Apartada Para El Alpha ( I I Libro )

Capitulo 50: "irrompible promesa"

"Nunca ha sido culpa de quien hiere o de quien llora. Culpa del que se enamora"

Oshin Itreque

El jardín estaba silencioso, apenas interrumpido por el susurro del viento entre los árboles. La luna brillaba tenue en el cielo, y yo estaba allí, sentado en una de las viejas bancas de madera, sintiéndome más miserable de lo que jamás me había sentido en mi vida. Si lo que temía se hacía realidad, entonces no solo sería infeliz… sino que perdería la única razón por la que mi corazón aún latía con sentido.

Jugueteaba con la cadena que iba a obsequiarle aquella noche en la presentación. La dejaba deslizarse entre mis dedos, sintiendo el frío metal contra mi piel, tratando de distraerme de la idea que me atormentaba.

El dije que colgaba de ella, un pequeño corazón de cristal rosa con vetas doradas en su interior, capturaba la luz de la luna y la reflejaba en destellos suaves. Había elegido esa cadena con esmero, buscándola durante semanas hasta encontrar la perfecta, la que representara lo que ella significaba para mí. El corazón simbolizaba su esencia: delicada pero resistente, preciosa pero inquebrantable.

Pero, ¿qué sentido tenía ahora? Si me pedía que la dejara ser libre, si nuestra conexión de mates estaba rota más allá de toda reparación… Entonces, ¿qué haría yo con esto? ¿Qué haría con lo que me quedaba de ella?

Había querido dársela hoy, en nuestro aniversario… Diesiceis años de conocernos. Pero no había podido. La presencia de tantas personas en la manada lo había arruinado todo. O quizás, en el fondo, había sido yo quien lo arruinó desde mucho antes.

Una lágrima solitaria resbaló por mi mejilla antes de que pudiera contenerla. Cerré los ojos, intentando recordar los momentos felices, aquellos instantes donde su risa iluminaba todo a su alrededor, donde su presencia era suficiente para hacerme sentir que todo iba a estar bien. Pero esos recuerdos me dolían, porque no sabía si serían lo último que tendría de ella.

—Oshi…

Esa voz. Su voz.

Rápidamente me sequé la mejilla con el dorso de la mano y abrí los ojos, apretando el puño para ocultar la cadena en él. Volteé para verla. Ahí estaba, con su cabello cayendo suavemente sobre sus hombros, con esos ojos que me habían atrapado desde el primer día.

—Hola, pequeña —murmuré con voz ronca.

Se sentó a mi lado sin dudarlo, su cercanía irradiaba calidez.

—¿Todo bien? —preguntó, con ese tono de preocupación que siempre tenía cuando algo me inquietaba.

Le sonreí de manera forzada y asentí.

—Sabes… Con todo lo que pasó, no pude darte tu regalo.

Ella parpadeó sorprendida.

—Si hubiese sabido que lo recordabas, también te hubiera buscado algo… —dijo con un leve rubor en sus mejillas.

Reí suavemente.

—No es necesario, pequeña. La verdad… lo tengo desde aquella vez de la presentación.

Sus ojos se abrieron con curiosidad y ladeó la cabeza con inocencia, su mirada brillante y expectante, un gesto que siempre me derretía.

—¿Tanto tiempo?

Asentí con una sonrisa triste. Abrí el puño con lentitud, dejando que la cadena se deslizara entre mis dedos hasta que quedó suspendida entre nosotros. La luz de la luna hizo brillar el corazón de cristal, resaltando las vetas doradas que recorrían su interior como hilos de luz atrapados en su esencia.

Respiré hondo antes de hablar.

—Lamento todo lo que te hice… —dije, con la voz apenas más alta que un susurro. Miraba la cadena en mi mano, incapaz de mirarla a los ojos—. Todo el daño que te causé desde que nos encontramos aquella vez en el orfanato… Por haber roto mis promesas. Por no poder serte fiel. Por haberte lastimado de la manera más dolorosa…

Mi voz se quebró. No podía detenerme ahora. Debía decirlo todo antes de perderla para siempre. Antes de que no pudiera decir nada de esto. Antes de que todo acabara y no volviera a verla.

—Por haber destrozado tu corazón en mil millones de pedazos. Por no saber valorarte como merecías. Por ser un idiota y decirte cosas hirientes cuando no había motivo para ello. Por haber dicho que quería acabar contigo sin saber que tú eras la portadora. Por haberte hecho llorar tantas veces… y aún así, tú me perdonaste cada una de ellas sin pensarlo dos veces.

Las lágrimas nublaron mi vista, pero no dejé de hablar.

—Por no valorar las oportunidades que me diste. Por ser un completo imbécil, todo el maldito tiempo. Por no ser esa persona que tanto esperaste…

Mis dedos se apretaron alrededor de la cadena con fuerza.

—Sé que no te merezco. Que debería estar condenado a que me odies, a quedarme solo por el resto de mi vida… y aún en la siguiente. No merezco que me perdones cada vez que hago una estupidez. Ni siquiera merezco que estés aquí, conmigo. Soy muy poca cosa para ti.

Respiré con dificultad, sintiendo el peso de mis propias palabras.

La verdad en cada una de ellas me ardía y me golpeaba sin piedad.

—Soy una mierda como hermano. Ai estuvo a punto de morir porque no la protegí. Soy una mierda como hijo. Mis padres solo sienten decepción por mí. Soy una mierda como padre. Roderick fue golpeado por la mujer que era su madre, y a pesar de todos mis esfuerzos, no logré protegerlo todo el tiempo. Y lo peor de todo… Soy una mierda como mate, como pareja, como destino… No sirvo para nada de eso.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.