Apartada Para El Alpha ( I I Libro )

Capitulo 39: "me encanta tenerte aqui" (parte Dos)

Salí del baño después de unos minutos, y allí estaba Fumiko, sentada en la cama, conversando con Roderick. El vapor de la ducha aún llenaba la habitación, pero no me importó, ya que el calor en el aire parecía haberse vuelto algo confortable para mí. Sentí que una pequeña paz me rodeaba al verla a ella allí, con una sonrisa tranquila, pero también un leve nerviosismo en sus ojos. Algo en su mirada me decía que no todo estaba bien, pero decidí no preguntar. El simple hecho de que estuviera aquí, a mi lado, era suficiente por el momento.

Me metí al closet para vestirme, buscando algo cómodo y sencillo. Un pantalón azul de mezclilla, una camisa blanca, y unos tenis negros Nike fueron lo que elegí. Quería sentirme ligero, sin preocupaciones. Mientras me vestía, notaba cómo mi mente divagaba de nuevo hacia todo lo que había pasado, las tensiones y las preocupaciones de los días anteriores. A veces parecía que nada de lo que había vivido había quedado atrás, pero la presencia de Fumiko era un pequeño consuelo.

Salí del closet y vi que Fumiko seguía sentada en la cama, con su expresión tranquila, pero la suavidad de su mirada me hizo dudar. Algo no estaba bien, y lo sabía. Ella intentaba sonreír, pero sus ojos lo delataban. No era necesario hablar de ello todavía, así que no lo hice. Me acerqué, sonriendo de forma ligera, para que no sintiera que había notado su malestar.

—Engendro —dije en tono de broma, mirando a Roderick, quien me miró, como siempre, con su sonrisa traviesa. Fumiko frunció el ceño, claramente sorprendida.

—¿Engendro? —preguntó, mirando a Roderick y luego a mí con confusión.

—Así me llama él —respondí, riendo levemente. Pero Roderick no se quedó atrás.

—Y la tía Ai me llama "pequeño bastaldo" —dijo él, como si fuera algo completamente normal y por lo cual estar orgulloso, Fumiko nos miró a ambos, primero sorprendida, luego sonriendo.

—Oh, por Garret —dijo ella, dejando escapar una risa suave. Yo también sonreí, aliviado por la ligera diversión que eso trajo.

—Vamos a que te bañes, engendro, para que vayamos a desayunar —dije, riendo mientras me acercaba a Roderick, quien seguía saltando en la cama como el niño lleno de energía que era.

—Yo ya regreso. Tengo que hacer algo rápido y vuelvo antes de que empiecen a desayunar —dijo Fumiko, sin dejar de sonreír, pero con una ligera tristeza en su voz que no podía ignorar. No quería forzarla a hablar, no aún. Solo asentí y le respondí.

—Claro, pequeña —respondí, intentando aligerar el tono, aunque algo en mi pecho no dejaba de inquietarme. Ella me dio una sonrisa rápida y luego se levantó, saliendo por la puerta. La miré desaparecer por el pasillo, sintiendo que había algo en su actitud que no cuadraba, algo que no podía entender aún.

Le di su baño a Roderick con calma, lo dejé en la cama otra vez y lo vesti. Roderick, quien estaba a punto de caer de la cama por su entusiasmo. Corrí hacia él, lo sujeté antes de que se hiciera daño y lo levanté con una sonrisa.

—Vamos, pequeño engendro, es hora de desayunar —dije, mientras lo alzaba en mis brazos, él soltó una risa traviesa.

—Si la abuela nos viera… —comentó, mientras se ajustaba mejor en mis brazos.

—Nos jalaría la oreja a ambos —respondí, riendo.

—¿Sabes qué, papá? Yo no quielo sel un engendlo más. Quieoo ser un hélloe, como las películas de acción —dijo, mirando al frente con gran seriedad. No pude evitar reírme más por su comentario.

—De acuerdo, héroe —respondí, mientras lo acomodaba en mi hombro para bajarlo de mis brazos.

Lo dejé en el suelo, y juntos caminamos hacia la cocina. Mientras descendíamos las escaleras, mi mente seguía dando vueltas a lo que había dicho Fumiko. ¿Qué sería lo que la tenía tan distante? Decidí dejarlo por ahora. Estaba decidido a disfrutar de este momento en familia, aunque algo me decía que no todo estaba tan bien como parecía.

Al llegar al comedor, me sorprendió ver a mi padre y a mi hermano allí, ya listos para el desayuno. Los saludé con un asentimiento de cabeza, y vi cómo Fumiko los saludaba con una sonrisa amable, aunque algo distante, antes de que se uniera a nosotros.

—Hola a todos —dijo, con una sonrisa algo forzada.

—Bonita —, Riu jadeó, levantándose de la mesa para abrazarla. Ella le correspondió rápidamente, sonriendo, pero con una extraña tristeza en su rostro que no podía ignorar. A pesar de su intento de ocultarlo, algo en su mirada no parecía estar bien.

—Te extrañé —le susurró Riu, dándole un suave beso en la frente. Fumiko se separó de él con una sonrisa pequeña.

—Yo también te extrañé —respondió, su voz más suave de lo habitual.

—Lo lamento, pero no me gusta estar rodeada de tantos hombres —dijo ella, mirando a mi padre y a Roderick con una sonrisa, mientras se apartaba del abrazo de Riu.

Mi padre soltó una pequeña risa, y Riu, con su usual forma relajada, se sentó de nuevo. Fue entonces cuando Fumiko miró a Roderick, quien estaba jugando con el perro-lobo, Connor, y me preguntó algo que me sorprendió.

—¿Estás bien, Oshin? —me preguntó, su tono más suave que nunca, casi como si intentara sondearme. Sentí la preocupación en su voz, y eso me desconcertó aún más.

Asentí con la cabeza, pero no pude evitar sentir una presión en mi pecho.

—Sí, estoy bien —respondí, aunque mi voz traicionó mi inseguridad. ¿De verdad lo estaba? ¿O estaba simplemente ignorando lo que sucedía?

Fumiko asintió, pero su mirada parecía decir más de lo que sus palabras dejaban entrever. Ella no me creyó por completo, pero tampoco insistió. Decidí no seguir presionando el tema por ahora.

En ese momento, Roderick levantó la cabeza de su plato de cereal y nos miró, como si de repente se hubiera dado cuenta de que nos estábamos distrayendo.

—¿Vamos a comel o no? —dijo, con una sonrisa traviesa, como siempre. Su inocencia me hizo sonreír, y por un momento me olvidé de las preguntas sin respuesta que rondaban en mi cabeza.




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