Apartada Para El Alpha ( I I Libro )

Capitulo 46: "no puedo..." (parte tres)

—Solo quiero acabar con esto de una vez —susurré, mi voz quebrándose bajo el peso de todo lo que sentía.

La lluvia caía con fuerza, empapando nuestras ropas, pegándolas a nuestra piel. Mis lágrimas se confundían con las gotas que rodaban por mi rostro, y aunque mi cuerpo temblaba, no sabía si era por el frío o por la desesperación que me consumía.

Garret me miró con esos ojos serenos que parecían verlo todo, como si pudiera leer cada grieta en mi alma. No dijo nada al principio, solo acercó su mano con delicadeza y limpió mis lágrimas con la yema de sus dedos. Luego, sin apartar su mirada de la mía, inclinó su cabeza y besó mi frente con ternura.

—Todo estará bien —susurró contra mi piel—. No te preocupes.

Quise responderle, pero las palabras se quedaron atrapadas en mi garganta.

—Solo sigue adelante... —continuó él, su voz profunda y segura—. Cruza los valles, atraviesa las montañas… y lograrás lo que sueñas. Solo toma el control.

El peso sobre mis hombros pareció aligerarse apenas un poco. Mis manos dejaron de apretar los bordes de mi ropa con desesperación.

—Todo lo que quieres será la historia mágica que estás esperando… —prosiguió, apoyando su frente contra la mía—. Solo toma el control.

Cerré los ojos, dejándome envolver por la calidez de su presencia. Sentí el latido tranquilo de su corazón, el ritmo pausado de su respiración. Por un momento, el mundo dejó de sentirse tan abrumador.

—Por favor, ayúdame… —murmuré, sin alejarme de él—. No quiero hacer esto sola.

Mi voz sonó frágil, como si estuviera a punto de romperse. Me aferré a su abrigo mojado, sintiendo la tela resbalar entre mis dedos.

—Acompáñame a donde sea, solo… solo no me dejes.

Hubo un silencio en el que todo lo demás desapareció. La lluvia, el ruido lejano de la batalla, los gritos… nada existía excepto nosotros.

—No te dejaré —prometió, con una firmeza que no dejaba espacio a la duda.

Su respuesta me atravesó como un bálsamo. Luego, con una suavidad que me tomó por sorpresa, dejó un casto beso en la punta de mi nariz. Después, sus labios se posaron con delicadeza en mis párpados cerrados, secando lo que quedaba de mis lágrimas.

—Ya no más… —susurró.

Lo miré a los ojos, encontrando en ellos una calidez que no había sentido en mucho tiempo. Él me sonrió, y aunque era una sonrisa pequeña, contenía más promesas de las que jamás había escuchado.

La lluvia, que antes caía con furia, comenzó a calmarse poco a poco, como si reflejara la tormenta dentro de mí que también iba apaciguándose.

Después de unos minutos, cuando la agitación en mi pecho se disipó lo suficiente, me levanté del suelo. Garret me observó con atención, como si estuviera asegurándose de que realmente estaba lista para seguir.

Connor se acercó entonces y, con un leve movimiento de su cabeza, abrió un portal frente a nosotros.

Le sonreí con un agradecimiento silencioso y limpié los rastros de lágrimas en mi rostro. Luego chasqueé los dedos, cambiando mi ropa mojada por una seca, y avancé tomada de la mano de Garret.

Al otro lado del portal, el caos seguía reinando. Estábamos de vuelta en el mismo lugar del que Garret me había sacado. Gritos desesperados resonaban a nuestro alrededor, todos centrados en Oshin, quien ya se encontraba bien.

Libre de todo mi poder mágico maldito que antes lo había manchado.

Garret apretó mi mano, y su voz resonó con fastidio.

—Estoy harto de toda esta gente hablando…

Su tono tenía un filo peligroso.

—Harta de todo el ruido —secundé sin vacilar.

El efecto fue inmediato. Todos callaron. Nos miraron con una mezcla de desconcierto y temor. Algunos incluso temblaron.

Mis ojos se encontraron con los de Oshin. Su expresión estaba cargada de emociones: molestia, preocupación… tristeza. Pero no me detuve en él.

No valía la pena.

—Ahora mi cuello está a la vista de todos —dije, con una sonrisa torcida—, pidiendo literalmente ser degollado. Me estoy ahogando en mi propio orgullo, así que no tiene sentido seguir llorando por ello.

Garret apretó más mi mano, llamando mi atención. Sus ojos verdes me sostuvieron con firmeza. Respiré hondo, cerré los ojos por un momento y le sonreí apenas.

—Te diriges a la guerra —dijo él, con una certeza que me erizó la piel—. Ahora eres su reina.

Dio un paso al frente, guiándome entre la multitud.

—Y por más dioses que digan "eres muy rebelde", no te detendrás hasta ganar.

El aire a nuestro alrededor parecía vibrar con tensión.

—Ahora ella es su reina —anunció a todos los presentes.

Los observadores se apartaron a nuestro paso.

—Y por más dioses que digan "no lograrás nada" —continué con voz firme—, lucharé para mantenerlo todo como está.

Los susurros llenaron el lugar, pero nadie se atrevió a alzarse contra nosotros.

—Y quien se oponga… será eliminado —finalizó Garret con frialdad.

Sin apartar la vista de la multitud, chasqueé los dedos, haciendo desaparecer a todos los espectros de un solo golpe.

"No tiene sentido seguir llorando por esto", pensé, mientras mi mirada se desviaba de nuevo a Oshin.

Él seguía observándome, sus ojos oscuros llenos de emociones contradictorias. Pero yo ya no temblaba ante su mirada.

Apreté la mano de Garret con más fuerza entrelazando nuestros dedos. Él me devolvió la mirada, y una sonrisa cálida se dibujó en su rostro. Sus dos lindos hoyuelos aparecieron en sus mejillas, dándole un aire de inocencia que contrastaba con la seriedad del momento.

Le devolví la sonrisa, sintiéndome extrañamente agradecida.

"No tiene sentido buscar sentir algo que no siento", pensé, observándolo.

Quería sentir algo más por él. Quería convencerme de que podía haber algo más que amistad entre nosotros.

Pero no importaba cuánto lo intentara, ese sentimiento simplemente no nacía en mí.

Garret merecía ser correspondido. Después de todo, yo fui creada para él. Todo en mí estaba diseñado para amarlo.




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