"Huyéndole a mi sombra, queriendo no estar sola. Yo muero y vivo por ti"
Fumiko Ibars
Habían pasado unos diez días desde que hablé con Dios y llegamos a aquel acuerdo. Diez días de confusión, miedo, pero también de esperanza. El acuerdo aún rondaba en mi mente como una promesa y una amenaza a la vez.
La vez que regresé en la tarde a la manada, Oshin se lanzó hacia mí abrazándome con tal fuerza que casi me derrumbó. Decía que creía que me había ido de nuevo. Escuché el miedo en su voz, el temor de perderme nuevamente. Pero yo estaba allí, con él, en sus brazos, y por primera vez en días, sentí una paz que no había experimentado desde hacía mucho tiempo.
Pasamos la noche hablando de cosas insignificantes, riendo y disfrutando de la compañía del otro. El tiempo parecía detenerse cuando estábamos juntos. Las conversaciones eran simples, pero en cada palabra se tejía una conexión más profunda, una que comenzaba a sentirse como un refugio seguro en medio de todo lo que ocurría. Finalmente, me quedé dormida en sus brazos, sintiendo el calor de su cuerpo y la suavidad de su respiración. Era la primera vez en mucho tiempo que me sentía completamente a salvo.
Ahora, terminaba de colocar mi cadena con calma, preparándome para bajar a almorzar. Estaba en una fase curiosa con Mael, nuestra relación ya no era tan tensa, no era tan "te mato". Habíamos alcanzado una especie de equilibrio, algo llevadero, aunque aún quedaba un aire de desconfianza que no sabíamos cómo disipar.
Me miré en el espejo por un momento, pensando en cuánto había cambiado todo en tan poco tiempo. Las últimas semanas me habían sacudido más de lo que pensaba, pero aquí estaba, con la oportunidad de aprovecharlo un poco más. Oshin había sido un ancla para mí, alguien que me mostraba que tal vez podía dejar ir el peso del pasado, por un rato al menos.
He pasado mucho tiempo con Oshin, disfrutando de cada momento con él, y eso me hacía sentir... ligera. Connor había estado más tiempo aquí jugando con Roderick, y se llevaban de maravilla. Verlos juntos me hacía sonreír.
Terminé de arreglarme y salí del cuarto, bajando las escaleras. Cuando llegué al final, vi a Oshin en el inicio de las escaleras. Sostenía una pequeña flor entre sus dedos, girándola nerviosamente como si no supiera qué hacer con ella. Estaba recostado en la pared, mirando la flor con una intensidad que me pareció extraña, casi como si estuviera buscando una respuesta en ella.
—¿Oshi? —lo llamé, sonriendo ligeramente.
Se separó de la pared rápidamente, como si estuviera haciendo algo que no debía, y me miró con unos ojos que parecían perdidos. Luego, su expresión se suavizó, y se acercó a mí con una pequeña sonrisa nerviosa. Me extendió su mano con la flor.
—Toma —me dijo en un susurro, como si la flor fuera un regalo especial.
Sonreí tomando la flor con cuidado. La observé por un momento, admirando su delicadeza, lo perfecta que era en su simplicidad.
—Es muy linda, gracias —le dije, mirándolo a los ojos. En ese instante, algo se movió dentro de mí. Sentí esa conexión, esa chispa que comenzaba a prenderse entre nosotros.
—¿Almorzarías conmigo en el jardín? —preguntó, sus ojos buscando los míos con una mezcla de inseguridad y esperanza.
Lo miré confundida, sin comprender. Nadie me había dicho nada acerca de un almuerzo en el jardín.
—¿Almorzaremos en el jardín? —pregunté, alzando una ceja, aún procesando la idea. No sabía qué hacer con esa propuesta que no había sido parte de los planes.
Él negó rápidamente, sus dedos retorciéndose nerviosos como un niño a punto de confesar un crimen.
—Solo nosotros —aclaró, como si eso explicara todo.
Sonreí, sintiendo una oleada de alegría. Finalmente, un momento a solas, sin la presencia constante de Roderick o Connor, sin interrupciones. Solo él y yo. Sin pensarlo, asentí.
—Claro —dije, sintiendo un pequeño suspiro de alivio escapar de mis labios. Era como si un peso se levantara de mi pecho, y mi corazón latía más rápido, anticipando lo que vendría. Oshin sonrió, y con una expresión que reflejaba pura felicidad, extendió su mano hacia mí. No dudé ni un segundo en tomarla.
—Vamos —dijo, y entrelazó nuestros dedos, guiándome hacia las escaleras. Bajamos juntos, caminando en silencio, pero con una comodidad que me hizo sentir bien, como si nuestros cuerpos ya supieran el paso del otro.
Pasamos por el comedor, hasta llegar a la puerta trasera, y salimos al jardín. El aire fresco me recibió con una suavidad reconfortante. Había algo en ese lugar, algo en la quietud de ese momento que me hizo sentir completamente en paz. Pero entonces, Oshin se detuvo abruptamente, poniéndose frente a mí, y el nerviosismo volvió a apoderarse de él.
—Cubriré tus ojos —dijo, y pude escuchar la ligera tremolencia en su voz, como si no estuviera completamente seguro de lo que iba a hacer.
Asentí, sin poder evitar sonreír al ver lo tierno que se veía en ese momento. Él se movió detrás de mí, y un segundo después, sus manos cubrieron mis ojos, envolviéndome en oscuridad. Era un gesto simple, pero lleno de significado. Me rodeó por completo, y una sensación cálida me invadió.
—Avanza hacia adelante —dijo, y comencé a caminar, guiada solo por su voz y la suave presión de sus manos sobre mis ojos. Mi corazón latía más rápido de lo normal, cada paso que daba me llenaba de una emoción indescriptible. ¿Qué estaba pasando? ¿Qué me estaba preparando?
Nos detuvimos después de caminar varios pasos.
—Espera aquí, no abras los ojos hasta que te lo diga... ¿Bien? —me pidió, y su voz me hizo sentir una mezcla de anticipación y excitación. Asentí, mi mente aún procesando lo que ocurriría a continuación.
Poco a poco, sus manos se apartaron de mis ojos, y me quedé allí, en el jardín, esperando su señal. Podía escuchar su respiración cerca de mí, el suave crujir de la hierba bajo sus pies.
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Editado: 15.07.2026