"No me subestimes.
Se mas de lo que digo,
Pienso mas de lo que hablo y
Me doy cuenta de mucho mas de lo que crees"
Fumiko Ibars
El aire estaba cargado de tensión. Todos los que me rodeaban gruñían de manera defensiva, como si estuvieran listos para atacar en cualquier momento. Pero yo, con una expresión serena y despreocupada, simplemente metí las manos en los bolsillos de mi pantalón. Era casi irónico. Me temían, y aun así, ahí estaban, parados frente a mí, con las miradas llenas de rabia y miedo.
"No sé qué carajos hacen aquí entonces..." pensé para mis adentros, sin molestarse en ocultar mi incredulidad.
A veces dudo seriamente de la existencia del cerebro y razón entre sus especies. Si de verdad mi intención hubiera sido aniquilarlos, lo habría hecho hace mucho tiempo. Me habría ahorrado un sinfín de problemas y confrontaciones innecesarias. Pero no... parece que la lógica no es su fuerte. O tal vez simplemente usan el cerebro como adorno, porque no veo que lo estén utilizando.
Sus ojos me observaban con cautela, analizando cada uno de mis movimientos, esperando el momento en el que decidiera atacar. Pero en vez de eso, solté un suspiro y les ofrecí una sonrisa inocente, una que probablemente solo les haría sentir más incómodos.
-No querrán a nadie herido, ¿verdad? Váyanse por donde vinieron y todos contentos.
Mi oferta quedó flotando en el aire, pero antes de que alguien pudiera responder, una mujer irrumpió entre la multitud, empujando a algunos de los suyos para abrirse paso hasta mí. Su rostro reflejaba una furia ciega y su pecho subía y bajaba rápidamente, como si estuviera a punto de explotar.
-¡No dejaremos que nos arruines! -gritó con todas sus fuerzas.
Hice una mueca de fastidio, frunciendo ligeramente el ceño.
-¿Para qué grita si la puedo escuchar bien? -murmuré en tono de queja.
La mujer, que claramente era una loba, gruñó con agresividad. Le sostuve la mirada sin inmutarme.
-Última oportunidad. Bye, bye -dije con ligereza, despidiéndome con un movimiento de mano.
A mi lado, Connor, mi fiel compañero, permanecía echado con las orejas inquietas, girando a los lados en alerta. Sus ojos se posaron en mí un instante antes de desviar la mirada hacia el grupo que nos rodeaba. Solté un pesado suspiro justo cuando sus orejas se alzaron y su expresión cambió.
De repente, un vampiro se lanzó hacia mí desde atrás con la clara intención de taclearme. Lo vi venir en el último instante y di un salto ágil, lo suficientemente alto como para esquivarlo sin problemas. En el aire, giré en una voltereta y caí de pie sobre el suelo, viendo cómo el vampiro aterrizaba de cara contra la tierra con un golpe seco.
Oshin se puso a la defensiva al instante, sus gruñidos resonando en el aire como una advertencia mortal. Mael y Estrella lo imitaron, adoptando posiciones de combate aún en sus formas humanas, mi expresión seguia serena, aburrida.
-¡Largo de aquí antes de que me encargue de matarlos uno a uno! -rugió Dai con furia.
Rodé los ojos con fastidio.
-Sigo sin entender por qué gritan tanto... -comenté mirando a Connor con calma.
Pero mi compañero no tenía tiempo para responder. Sus ojos se tornaron de un rojo intenso y, sin previo aviso, saltó sobre mi cabeza, aumentando su tamaño en el aire, ni siquiera me inmuté ante el saltó. Cuando cayó, lo hizo sobre una mujer de orejas puntiagudas. Una ninfa, reconocí de inmediato.
Connor la aplastó con sus patas delanteras, manteniéndola inmovilizada contra el suelo mientras le gruñía muy cerca de la cara amenazando con arrancarle la cabeza, su tamaño era más grande que el de un licántropo alfa. Ella apartó la mirada del hocico de mi lobo con miedo.
-No la mates, amigo -dije con calma, sin dejar de observarlos.
Connor giró la cabeza para mirarme y me gruñó en protesta, como si no quisiera obedecerme. Fruncí el ceño y lo miré con severidad.
-Dije que no.
Bufó con frustración, pero finalmente se apartó, permitiendo que la ninfa se alejara de él arrastrándose por el suelo. Connor se acercó a mí, aún gruñéndome molesto.
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Editado: 12.04.2026