Sonreí al ver a Connor dormido plácidamente en el sofá, su rostro relajado, casi angelical, algo que me sorprendía ver en alguien como él. La suave luz de la mañana iluminaba su rostro, creando una atmósfera tranquila, casi perfecta. Reí, un sonido bajo y suave, cuando escuché una voz conocida a mi lado.
—Llega hasta la gente como la gente normal, me va a dar un infarto —me quejé, sintiendo un sobresalto al ver a Garret tan cerca. Él sonrió, y eso me hizo fruncir el ceño.
—Lo siento —respondió con una risa nerviosa.
Garret, siempre Garret. Era el tipo de hombre que, si lo veías desde cualquier ángulo, sabías que era atractivo, y por alguna razón, todos se sentían atraídos por él. No podía decir que no lo era, pero para mí, esa atracción no significaba mucho. A su manera, Garret tenía algo que provocaba que los demás lo miraran y suspiraran. Su sonrisa, con esos pequeños hoyuelos que se formaban en sus mejillas, sus ojos, un contraste de verde y azul, como si ambos colores se pelearan por dominar su mirada. El cabello castaño oscuro, la piel pálida, y esos labios, rosados y carnosos, con esa mirada que decía mucho más de lo que las palabras podían expresar. Pero, de alguna manera, no me afectaba tanto como a las demás.
Lo observé un momento mientras me levantaba del sillón y me acercaba a él. No iba a admitirlo, pero la sensación de estar cerca de él, siempre tan confiado, me incomodaba de alguna manera. ¿Por qué me molestaba tanto? Garret se mantenía en su constante actitud de "chico malo", que parecía tener todas las respuestas, pero nunca me decía lo que realmente quería saber.
—¿Ahora me dirás la verdadera razón por la que estás aquí? —le pregunté, mirando una vez más a Connor, ese licántropo hermoso que dormía plácidamente.
—Te ayudaré a entrenar —dijo Garret con tono serio, alejando mis pensamientos de Connor. Mis cejas se alzaron en una expresión de sorpresa.
—¿Cómo así? —dudé, sintiendo que algo no cuadraba.
—Así es, tus poderes se están descontrolando, y a veces detienes el tiempo sin darte cuenta. —Me miró fijamente, con una expresión que nunca había visto en él. —Te estás acostumbrando demasiado rápido a ellos, y eso es peligroso, ya empiezan a dudar de ti...
—Y ahora solo falta que te enamores de mí —bufé con sarcasmo, cruzando los brazos. El rubor que apareció en su rostro fue casi imperceptible, pero lo vi. —Para que carajos hable... —murmuré, no queriendo profundizar en ese tema que absolutamente no quería saber. No quería saber qué pensaba Garret, ni si de alguna manera todo esto tenía algo que ver con nosotros.
—Vamos a entrenar —dije sin ganas, girando hacia la puerta, sin mirar atrás. Connor seguía dormido, ajeno a todo lo que sucedía, pero algo en mi pecho me apretaba al verlo allí. Me sentía incapaz de estar cerca de él, sabiendo lo que había perdido.
Salí de la cabaña, y al instante me di cuenta de que estaba nevando mientras llovía. Ambas cosas caían sobre mí, empapándome de inmediato.
—Es increíble cómo tu estado de ánimo es tan caótico a veces —comentó Garret, mirando hacia el cielo, como si la tormenta le hablara más que a mí.
—Lo sé, lo odio —respondí, agitando mis manos en el aire, disipando las nubes para que los rayos del sol pudieran filtrarse a través de ellas, aunque la tormenta seguía siendo fuerte.
Me mojé completamente al salir de la cabaña, sin importarme que la lluvia empapara mi ropa. El frío y la lluvia parecían calmar la furia que sentía en mi pecho, pero solo un poco. Algo en mí seguía roto, y no sabía si alguna vez podría repararlo.
—Gracias —murmuró Garret, su voz baja y sincera. Miré sin entender, esperando que explicara más. —Por haber salvado a todos.
Asentí con una mano, restándole importancia a sus palabras. No me importaba lo que pensara.
—Solo que Dios se dio cuenta de ti por esa pelea, al igual que la Diosa Sangre, y ahora debe saber Selene... —siguió, pero yo me encogí de hombros.
—Como sea —dije con indiferencia, aunque por dentro una parte de mí temía lo que eso significaba. No me gustaba ser el centro de atención de esos dioses, especialmente de Luna.
Comencé a practicar los choques eléctricos bajo el agua, sintiendo cómo la corriente se desbordaba alrededor de mis manos. Garret se metió en el agua conmigo, la corriente fría chocando contra mi piel, y la profundidad del agua me llegaba hasta el pecho. A él, a la mitad de la cintura.
Lo observé de reojo mientras él comenzaba a hacer lo mismo, pero pronto me distraje. Necesitaba practicar más. Necesitaba concentrarme. Pero entonces, sentí algo raro en el aire. Una pequeña risita detrás de mí hizo que la piel se me erizara.
—Eres incluso más linda de lo que esperaba —dijo Garret cerca de mí. Estaba tan cerca que su aliento acariciaba mi nuca, y eso me hizo tensarme al instante.
—¿Se puede saber por qué dices eso? —pregunté, intentando ocultar mi incomodidad. Mi respiración se volvió entrecortada, pero no quería que se notara.
—Eres la mujer perfecta, niña —dijo él, acercándose más y pegando su pecho en mi espalda. La incomodidad que sentí hizo que me riera, negando con la cabeza.
—Mi mujer perfecta —agregó, y su tono cambió. Se acercó más, lo suficiente para que su aliento se mezclara con el mío. Me hizo tragar saliva. —Solo que Selene no sabía quién eres tú, y te emparejó con ese licántropo idiota...
Sus manos rodearon mi cintura, y esa cercanía me hizo sentirme atrapada. Quería apartarme, pero algo en mi interior me lo impedía.
—Tardaste demasiado en aparecer, te creé para mí, no para arreglar ese desastre que causaron los dioses. Tú eres esa mujer perfecta para mí, por eso te di mis poderes y más... —Sus palabras me golpearon como un puño, y mi mente empezó a nublarse.
De inmediato, quité sus manos de mi cintura y regresé el tiempo a la normalidad, el flujo de la realidad volviendo a su curso. Me alejé de él, sintiendo que mi cuerpo y mente se rebelaban.
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Editado: 12.04.2026