—Es un perfecto momento para practicar mis choques —dije con sorna, mi voz resonando entre las sombras que se alzaban alrededor de nosotros. Mi cuerpo estaba cargado de energía, mi alma hirviendo por la lucha que se avecinaba. La lluvia empezaba a caer con fuerza, mezclándose con el sonido de los truenos, mientras los demonios me observaban con ojos fijos, listos para destrozarme.
Comencé a crear rayos en el cielo, alzando las manos al aire con una concentración total. Mi pulso se aceleró y mis músculos se tensaron mientras avanzaba hacia ellos. El aire a mi alrededor crujía por la electricidad que había liberado. En un abrir y cerrar de ojos, me lancé hacia uno de los demonios, tocando su hombro con rapidez y, al instante, canalizando una descarga eléctrica directa a través de su cuerpo. El rayo cayó con una furia impresionante, golpeándolo con tal fuerza que lo arrojó al suelo, haciendo que se arrodillara y dejara escapar un desgarrador grito de dolor. El sonido de su garganta siendo destruida por la electricidad resonó como una sinfonía macabra, y mi sonrisa se ensanchó por un segundo, saboreando la victoria momentánea.
Pero no me detuve. Con el impulso, giré en el aire y me lancé hacia otro demonio. Vi su mirada de sorpresa antes de que mi pierna lo impactara con fuerza en su pecho, lanzándolo hacia atrás como una pelota de tenis. El impacto lo hizo retroceder varios metros, pero no me detuve ahí. Mientras giraba en el aire, lancé otra patada que lo alcanzó directamente en la cara. La fuerza de mi golpe fue tal que su cabeza se sacudió violentamente, su cuerpo fue lanzado aún más lejos, estrellándose contra el suelo con un estruendo sordo.
El demonio que había quedado electrocutado se desplomó al suelo, y el silencio se apoderó del campo de batalla por un instante. Pero algo no estaba bien. El suelo comenzó a moverse, vibrando bajo mis pies con una fuerza aterradora. Miré al tercer demonio, que tenía las manos en el suelo. Con cada movimiento de sus dedos, una grieta comenzaba a abrirse entre el inframundo y este plano, dejando escapar una corriente de almas malditas. No podía permitir que eso sucediera. El tiempo estaba en mi contra, pero no podía dejar que abriera la brecha que podría destruir todo.
Mis manos se movieron rápidamente, un susurro de poder pasando por mis venas mientras tocaba el suelo con decisión. Al instante, gruesos trozos de hielo comenzaron a formarse desde mis dedos, extendiéndose hasta alcanzar los brazos del demonio. El hielo lo envolvió con rapidez, pegando sus brazos al suelo, evitando que pudiera continuar con el ritual. Su grito de frustración se unió al sonido de las grietas que se cerraban. No iba a dejar que el inframundo se desbordara aquí.
Sin embargo, mi agotamiento comenzaba a cobrar factura. A pesar de haber curado la fractura anterior, mis energías aún no se habían restaurado completamente. La teletransportación y la manipulación del tiempo me dejaban desorientada, como si mi cuerpo estuviera luchando por encontrar su equilibrio. Y el choque eléctrico que había lanzado al demonio me había quemado las manos, dejando mis palmas marcadas por el daño. La mezcla imprudente de electricidad e hielo hizo que mis manos empezaran a arder, pero no podía darme el lujo de flaquear ahora.
Jadeé, mi respiración se volvía cada vez más pesada. Mis piernas temblaban, y cada movimiento se sentía como si arrastrara un peso invisible. El dolor se extendía por todo mi cuerpo, pero lo aguanté, no tenía opción. Necesitaba ganar esta batalla. Los demonios no se detendrían por nada.
Un golpe brutal me sacó de mis pensamientos. Fue como si una pared de concreto me hubiera impactado. Mi cuerpo fue arrastrado por el suelo, rebotando tres veces antes de que el dolor me llegara en forma de una ola. Toda mi ropa se rasgó, y sentí cómo la piel de mi espalda se desgarraba. El demonio que quedaba libre había lanzado el golpe, y su fuerza era inhumana. Me costó respirar, el aire escapaba de mis pulmones con dificultad.
—No puedes ganarnos —su voz resonó con una fría arrogancia, mientras me observaba desde su posición, acercándose lentamente.
Mi respiración se volvía cada vez más errática. El tiempo parecía ralentizarse. No tenía energía, y sabía que no podría seguir mucho más tiempo. Detener el tiempo, incluso por unos segundos, era un poder que drenaba por completo mis reservas. Mis piernas no respondían. El demonio que estaba sobre mí aprovechó mi debilidad, y con un movimiento rápido, me dio una patada certera en la columna.
El dolor fue insoportable. Un grito se escapó de mis labios mientras sentía cómo mis costillas se quebraban bajo la presión. Me desplomé contra el suelo, mi cara y cuerpo aplastados contra el frío concreto. El demonio me mantenía inmóvil, pisando mi columna con fuerza, restregando su pie sobre mi espalda como si fuera una simple molestia.
Las lágrimas brotaron de mis ojos por el dolor intenso, el miedo y la frustración. Mi respiración era cada vez más entrecortada, y sentí que mi cuerpo se apagaba poco a poco. Estaba perdiendo la batalla. No podía rendirme, pero no encontraba cómo liberarme de su presión. Sentí cómo la desesperación comenzaba a calar en mis huesos.
Pero entonces, un rayo de esperanza se encendió en mi interior. Mis dedos se aferraron al suelo con desesperación, y en un último esfuerzo, utilicé toda la fuerza que me quedaba. Al instante, enormes raíces comenzaron a brotar del suelo, extendiéndose por el campo. Atravesaron los cuerpos de los tres demonios, levantándolos en el aire mientras los atravesaban con su poder brutal. El suelo temblaba bajo mis pies, pero no me detuve. El dolor era insoportable, pero mis raíces los mantenían firmemente en su lugar.
Con un grito agotado, subí mi mano hacia ellos. Mi visión se nublaba por las lágrimas, y mi energía ya estaba al límite, pero no podía dejar que los demonios siguieran causando estragos. Cerré los ojos, concentrándome, y con un último destello de poder, los quemé. El fuego de mi magia consumió sus cuerpos, dejando atrás solo el aroma a putrefacción que emanaba de su carne quemada.
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Editado: 12.04.2026