Apartada Para El Alpha ( I I Libro )

Capitulo 55: "¿un lindo moreno?"

"Un millón de pensamientos pasan por mi cabeza, ¿Debería dejar que mi corazón siga escuchando?"

Fumiko Ibars

Oshin estaba acostado en la cama, aún sumido en el sueño. Yo, en cambio, no lograba encontrar descanso. Mi mente seguía dando vueltas a todo lo que había sucedido, abrumada por la maraña de emociones y preocupaciones que no dejaban de atormentarme.

Había pasado toda la madrugada sentada en el balcón, observando el cielo que comenzaba a iluminarse con los primeros rayos de sol. El aire fresco me acariciaba la piel, y mientras lo hacía, mis dedos jugaban nerviosos con el pequeño dije de la cadena que me había regalado Oshin unas horas atrás. La ansiedad y la tristeza se mezclaban en mí, y no sabía si debía hablar con él sobre Ai y la pérdida de su sobrino.

— Pequeña — me llamó Oshin, interrumpiendo mis pensamientos. Su voz rasposa me hizo dar un respingo y soltar la cadena. Miré hacia atrás, y lo vi sentado detrás de mí, sus brazos me envolvían con cariño mientras dejaba un suave beso en mi mejilla.

Mi cabeza se recostó sobre su pecho, y cerré los ojos, dejándome envolver por su calor, mientras escuchaba el latido de su corazón, que, por alguna razón, me tranquilizaba, aunque mi mente seguía inquieta.

— Estás helada, pequeña. ¿Hace cuánto estás aquí? — me preguntó, frotando mis manos, que estaban frías, sobre sus brazos.

— No lo sé — confesé, sintiéndome vulnerable al admitirlo.

— ¿En qué tanto piensas, pequeña? — me preguntó, acomodando su barbilla en el hueco entre mi cuello y rostro. La cercanía de su voz hizo que mi corazón latiera más rápido, pero también sentí una pequeña punzada de incomodidad, como si el peso de la situación me aplastara.

— En lo egoísta que eres... — solté sin pensarlo demasiado. Las palabras salieron solas, y no pude evitar que se asomaran en mi boca.

— ¿Qué? — dijo, claramente incrédulo por lo que acababa de decir. La sorpresa en su tono me hizo sentir un poco culpable, pero no podía evitarlo.

— En nada, Oshi — respondí, rápidamente desvió el tema para no hacerle más daño con mis palabras.

— Fumiko, ¿en serio? — insistió, buscando una explicación, pero yo no estaba dispuesta a entrar en eso.

— Ai perdió a su bebé — dije, como última opción para cambiar de tema. Mis palabras fueron tan duras como la realidad misma, y las lágrimas comenzaron a llenarme los ojos al recordar lo que había sucedido.

— ¿Be... bebé? — dijo él, su voz quebrada por la incredulidad. Asentí, mirando al cielo, sintiendo como mis ojos ardían, pero no quería dejarme vencer por el dolor.

— Cuando la revisé para curarla, me di cuenta de eso. Lo perdió por culpa de la herida. Tenía apenas horas de embarazo — dije, con la voz entrecortada por la emoción, mientras las lágrimas escapaban sin poder evitarlo.

— No se lo digas — dijo Oshin, su tono se suavizó y su voz se rompió un poco, entrelazando nuestras manos con la esperanza de que yo no dijera nada más. Asentí, aferrándome con más fuerza a su mano.

— No pensaba hacerlo — le confesé, tratando de tranquilizarlo.

Pasaron largos minutos en silencio, ambos sumidos en nuestros propios pensamientos. Nuestras manos seguían entrelazadas, como si de esa manera pudiéramos encontrar consuelo en el contacto. No sabíamos qué hacer con tanta información, con tantos sentimientos encontrados. Finalmente, después de lo que parecieron horas, Roderick apareció en la puerta, buscando a Oshin para que lo ayudara a arreglarse.

Oshin me dio un beso fugaz en los labios antes de levantarse.

— Me voy, pequeña — dijo, sonriéndome con suavidad. Se despidió de mí y salió para atender el llamado de su hijo.

Me quedé sola, mirando cómo el cielo comenzaba a aclararse aún más. El amanecer estaba llegando con todo su esplendor. Sin embargo, mi mente seguía atrapada en la tormenta de pensamientos que no me dejaban descansar.

— Linda — dijo una voz detrás de mí. Giré rápidamente, mi corazón dio un brinco en mi pecho, lista para reaccionar, cuando vi a Garret flotando frente a mí.

— ¡Maldita sea, deja de hacer eso! — me quejé, frotándome el pecho mientras trataba de calmarme. No era la primera vez que me asustaba de esa manera. Garret soltó una risa divertida antes de acercarse a mí, entrando al balcón y sentándose en el barandal.

— ¿Qué pasa? — me preguntó, una vez que logré calmarme un poco.

— Lo he conseguido, Roger hablará contigo — dijo él, con una sonrisa triunfante. Mis ojos se agrandaron al escuchar eso.

— ¿En serio?, ¿Tan rápido? — le pregunté, sin poder creerlo.

Garret asintió con una sonrisa encantadora, mostrando los hoyuelos que siempre derretían.

— Sí, no fue tan difícil la verdad — confesó con humildad. Sin poder contenerme, me levanté rápidamente y me lancé hacia él, derrapando hacia su espalda y tumbándolo del barandal. Me aferré a su cintura, y, como si fuera un reflejo, nos elevó en el aire antes de que tocáramos el suelo.

— Eres el mejor, Garret — le dije, separándome ligeramente de él mientras me quedaba flotando en el aire, aún abrazada por sus brazos.

— No fue nada, linda — respondió. — ¿Quieres hablar con él ahora? — me preguntó, y asentí frenéticamente mientras lo empujaba hacia atrás, haciéndolo soltarme, pero me tomó de la mano, haciéndome levitar nuevamente, esta vez unos pasos más cerca del suelo.

— ¡No hagas eso, maldición, casi me da un infarto! — me quejé mientras me reía por su reacción. Garret parecía tan preocupado, lo que me hizo reír aún más.

— Eres un exagerado — le burlé mientras me paraba por completo en el suelo, y él me siguió.

— Vamos con él — pedí, y él asintió antes de acercarse y darme un beso en la mejilla, con una ternura que me hizo sentir cálida por dentro.

— No soy exagerado, solo me asusté de que algo te pasara — dijo con un tono protector.

— Se supone que tengo tus poderes, ¿qué te preocupa? — me quejé, y él se encogió de hombros sin decir nada más.




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