Apartada Para El Alpha ( I I Libro )

Capitulo 30: "solo puedo pensar en ti..." (parte tres)

Me desperté de golpe, mi respiración errática y acelerada, como si mi corazón intentara escapar de mi pecho. Mi cuerpo estaba empapado en sudor frío, y mi mente aún atrapada en los ecos de un sueño que parecía haber sido demasiado real. Sentí cómo la cama crujía al moverme y, al girar, vi a Garret a mi lado. Su expresión estaba cansada, y aunque sus ojos aún mantenían esa chispa que tanto me tranquilizaba, había algo en su postura que denotaba el desgaste de los días pasados. Su ropa era la misma de antes, un conjunto cómodo de pantalones oscuros y una camiseta que parecía ser la única que había tenido tiempo de ponerse mientras cuidaba de mí.

—¿Estás bien? —su voz suave y preocupada cortó el aire pesado que había quedado en la habitación. Lo miré, todavía confundida, y luego bajé la vista hacia mi cuerpo. Me encontraba cubierta con una pijama celeste de flores, el tejido liviano sobre mi piel, una sensación reconfortante en contraste con el caos que sentía por dentro.

—Creo... creo que sí —respondí, dudosa. Mi voz sonaba aún a medio despertar, como si no pudiera encontrar un punto fijo para aterrizar. Garret sonrió levemente, su rostro suavizándose, y se levantó de la silla donde se había quedado. Me acercó con paso firme y, con la delicadeza de quien cuida algo muy frágil, apartó un mechón de cabello de mi frente.

—Ya no tienes fiebre —dijo, calmado. Me quedé mirándolo, aún sin entender bien lo que pasaba. Mis pensamientos estaban dispersos, mi cabeza aún envuelta en las imágenes del sueño.

—¿Qué ocurrió? —pregunté, mi respiración comenzando a calmarse, como si mis pulmones poco a poco volvieran a encontrar su ritmo. Mi cuerpo, antes pesado y dolorido, ahora parecía estar en su lugar, como si el malestar nunca hubiera existido. —¿Cuánto dormí?

Garret suspiró suavemente, una ligera mueca de cansancio en sus labios, como si estuviera aliviado pero preocupado a la vez.

—Enfermaste y dormiste tres días —explicó, su tono tranquilo, casi como si fuera algo natural. Connor, al escuchar nuestras voces, saltó a la cama y se lanzó hacia mí, acomodándose en mi regazo como un cachorro que busca consuelo. Lo acaricié con suavidad, mis dedos recorriendo su pelaje suave mientras él ronroneaba contento—. Necesitabas descansar y no obedeciste —continuó Garret, con una ligera sonrisa en sus labios. —Me alegra que estés mejor. Si necesitas algo, me lo dices.

Asentí, sin poder articular más palabras, mientras veía cómo Garret se dirigía hacia la puerta. Mi mente aún vagaba en el sueño, pero intentaba anclarme a la realidad. Cuando la puerta comenzó a abrirse, una sensación extraña me impulsó a llamarlo.

—Garret —dije, sin verlo, pero con la voz cargada de una gratitud que no sabía cómo expresar.

—Dime, linda —respondió, deteniéndose en su lugar.

Lo miré, buscando las palabras adecuadas para agradecerle por todo lo que había hecho por mí, por estar allí cuando más lo necesitaba.

—Gracias por cuidarme —dije finalmente, mis ojos encontrándose con los suyos, sintiendo una paz momentánea.

Garret sonrió, un gesto cálido que hizo que mi pecho se aligerara un poco más.

—No es nada —respondió, como si cuidar de mí fuera lo más normal del mundo. —Cuando estés lista, sal a comer.

Asentí nuevamente, y él salió del cuarto, dejándome sola con Connor. El gato, como siempre, era mi refugio. Su ronroneo constante me daba una sensación de calma, como si me conectara nuevamente con el presente. Mientras lo acariciaba, mi mente no podía dejar de darle vueltas al extraño sueño que acababa de tener.

—¿Tres días dormida? —murmuré para mí misma, pensando en el tiempo perdido y en lo que había dejado atrás durante ese lapso. Connor, al escuchar mi voz, me miró curioso, y con una risita juguetona, comenzó a rascar su cabeza como si entendiera mi confusión.

—No es nada de qué preocuparse, amigo —le dije, sonriendo a pesar de todo. Pero mi mente seguía rondando las imágenes del sueño, de ese hombre con ojos tan intensos y de sus brazos envolviéndome, su tacto tan cercano... el aroma de su cabello, de algo tan familiar, pero tan esquivo. No era la primera vez que soñaba con él, pero este sueño había sido diferente. Era tan vívido, tan real, como si hubiera cruzado la barrera entre lo que es y lo que podría haber sido.

A medida que el pensamiento se instalaba en mi mente, intenté deshacerme de él. No quería complicarme más la vida, no quería seguir buscando respuestas a algo que probablemente no tenía ninguna. Tal vez solo era producto de la fiebre, de los días de descanso en los que mi mente había jugado trucos conmigo.

Bajé de la cama, con movimientos lentos, para evitar cualquier mareo o sensación extraña. Me dirigí al baño, necesitaba despejar mi mente, borrar esos recuerdos de mi cabeza. Decidí tomar una ducha caliente, dejar que el agua fluida limpiara no solo mi cuerpo, sino también los restos de ese sueño que aún rondaba en mi mente.

No quería pensar en nada. No quería pensar en él.

La decisión estaba tomada, o al menos lo estaba intentando: no quería darle más vueltas al asunto. No quería complicar más mi situación, ni cambiar lo que ya estaba claro. Cuando decidía algo, lo hacía con firmeza, o al menos, eso intentaba. Pero mientras el agua caía sobre mí, no podía evitar sentir que algo seguía sin resolverse, algo que me mantenía en un estado de duda...




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