—Alterar una línea de tiempo y evitar tu existencia no solucionará nada —dijo, casi gruñendo—. Quedarte encerrada en una cabaña el resto de la eternidad tampoco arreglará nada.
—Para mí, arreglaría todo —dije tirando la toalla de mi cabeza a la cama, con una firmeza que me sorprendió. Miré sus ojos, sin apartar la vista.
Él cerró los ojos por un momento, como si procesara mis palabras. Pero cuando los abrió, había un atisbo de desesperación en ellos.
—Tu sufrimiento en todos estos años no se eliminará, solo el de ellos —se quejó casi gritando.
Bajé la mirada, sintiendo la creciente presión en mi pecho. No quería gritar, no quería pelear más, pero sentía que cada palabra que salía de mi boca era un paso más hacia la libertad que había decidido buscar.
—Baja la voz —me quejé, mis palabras saliendo rasposas. —No me harás cambiar de decisión.
Garret suspiró, su rostro sombrío. La ira en sus ojos desapareció y fue reemplazada por una profunda tristeza.
—Sufrirás más, mujer —se quejó, pero en sus ojos había algo más, algo que yo no quería ver. Una preocupación genuina por mí.
Me acerqué a él, sintiendo una extraña mezcla de compasión y dolor. Sabía que lo decía porque le importaba, pero la decisión ya estaba tomada. Nadie podría cambiar lo que mi corazón ya había decidido.
—No te preocupes por mí —dije, aunque mis palabras no tenían el mismo brillo de seguridad que antes. —No creo que nada malo me pase... Además, ya estaría la estabilidad interdimensional. ¿Qué es lo que te molesta? —me quejé, pero lo miré directamente, tratando de mantener mi postura, aunque las lágrimas amenazaban con caer.
De repente, Garret me tomó de los hombros, su mirada intensa y profunda, como si estuviera tratando de forzarme a ver algo que yo me negaba a reconocer.
—Que jamás piensas en ti, solo en los demás… Deberías ser egoísta de vez en cuando —se quejó, mientras una lágrima caía por su mejilla. Mi corazón se rompió un poco al verlo tan vulnerable.
Subí mi mano a su rostro, limpiando la lágrima con delicadeza.
—Quiero que vivas como una persona medianamente normal, con tu padre, tu hermano y tus amigos —continuó, casi suplicando. —Quiero que hagas lo que quieres, y que esas predicciones sean realidad. —Sus palabras me llegaron al alma, pero yo ya no podía detener lo que sentía.
—Por más que insistas, no solo lo hago por ellos. Lo hago por mí también —confesé, mi voz quebrándose mientras lo miraba fijamente a los ojos. —Roderick es hijo de él, Garret, de él con otra mujer… —mi pecho se tensó con el dolor que esa verdad me causaba—. Otra mujer que no soy yo.
Las lágrimas comenzaron a acumularse en mis ojos, y no pude contenerlas.
—Además de ello, también me ha dañado, aunque no sea queriendo, lo hace… Me engañó cientos, puede que miles de veces, causándome dolores desde muy chica. ¿Y deseas que quede así? —Negué con la cabeza, mis lágrimas cayendo incontrolables. —Si él me recuerda, me sentiré tentada a regresar con él una y otra vez, perdonando todo, aceptando todo. Mientras que si no lo hace, no podré regresar a él sabiendo que sufre por mi ausencia. La Diosa Luna le pondrá otra madre y no habrá problemas porque será feliz, será feliz sin mí y yo al fin podré tener paz —concluí, mi llanto aumentando.
Garret no pudo decir nada más. Sus ojos también se llenaron de lágrimas y me abrazó con fuerza, como si tratara de protegerme de todo el dolor que había acumulado.
—Perdóname, si te hubiese encontrado antes, tú estarías enamorada de mí y no de él. También no hubieras sufrido tanto... —lloró, su voz quebrada y llena de arrepentimiento.
Le devolví el abrazo, conteniendo mi propio llanto. Sabía que su dolor era genuino, pero en ese momento, no podía pensar en nada más que en mi decisión. No lo miré, sólo susurré en su oído:
—No te preocupes por eso.
Garret se separó un poco de mí, pero sus manos permanecieron sobre mis hombros, mirándome con una tristeza profunda.
—A veces dudo si algún día lograré enamorarte —murmuró.
Suspiré pesadamente y negué con la cabeza.
—No lo creo, lo amo como a nada y dudo que alguna vez deje de hacerlo —le respondí sinceramente, aunque me doliera admitirlo. —Lo siento.
El negó, sonriéndome mientras secaba las lágrimas de mis mejillas.
—No es tu culpa —me dijo, y luego me dio un beso en la frente.
—Ten cuidado. Hades y Lucifer ya empezaron a atacar a lleno, ahora que Selene, Rubí, Lara y Roger saben de ti —dijo mientras se apartaba lentamente. —Además de eso, las razas querrán buscarte. Si necesitas ayuda en algo, solo llámame y estaré ahí.
Asentí, mi mente un torbellino de pensamientos y emociones, pero con la esperanza de que tal vez, alguna vez, podría encontrar la paz.
—Claro —dije, forzando una sonrisa.
Garret desapareció de inmediato, dejándome sola en la habitación. Miré a Oshin y a Roderick, todavía profundamente dormidos en la cama, sin saber qué pensar, ni qué hacer.
Garret quería que fuera egoísta, y de alguna manera, eso era lo que estaba haciendo. Estaba tomando una decisión egoísta para poder encontrar la paz, aunque me doliera más de lo que podía imaginar.
La idea de borrarme de sus vidas, de no dejarles recuerdos de mí, se estaba convirtiendo en una forma de liberación. Tal vez al final sería lo mejor. Podría empezar de cero, sin que nadie me recordara. Sin nadie que me atara a una vida de sufrimiento, y quizás… solo quizás, eso podría traerme la paz que tanto anhelaba.
Pero aún no podía pensar en eso completamente. No podía permitirme pensar en empezar de cero, en ser una extraña para todos. Tenía que mantenerme firme en mi decisión. Lo haría. Ya lo había decidido.
Sonreí ante la idea de la paz, secándome las últimas lágrimas mientras miraba a los dos hombres dormidos. Podría vivir con eso. Podría seguir adelante.
O al menos eso quería creer.
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Editado: 12.04.2026