y fue la primera que llenó su mente.

Atravesaron los pasillos, dándose miradas perdidas de vez en cuando, con intención de decir algo pero ambos apartaban su mirada intentando no romperse a llorar ahí mismo. De nuevo.

Finalmente hallaron el camino a la dichosa habitación. Él le echó un vistazo a ella antes de posar su mano en la perilla. Paola sudaba como si corriera una maratón. Se guardó su sonrisa para sí mismo, apreciaba que ella se preocupara.

La chica no pudo con la ansiedad y se adentró primero. Encontrando a cuatro personas allí. Tres de su empatía (Elliot, Grecia y Heather) y una restante a la cual veía por primera vez.

Una chica. Un tanto mayor que ella y de cabello negro. Sus ojos azules árticos se sentían familiares. Tendría la edad de Mason aproximadamente, o un poco menos, pensó. Era bajita.

Pudo apreciar como él se estremeció repentinamente. Su rostro denotaba haber visto un fantasma.

¿Quién era ella?

—Lidia —gruñó el hombre irritado por verla aquí después de tanto tiempo. La recién llegada por otro lado, lucía encantada.

— ¡Cariño! Finalmente has llegado... ¿Quién es ésta?

Paola automáticamente quiso asestarle un golpe. Sí. Un moretón en esos ojos le haría muy bien. No pudo evitar sentir aversión hacia ella.

—No ésta. Ella. Es mi novia, Paola. —Murmuró él por lo bajo con claro desagrado en su tono de voz. Le dirigió una mirada a su madre que lo dijo todo.

¿Qué hace aquí?

Heather se encogió de hombros disculpándose con sus ojos ámbar. A ella no le apeteció discutir con la chica cuando apareció de la nada. Estaba muy preocupada como para desperdiciar su tiempo con una crisis de adulta inestable.

Lidia emitió un sonido que fue lo más cercano a la indignación. Pasó su mirada por Paola de arriba a abajo, como si tuviese que medir competencia. Eso a Paola no le gustó para nada.

— ¿Me cambias por ésta? —inquirió ofendida con los brazos puestos en su cintura en una expresión de 《No lo puedo creer》.

—Tú eres pasado. Pasaste a la historia. Hablas como si siguiésemos juntos. Pero por dios... Hazte un favor y deja de humillarte —exigió él en un intento de deshacerse de ella—. Podríamos ser amigos, Lidia.

Su novia se aferró a él en un gesto posesivo, el hombre sonrió por ésta acción. Lidia observó esto con mucha frialdad.

— ¿Realmente crees que he dejado de quererte? Te extraño, Mei. ¿Tú no extrañas lo nuestro?

El escuchar ese ridículo apodo finalmente lo sacó de sus casillas.

— ¡Fuera de mi vista y de mi vida de una vez por todas! No soporto más esto, creí que todo estaba claro entre nosotros; entonces ¿a qué viene esto? Ten dignidad —replicó de mala gana—. Y solo para que lo sepas... Ningún hombre se quedará a tu lado si continúas etiquetándolos con esos apodos de mierda. —Soltó cruel tanto como realista. Odiaba tener que hablarle así.



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En el texto hay: humor amistad, suspenso amor dolor, amornotoxico

Editado: 03.12.2021

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