Apartada Para El Alpha ( I I Libro )

Capitulo 49: "solo tengo que saber como"

"Necesito que me salven, realmente me gustaría que intervinieras"

Fumiko Ibars

Aparecí en la cabaña, mi corazón latía de manera desesperada. No quería que eso pasara, no quería que ella estuviera herida, no quería ser la causante de que algo tan terrible le sucediera.

—¿Por qué no pensé que la habían lastimado? No pensé en ello... Si hubiese llegado antes... ella...— me martillaba a mí misma mientras frotaba mi rostro con las manos, desesperada, como si de alguna forma pudiera borrar lo sucedido.

Mi cabeza daba vueltas, la ansiedad me consumía. No estaba acostumbrada a usar mis poderes de esa manera; el enojo casi me había dominado y, aún así, no había logrado controlar todo lo que sucedió. Un frío sudor recorría mi espalda mientras trataba de calmarme, de razonar que estar de esta manera no me iba a ayudar en nada.

Me tambaleé un poco y caí al suelo con un golpe sordo, el agua fría me caló hasta los huesos. Respiré profundamente, tratando de estabilizarme, de encontrar alguna paz en medio de todo este caos. No podía dejar que la desesperación me desbordara. Levanté la vista y vi a Connor lanzándose al agua, abrazándome sin decir una palabra. Su gesto, aunque lleno de dolor, me reconfortó un poco.

—Connor... ella... perdió a su bebé...— murmuré entre sollozos, mis lágrimas ya caían con fuerza.

Él, con un dolor profundo en los ojos, no dijo nada por unos segundos. Se apego a mí inundandome de calidez con su cuerpo lo uno, como si temiera que me desvaneciera en sus pataa.

—Lo perdió por mi culpa...— dije con la voz rota, restregándome los ojos con el brazo, tratando de detener las lágrimas que parecían no cesar.

Me levanté del agua, aún mareada, con el cuerpo temblando y la mente nublada por el dolor. Subí a la cabaña, aún sintiendo el zumbido en mi cabeza por el mareo. Connor me siguió, no se separó de mí ni un segundo. Cuando llegamos dentro, tragué en seco, el aire se me hizo espeso en la garganta.

—Ga... ¡¡Garret!!— lo llamé desde el suelo, mi voz saliendo entrecortada por el agotamiento.

Me intenté levantar, pero el mareo volvió, mi cabeza punzó con intensidad. Llamé de nuevo, con más fuerza:

—¡Garret!

Él salió de la cabaña al instante, corrió hacia mí y, al verme en ese estado, su expresión de preocupación se intensificó.

—¿Y ahora qué pasó?— preguntó con voz grave, su mirada recorría mi cuerpo empapado y quebrado.

Reí entre las lágrimas, mi voz quebrada, y me aferré a su camisa azul, buscando algo de consuelo, aunque no estaba segura de qué.

—Me estás asustando, linda...— murmuró, colocando una mano en mi hombro, casi como si quisiera sostenerme en pie.

—Ai...— susurré, negando con la cabeza mientras las lágrimas seguían cayendo. No podía evitarlo, el dolor se me desbordaba.

—¿Qué pasó con esa chica?— preguntó, desconcertado por mi actitud.

—Ella... estaba embarazada...— mi voz se quebró de nuevo, y mis ojos se llenaron de lágrimas— Perdió a su bebé por el ataque del demonio. Ni siquiera pudo enterarse de ello... Lo perdió, Garret, es mi culpa.

Garret abrió los ojos de par en par, sorprendido, y me miró fijamente.

—¿Cómo sabes eso?— murmuró, algo confundido.

Tomé aire, tratando de explicarlo.

—Cuando curé su cuerpo completamente, sentí la pequeña bolita del feto... lo saqué de su cuerpo para que no tuviera al bebé muerto dentro de ella... pero... lo perdió...— expliqué, luchando por mantener la calma mientras las lágrimas seguían cayendo.

—¿Usaste sanación?— preguntó con el ceño fruncido. Asentí lentamente.

—Pero ocurrió algo raro...— murmuré, calmando un poco mi llanto. Sabía que debía hablar de lo que había sentido, aunque no entendiera completamente lo que había ocurrido.

—Mis ojos se blanquearon por completo, y lloré lágrimas doradas mientras la curaba...— dije con una voz más suave, casi como si aún estuviera viendo la escena ante mis ojos— Sentí algo raro en mí en ese momento...— agregué, mirándolo a los ojos, buscando algún tipo de respuesta, alguna pista de lo que estaba pasando.

—¿Poder de ángel?— murmuró, desconcertado— ¿Por qué tendrías ese tipo de poder?— preguntó, más para sí mismo que para mí, como si estuviera tratando de entender la situación.

Negué con la cabeza, mirándolo intensamente.

—Tú puedes hacer que recupere a su bebé, ¿cierto?— pregunté, con una mezcla de esperanza y desesperación en mi voz. Necesitaba escuchar que había una forma de revertir esto.

Él, con la mirada triste, bajó la cabeza y suspiró profundamente.

—No puedo hacer eso— dijo con voz baja, casi avergonzado. Fruncí el ceño, sintiendo cómo mi esperanza se desvanecía.

Me alejé un poco de él, el frío comenzaba a calarme los huesos. Mi ropa mojada me hacía sentir aún más vulnerable, y el cuerpo me temblaba sin control.

—Eres el creador de cinco dimensiones y sus personas, ¿y no puedes hacer que el bebé de Ai regrese?— le dije, mi tono algo molesto, aunque el dolor seguía dominando mis palabras— ¿Cómo se supone que crees esas dimensiones y no puedes crear vida, Garret?

Él me miró serio, sabiendo que mis palabras venían de la frustración.

—Yo creé las dimensiones... Es cierto...— dijo, mirando el suelo, su rostro mostrando cansancio y algo de pena— Pero cada uno de los dioses a cargo de ellas fue el encargado de crear a sus individuos. Yo les di una pequeña chispa de poder para crear y dominar a sus seres vivos, pero no tengo el poder de crear vidas como lo hicieron ellos. Así como yo los creé a ellos, nadie más puede crearlos de nuevo. Solo yo...— agregó, sin verme a los ojos. Lamentaba no poder darme la respuesta que quería escuchar.




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