Apartada Para El Alpha ( I I Libro )

Capitulo 61: "¿q-qui-quie-quieres se-..." (parte Dos)

—¿Q... qu... qu... quieres? —me maldije mentalmente, cerrando los ojos con fuerza, buscando algo de calma. Sentía que mi corazón iba a escaparse de mi pecho en cualquier instante, latiendo tan rápido que parecía que se desbordaría. Pero, aún con la presión de todo lo que estaba por decir, no quería arrepentirme de no haberlo intentado—. ¿Quieres ser mi novia? —pregunté, sin pensar demasiado, y con los ojos cerrados, de manera tan rápida que dudé si me había entendido.

—¿Q...ue? —murmuró ella, como si mis palabras aún no hubieran llegado a su mente. Abrí los ojos lentamente, buscando su rostro en la luz suave que nos rodeaba, y luego de una respiración profunda y controlada, repetí la oración con más calma, más claridad.

—¿Quieres ser mi novia? —dije ahora, un poco más entendible, mi voz temblando ligeramente, como si se arrastrara por el miedo de la respuesta, pero también con la esperanza que había guardado en mi pecho desde el primer día en que nos conocimos—. Creciste como una humana, y me gustaría que esto que tenemos, esta vez, sea construido en algo más sólido, con todos los títulos que tengan en el mundo y el universo... Quiero compartir absolutamente todo contigo, así sea lo más insignificante de la vida. Quiero que sea lo más importante del mundo, porque todo es muy importante para mí si estás involucrada en ello. Y esta sería mi manera de formalizar lo nuestro, al menos empezar a hacerlo como tú probablemente te acostumbraste de niña... —dije, mirando sus ojos todo el tiempo, buscando alguna pista en ellos, pero también con miedo a que algo de lo que dijera pudiera arruinar lo que tanto había deseado.

—¿No es broma, cierto? Porque si es así, te juro que... —su voz se quebró por un segundo, y sus ojos se llenaron de lágrimas. Cada palabra de su boca me atravesaba como una flecha, y antes de que pudiera decir más, no pude evitarlo. En un impulso, estampé mis labios contra los suyos, acallando todas las dudas, dejando que la emoción se desbordara en un beso lleno de promesas, de todo lo que sentía por ella. Fue un beso sincero, donde traté de transmitir todo mi amor, mi deseo de que esto no fuera un error, de que esto era lo que quería, lo que había deseado desde siempre.

Nos separamos por un momento, pero no pude evitar mantener nuestras frentes unidas. Sus ojos brillaban por las lágrimas y la emoción que se reflejaba en su rostro, en su risa, en la forma en que sus labios seguían temblando de felicidad. Esa sensación de verla tan vulnerable, tan abierta, me hacía sentir una mezcla de alegría y nerviosismo, como si el aire estuviera cargado de algo tan puro y tan real, que nada más existía en ese instante.

—No jugaría con ello, no creo poder hacerlo con nada que tenga que ver contigo, para ser honesto... —confesé, mi voz temblando levemente, mientras mis manos se deslizaban suavemente por su rostro, como si temiera que algo tan perfecto se desvaneciera de repente. Ella sonrió, su rostro lleno de una dulzura que me hizo sentir que, de alguna manera, todo encajaba.

—¡Sí, sí, sí, sí! —dijo varias veces, llenando mi rostro entero con pequeños besos mientras sonreía feliz. Entre cada afirmación, no pude evitar reír un poco ante su emoción, una risa contagiosa que me hacía sentir que nada podría arruinar ese momento. Estaba tan emocionado como ella, incluso más. Todo lo que había temido, todo lo que había dado vueltas en mi cabeza durante días, ahora parecía no importarme en lo más mínimo.

Sentía que nada podía acabar con mi felicidad en ese momento. Ella me llenaba de besos en el rostro, afirmando de la manera más linda que podía mi pregunta, la cual me había martillado la mente durante toda la semana. Estaba en una nube de alegría y amor, sin preocuparme por el mundo que estaba afuera, sin que nada ni nadie pudiera deshacer lo que estaba construyendo con ella.

—Te amo, pequeña —dije, cuando ella finalmente detuvo su ataque de besos en mi rostro, con una sonrisa sincera en mis labios. Y su sonrisa... su sonrisa era más amplia que la mía, era tan pura, tan llena de vida, que todo mi ser se derretía ante ella.

—Yo también te amo, Oshin —dijo ella, feliz, sin borrar su sonrisa. Luego, unió nuestros labios de nuevo, y esta vez, el beso fue más desesperado, más intenso, como si toda la emoción que nos habíamos guardado durante tanto tiempo finalmente estallara en ese instante. Nuestras lenguas danzaron, torpemente al principio, pero luego con más confianza, mientras ella se colocaba a horcajadas sobre mi regazo, sus manos buscando mi cuello, mis hombros, como si no quisiera separarse ni un segundo.

Nos separamos por falta de aire, jadeantes, nuestras respiraciones entrelazadas, pero las sonrisas seguían en nuestros rostros, tan naturales como siempre, como si fuéramos uno solo, ajenos al mundo que se desmoronaba a nuestro alrededor. Todo lo que importaba estaba en ese cuarto, en ese momento, entre nuestros labios y nuestros corazones latiendo al mismo ritmo.

Ella unió nuevamente nuestros labios en un beso más apasionado, mientras sus brazos rodeaban mi cuello, y tiraba de mi cabello de forma sutil, haciéndome soltar leves gruñidos. Mi cuerpo reaccionaba a cada caricia, a cada roce, pero me esforzaba por no perderme en el deseo, por no cruzar esa línea, esa barrera que ella había puesto entre nosotros, que yo respetaba más que nada. Sentía que ahora, más que nunca, debía ser delicado, debía ser paciente.

—O... shin —gimoteó ella, su voz llena de necesidad, y ese sonido, esa palabra, hizo que mi cuerpo respondiera instantáneamente. Pero algo en mí se detuvo, y me obligué a parar, a respirar profundamente, a controlar mis impulsos.

—No podemos aquí —murmuré, mi respiración irregular, y supe que si seguía, perdería el control. No quería que fuera algo apresurado, no quería que ella se sintiera usada, o como si fuera solo una pasión sin sentido. Quería que fuera especial, para ella, para los dos. Quería que recordara este momento por siempre. —Quiero que sea especial... —murmuré, avergonzado, mi rostro sonrojado por la vulnerabilidad que sentía al decir esas palabras. Ella tomó mi rostro con sus manos y me hizo verla a los ojos.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.