Apartada Para El Alpha ( I I Libro )

Capitulo 36: "quiero que seas egoista" (parte uno)

"Entre un te quiero y un nunca más, entre la espada y la pared cuando no estás..."

Fumiko Ibars

Desperté por los rayos del sol acariciando mi rostro. Ese calor familiar me hizo abrir los ojos lentamente, pero lo que realmente me despertó fue una sensación extraña de que alguien me movía. Parpadeé varias veces, tratando de aclarar mi mente somnolienta, y vi a Roderick y a Oshin junto a mí. Sonreí un poco, como siempre hacía cuando los veía, pero era una sonrisa pequeña, cansada, como si mi cuerpo no tuviera la energía para más. Sin embargo, la cálidez que irradiaban me hizo sentir una pequeña chispa de calma en medio de todo.

Dejé que Roderick se apartara de mí, tiré a un lado un paño que había puesto sobre mi cuello la noche anterior y me levanté de la cama. Mi cuerpo aún estaba agotado, pero mi mente necesitaba moverse, sacudirse de la pesadez que la envolvía.

Connor era quien me estaba moviendo, lo miré con cierto desconcierto. Me sentí algo confundida por la brisa fría que se había instalado entre nosotros. Lo saludé con una sonrisa cansada.

—Buenos días, amigo —le dije, pero él me miró mal, apartando su cara como si le molestara la cercanía.

—No seas así, déjame… —me quejé, pero él simplemente me dio la espalda y se fue sin decir una palabra. Ese gesto me dolió más de lo que hubiera querido admitir, pero traté de ignorarlo, suspirando pesado mientras me dirigía al armario.

Mi ropa seguía allí, intacta, como un recordatorio de que el mundo exterior aún esperaba que me vistiera y actuara como si todo estuviera bien. Sonreí de manera involuntaria al ver mi conjunto, pero la sonrisa se desvaneció al instante. Tomé la ropa y me dirigí al baño, tratando de evadir cualquier pensamiento que pudiera perturbarme.

Tomé una ducha, el agua caliente cayendo sobre mi piel me hizo sentir un poco más humana, un poco más viva, aunque el vacío seguía allí, invisible, pero aplastante. Me arreglé con rapidez, me envolví en una toalla que cubría mi cabello mojado y salí del baño. Al hacerlo, mis ojos se encontraron con Garret, que estaba sentado en el sofá frente a la cama. Estaba absorto en un libro, ajeno a mi presencia, pero no pude evitar detenerme a observarlo.

—¿Qué haces aquí, Garret? —le pregunté mientras me acercaba, mi tono era más suave de lo que hubiera querido.

—Lo mismo me pregunto yo, linda —respondió él sin apartar la vista de su libro. Cambió de página sin prisa, como si no le importara lo que estuviera sucediendo a su alrededor. Me acerqué más, dejando que la toalla cayera de mi cabeza, dejando al descubierto mi cabello mojado y desordenado. La mirada de Garret se levantó finalmente de las páginas, y me miró, aunque parecía que todavía se encontraba perdido en sus pensamientos.

—¿Sabes lo que haré al final, no? —dije, mis palabras ahora saliendo con una determinación que ni yo misma reconocí. Lo miré fijamente, tratando de encontrar alguna chispa de comprensión en sus ojos. —Has hurgado en mi cabeza —afirmé con una mezcla de resentimiento y aceptación.

Garret asintió, cerrando el libro con un suspiro y finalmente fijando su mirada en mí.

—No estoy de acuerdo —dijo con voz baja, casi grave.

Su postura era tan segura, pero había una lucha interna en sus ojos. Cerró el libro y lo dejó sobre la mesa sin apartar la vista de mí.

—Es una decisión tomada ya, por eso estoy aquí —dije, mi voz mucho más firme ahora—. Deseo estar con él un poco más.

En ese momento, Garret apareció frente a mí de manera repentina, sus manos tomando mi barbilla con firmeza, dejándonos tan cerca que nuestros rostros apenas se tocaban. Su aliento caliente sobre mi piel me hizo sentir vulnerable, como si todo en mí estuviera a punto de desmoronarse.

—Dije, no estoy de acuerdo... —repitió, pero yo me encogí de hombros con una ligera sonrisa triste.

—Nada me hará cambiar de decisión, Garret —respondí con una calma fría, más por mi bien que por el suyo.

Su expresión se endureció, y la tensión entre nosotros se volvió palpable. Estaba a punto de decir algo más cuando él me soltó bruscamente.

—Si haces eso, el niño que está junto a él jamás existiría —gruñó, su voz llena de dolor y frustración.

Mi mirada se dirigió rápidamente a Roderick, que seguía dormido en la cama. Negué lentamente, un peso en el pecho que se incrementaba con cada palabra que salía de mi boca.

—Él existirá, con otra madre… con su otra madre, pero lo hará. —Afirmé, mi voz firme, pero mis ojos empezaron a humedecerse. —Además, mi madre jamás moriría, tampoco él sufriría y ahorraría sufrimiento a más personas —continué, cada palabra como un clavo más en el ataúd de mi decisión.

Garret apretó los puños, su enojo palpable.




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