Apartada Para El Alpha ( I I Libro )

Capitulo 28: "solo puedo pensar en ti..." (parte uno)

"Es irónico cómo, cuando el mundo te exige ser fuerte, es cuando más te quiebras por dentro."

Fumiko Ibars

Luego de ese incómodo momento en el lago con Garret, regresé a la cabaña con una sensación de malestar que no lograba sacudirme. El frío del agua aún calaba en mi piel, pero era el dolor persistente en mi hombro lo que realmente me inquietaba. Aunque había tratado de curarme, las secuelas de las heridas aún marcaban mi cuerpo, como cicatrices invisibles, pero pesadas, que se resistían a desaparecer. Mi mente estaba igualmente afectada, atormentada por las emociones encontradas. No solo estaba agotada físicamente, sino también psicológicamente. Aquellas palabras de Garret, la cercanía de su presencia, las decisiones que me acechaban... todo eso me asfixiaba.

Cuando llegué a la cabaña, Garret se quedó en la sala. Apenas entramos, se dejó caer sobre el sofá, y aunque intentó parecer indestructible, pronto lo vi dormido, su respiración tranquila, como si el mundo se hubiera desvanecido para él. Connor, en cambio, seguía allí, al pie de la cama, como siempre. Pero ni la paz de su presencia ni la familiaridad de su compañía lograban calmar la tormenta interna que me envolvía. Al verlo, algo en mi pecho se aprisionó. Sabía que en el fondo, no podía estar con él. Ni siquiera si quisiera. No ahora.

Suspiré profundamente y me dirigí al baño. Necesitaba despejar mi mente. Al cerrar la llave de la ducha, una corriente de aire frío me recorrió la piel empapada. Me envolví en la toalla, intentando disipar la sensación de agotamiento. El agua goteaba de mi cabello, empapando la toalla que cubría mis hombros. Caminé hacia el suelo frío de cerámica, y mi pie derecho hizo contacto con él, provocando un estremecimiento. A pesar del agotamiento, me detuve un momento, disfrutando de esa frialdad, de cómo la cerámica me despertaba, me anclaba a la realidad. El frío del suelo era reconfortante, una especie de alivio para mi mente, aunque mi cuerpo seguía pidiendo descanso.

Respiré hondo y, al salir del baño, vi a Connor en su habitual lugar, al pie de la cama. Dormía tan pacíficamente, tan ajeno al caos en mi interior, que un leve suspiro escapó de mis labios. Sus orejas grises se movieron levemente, como si percibiera algún sonido, y sonreí sin querer. Aunque sus orejas me parecían tiernas, la presión sobre mi pecho no se aliviaba. Todo parecía seguir su curso, pero yo... yo no sabía hacia dónde me dirigía.

Me acerqué al clóset y comencé a vestirme. Al principio, simplemente elegí algo sin pensar demasiado en ello. Me puse un sostén azul, unas bragas de encaje del mismo tono, y luego envolví mi cabello en una toalla para secarlo. Pero mi mente seguía dando vueltas a lo sucedido. A las palabras de Garret. A su cercanía, tan insostenible para mí. A sus ojos, tan intensos, que me hicieron dudar de todo lo que conocía. Y a la incertidumbre que me ahogaba. Estaba tan cansada, físicamente agotada por las batallas que libraba a diario, pero más aún por las emociones que se arremolinaban en mi interior.

Cuando finalmente me dejé caer en la cama, dejé que la toalla permaneciera sobre mi cabeza. Cerré los ojos, buscando un poco de paz, pero mi respiración seguía acelerada, mi cuerpo frío a pesar de estar bajo las mantas gruesas. Intentaba concentrarme en el calor que me rodeaba, pero la sensación de frío era más profunda. Se instalaba en mi piel, en mis huesos, y se filtraba en mi alma. El cansancio me envolvía, pero el frío persistía, como si fuera una sombra invisible que no me dejaba en paz. Mis dientes empezaron a castañear de a poco, y el malestar se volvió aún más palpable. Me hice bolita bajo las mantas, como si intentara encontrar algo de consuelo en la oscuridad que me rodeaba.

De repente, escuché pasos apresurados en el pasillo. Una puerta se abrió, y una figura se acercó rápidamente a mí. Mi cuerpo tembló aún más, y mis dientes continuaron castañeando. La manta se apartó de mi cuerpo con un tirón, y me quejé sin poder abrir los ojos, buscando inconscientemente el calor que se desvanecía. La mano de alguien, que reconocí como la de Garret, se posó en mi frente. Su contacto era cálido, pero no podía escapar del frío que me envolvía por dentro.

—Tienes fiebre —dijo con voz baja, alarmada. Mi cuerpo reaccionó a su cercanía, pero las fuerzas me fallaron. Todo se sentía borroso, sin claridad. Mis quejidos aumentaron mientras me alzaba en sus brazos. Estaba tan agotada que no podía ni siquiera sostenerme. Quería cubrirme del frío, pero no tenía fuerzas para hacerlo. El peso de mi cuerpo se desplomó, y en un abrir y cerrar de ojos, Garret me cargó y me llevó a otro lugar. Apenas podía abrir los ojos, el cansancio era mucho para mi cuerpo, pero el instinto me decía que debía confiar en él. No podía pensar con claridad. Todo lo que quería era descansar.

Finalmente, mi cuerpo fue dejado en una superficie fría, y pude sentir el agua tibia que se derramaba lentamente en la bañera. Mi cuerpo, casi inmóvil, empezó a relajarme, y el calor me envolvió poco a poco. Mi respiración se calmó, y la sensación de frío se fue disipando, pero la opresión en mi pecho seguía ahí, sin desaparecer. Garret estaba cerca, murmurando palabras que no lograba comprender del todo.

—Estarás bien —susurró, dejando un beso en mi mejilla—. Yo te cuidaré.

Pero mis pensamientos ya no eran claros. El calor del agua me envolvía, y mi mente comenzó a vagar. La inconsciencia comenzó a tomarme, como si finalmente mi cuerpo hubiera decidido que ya no podía seguir luchando. No me importaba lo que pasara. Ya no podía más.




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