Apartada Para El Alpha ( I I Libro )

Capitulo 45: "no puedo..." (parte Dos)

—Deberían empezar a considerar usar el cerebro de vez en cuando, maten…

Las palabras apenas habían salido de mi boca cuando un portal se abrió detrás de mí. No tuve tiempo de reaccionar. Unas manos fuertes cubrieron mi boca, sofocando mis palabras, aquella se tenía de muerte, y me arrastraron sin esfuerzo al interior del vórtice resplandeciente.

Escuché un gruñido y vi a Connor lanzarse sobre Dai, empujándolo mientras él también cruzaba el portal. Dai intentó seguirnos, pero la brecha se cerró antes de que pudiera alcanzarnos.

Todo se volvió un torbellino de sensaciones.

Un escalofrío recorrió mi espalda cuando sentí un aliento cálido en mi oído.

—No te dejes dominar por el odio, linda —murmuró Garret con voz firme pero suave.

Forcejeé, intentando liberarme de su agarre, pero él no me soltó. Gruñí sobre la palma de su mano, frustrada al darme cuenta de que no podía usar mis poderes.

—No lo hagas, no cedas... —continuó, su tono impregnado de urgencia—. Eres más fuerte que esas emociones negativas, Fumiko. No dejes que te arrastren hasta un punto sin retorno…

Pero yo ya no escuchaba.

Mi mente ardía de rabia, mi cuerpo temblaba de furia. Todo lo que quería era sangre, venganza… destrucción.

Entonces, Connor gruñó frente a mí, su cuerpo tenso, sus ojos tornándose de un negro absoluto.

Mi respiración se detuvo.

Mis pupilas se dilataron de golpe al verlo.

Mis pensamientos se volvieron un torbellino de caos.

—No pienses en nada… cálmate… vacía tu mente… —Garret siguió susurrando en mi oído, como una plegaria desesperada—. Piensa en cosas felices, en momentos buenos… Saca todos los pensamientos negativos de tu mente…

Cerré los ojos con fuerza.

Respiré hondo.

Y lo intenté.

Pensé en mamá y mi hermano cuando jugábamos de niños con papá, en las risas despreocupadas que llenaban nuestra casa.

Pensé en Riu y nuestros días en la secundaria, en la calidez de su compañía.

Pensé en Oshin… en la primera vez que me llevó a ese acantilado a ver el amanecer juntos después de tantos años.

Pensé en Ai, en nuestras salidas de compras, en nuestras conversaciones sin fin.

Pensé en Estrella y en las veces que me burlé del señor Mael por sus tonterías.

Un nudo se formó en mi garganta.

Lágrimas calientes comenzaron a deslizarse por mis mejillas.

Garret me sostuvo con más fuerza, sus brazos envolviéndome como un ancla.

—Piensa en todo lo bueno que has vivido… —su voz era apenas un murmullo—. En las risas con los que quieres, en las pequeñas cosas que te hicieron feliz… No dejes que nada te arrebate eso…

Poco a poco, sentí mi cuerpo relajarse.

Mis lágrimas caían en un torrente incontrolable, liberando todo el peso acumulado.

Garret quitó su mano de mi boca y, en su lugar, me abrazó por la cintura. Connor, aún transformado, nos observaba con las orejas gachas. Sus ojos lentamente recuperaban su color original.

Mis labios temblaron.

—A veces me pregunto… si fui una tonta o si él fue un ladrón… —susurré, con la voz rota, aferrándome a los brazos de Garret—. He estado vagando por un laberinto… buscando mi uno en un millón… Y al final, todo será solo una página arrancada de la nueva historia que escribiré…

Garret escondió el rostro en mi cabello, su abrazo se volvió aún más fuerte.

Las lágrimas seguían cayendo.

Me dejé caer de rodillas sobre el suelo de madera de la cabaña, sin fuerzas para sostenerme. Él se agachó a mi lado sin soltarme.

—Todo lo que le di… se ha ido… —mi voz se quebró en un llanto desgarrador—. Cayó como si fuera una piedra al río…

Un sollozo más fuerte me sacudió.

—Pensé que había construido una dinastía que ni el cielo podía sacudir… Pensé que lo nuestro era para siempre… que nada podría separarnos…

Garret me abrazó más fuerte, como si intentara sostenerme cuando yo misma ya no podía.

Connor se acercó lentamente, sus ojos llenos de algo que no podía describir.

—Una cicatriz que jamás se podrá revertir… —murmuró Garret, su voz temblorosa, quebrada.

Cerré los ojos con fuerza.

La tormenta comenzó a formarse en el cielo.

Oscuridad.

Rayos.

Truenos que retumbaban en el aire.

—Entre más se cura… más parece doler… —susurré.

Me solté de Garret y me giré hacia él.

Nuestros ojos se encontraron.

Los suyos estaban llenos de lágrimas, sus pestañas espesas empapadas de dolor.

Me lancé a sus brazos, escondiendo mi rostro en su pecho, aferrándome a su camisa con desesperación.

Él me sostuvo con la misma fuerza, como si también estuviera aferrándose a mí.

—Le di todo de mí… y lo partió en mil pedazos… Ahora están perdidos… —mis sollozos no cesaban—. No sé cómo estar cerca de alguien que me hizo tanto daño…

Garret besó mi cabeza, su propio llanto silencioso vibrando en su pecho.

La tormenta estalló en un rugido sobre nosotros.

La lluvia golpeó con fuerza, arrastrando todo, lavando todo…

Y en medio de todo eso, una certeza se instaló en mi interior.

—Todo acabó… —susurré de forma ahogada.

Garret se tensó.

—¿Todo acabó?

Asentí, sin apartarme de su pecho.

—Así es… Todo acabó.

Mi voz apenas era un susurro, pero cargaba con el peso de una verdad innegable.

—Ya no puedo más… Se acabó… Se acabó… —repetí, negando lentamente—. Solo soy una niña de 19 años… llena de dolor… con la misión de salvar a cientos de personas que solo quieren verme caer…

Mi voz se quebró aún más.

—Quiero mi dinastía de vuelta… Esa que parecía indestructible… Quiero ser normal otra vez… Quiero que todo esto desaparezca…

Garret tomó mi rostro entre sus manos, con los ojos enrojecidos por el llanto.

—Perdóname…

Negué con la cabeza.

Lo miré a los ojos, profundamente, hasta el fondo de su alma rota.

No había nada que perdonar.




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