"Yo se que fue por mi que acabo esta historia y queda en manos de mi memoria que por las noches te pueda ver..."
Oshin Itreque
El aullido de los demonios resonaba a lo lejos, pero me sentía atrapado en mi propia desesperación. No podía dejar que Roderick viera más de esto, no podía permitir que él sufriera más. Mientras corría, esquivando los combates cercanos, el peso de su pequeño cuerpo aferrado a mi pelaje era lo único que me mantenía firme. Su pequeño cuerpo temblaba con cada sollozo, y mi corazón se encogía, deseando con todas mis fuerzas que esto no fuera real. Quería gritar, reclamar, pero no podía. No podía hacer nada más que seguir adelante, hacia la batalla, hacia el caos que parecía no tener fin.
El suelo bajo mis patas vibraba con la fuerza de los ataques, pero el verdadero golpe llegó cuando uno de los demonios me arrojó al suelo, con una fuerza brutal que me dejó sin aliento. Cada giro que di, cada vuelta en el aire, sentí cómo la tierra se estrellaba contra mi cuerpo. Pero en medio de esa caída, mi mente estaba completamente enfocada en Roderick, en su seguridad. Con instinto puro, mi cuerpo reaccionó antes que mi mente, cubriéndolo entre mis patas para evitar que resultara herido. Aun así, el dolor del impacto se extendió por todo mi cuerpo.
Un grito desgarrador de Roderick llegó a mis oídos mientras nos caíamos, y eso solo aumentó mi determinación. Me repuse rápidamente del golpe, aunque mi cuerpo estaba aturdido. El demonio que me había atacado se levantó frente a mí, sus ojos brillaban con maldad, pero yo no iba a ceder. No podía. No cuando él estaba aquí conmigo. No cuando mi manada estaba en peligro.
—¡Papá! —chilló Roderick, su voz temblorosa llena de miedo.
Miré alrededor, buscando una salida. Pero no la había. Estábamos atrapados, y aunque mi cuerpo se tensaba de furia, mis pensamientos seguían siendo frágiles y confusos.
¿Cómo iba a protegerlo? ¿Cómo iba a luchar con él en mis patas, cuando todo lo que quería era mantenerlo a salvo?
Entonces, sin pensarlo dos veces, un gruñido bajo salió de mi garganta, tan profundo y lleno de rabia que el aire a mi alrededor parecía temblar. Los demonios que se acercaban se detuvieron por un segundo, sorprendidos por la fuerza de mi voz, pero sabían que no podían dar marcha atrás. Habían venido por nosotros. Mi instinto de protector despertó en su totalidad. No iba a dejar que me destruyeran, no iba a dejar que Roderick sufriera más.
"Lo protegeré con mi vida", pensé, y la fuerza de esas palabras me dio el impulso necesario. Mi mente estaba llena de una furia insaciable. No solo iba a defender a mi manada, sino a mi familia. Roderick era lo único que me quedaba, y no iba a permitir que lo tocara ni un solo demonio. Mi cuerpo se tensó, mis garras salieron y mis colmillos se alzaron al máximo.
A lo lejos, podía escuchar la batalla que se libraba entre mi manada y los demonios. Los lobos de fuego luchaban con fiereza, destruyendo a los enemigos que se atrevían a cruzarse en su camino. El estrépito de los golpes y las explosiones resonaban en el aire, mientras mi mirada se mantenía fija en los demonios que nos rodeaban. Sabía que no podría enfrentarlos todos a la vez, pero si lograba hacer que retrocedieran, tendría tiempo para escapar. Si lograba mantenerlos a raya el tiempo suficiente, quizás Roderick estaría a salvo.
Entonces, el pensamiento de protegerlo se convirtió en un impulso irresistible. Salté hacia adelante, en una furia incontrolable, mis músculos se tensaron y mi cuerpo se lanzó hacia el demonio más cercano. Un feroz gruñido llenó el aire, y el demonio que me atacó intentó devolver el golpe, pero lo esquivé con rapidez. El poder de mi movimiento hizo que el suelo temblara, y el demonio cayó con un rugido. Mientras él caía, me giré hacia los demás, desafiándolos a venir, sabiendo que si no hacía algo pronto, acabarían con nosotros.
Un gruñido retumbó en mi garganta, no los dejaría acercarse, lanzaba zarpados, gruñidos, mordidas y empujones a los que trataban acercarse.
Con cada golpe, cada gruñido, el fuego en mi pecho aumentaba. Mi única prioridad era salvar a Roderick, y con esa intención en mente, comencé a luchar con todo lo que tenía. Y no me detendría hasta que todo el peligro hubiera pasado.
Roderick, aún aferrado a mi pata con tanta fuerza que me sorprendió, me miraba con sus ojos brillantes llenos de miedo, pero también de confianza. Su pequeño cuerpo temblaba, pero en sus ojos veía la esperanza, la esperanza de que su padre no lo dejaría caer. A pesar del caos a nuestro alrededor, vi esa pequeña chispa de fe en él. Y eso fue lo que me dio la fuerza para seguir luchando.
"No los dejaré tocarte", le prometí en mis pensamientos mientras mis garras se hundían en el suelo, preparándome para el próximo ataque.
#387 en Fantasía
#387 en Personajes sobrenaturales
amor lobos mitades, fumiko amor fantasia, reencuentros dolor final abierto
Editado: 12.04.2026