—Este lugar es asombroso —dijo Oshin, y sonreí, sintiendo el calor de sus palabras recorrer mi cuerpo como una caricia. Había algo especial en cada momento que compartíamos, algo que me hacía pensar que quizás las cosas entre nosotros no eran solo un capricho pasajero.
—Es mi línea —murmuré, y al hacerlo, sentí un suspiro escapando de mis labios, mientras mi mirada se perdía en el cielo.
Garret. Garret... De repente, su nombre inundó mis pensamientos con una intensidad inesperada. No podía evitarlo, su rostro, su voz, su presencia... todo de él estaba grabado en cada rincón de mi mente. Eso me hizo fruncir el ceño, intentando deshacerme de esa imagen tan persistente que no dejaba espacio para nada más.
—Nadie, además de Connor, Garret y yo, puede acceder a ella a placer... —dije, con una mezcla de inseguridad y determinación. Al final, tenía mis razones para tomar esa decisión, pero no dejaba de preguntarme si había sido la correcta.
—Aquí hay cocina, yo sí tengo hambre... —añadí rápidamente, tratando de desviar mis pensamientos. No quería que nada interfiriera con este momento perfecto. Necesitaba escapar de esos pensamientos oscuros que me acosaban, esos que no me dejaban disfrutar al completamente de la felicidad que Oshin me estaba ofreciendo.
—Entonces desayunaré aquí con mi hermosa y bella novia —dijo Oshin, besando mi cuello, y un estremecimiento recorrió mi cuerpo.
Reí, negando, pero al mismo tiempo adorando la manera en que lo dijo. "Su novia." Esa palabra me sonaba a música, pero al mismo tiempo me llenaba de dudas. ¿Realmente era así? ¿Era esta la vida que quería?
—En la cama tienes un cambio de ropa, la puerta café es el baño, iré a preparar el desayuno mientras tomas un baño —le dije, aunque mi voz temblaba un poco por las emociones encontradas que afloraban dentro de mí. Él rió y se giró, como si fuera un baile. En ese instante, me sentí liviana, como si todo fuera posible. Pero esa sensación desapareció tan rápido como vino, y me vi atrapada en un torbellino de incertidumbre.
—Bien, te espero abajo —murmuré, separándome de él. Fue difícil dejarlo ir, pero sabía que tenía que tomar un respiro. No podía aferrarme a él todo el tiempo.
—Claro, pequeña —dijo él, con una sonrisa que me hizo olvidar por un momento todo lo que me perturbaba. Ambos entramos al cuarto, y yo salí hacia la cocina mientras él tomaba la ropa y luego al baño para ducharse.
La mañana transcurrió lentamente, entre risas, bromas y besos. Todo parecía tan perfecto que, por un momento, me olvidé de mis temores, de las dudas que me acechaban. Estaba con Oshin, y eso, por un momento, me hacía sentir completa. Sin embargo, en el fondo de mi mente, una voz susurraba que las cosas no eran tan sencillas. Siempre había algo esperando a estropear la felicidad, como si no pudiera permitirme vivir en paz por mucho tiempo.
Ahora dudaba si irme o no. Todo parecía marchar tan bien que no quería irme. No quería que nada de lo que estaba viviendo se desmoronara. Pero la decisión ya estaba tomada, y tenía que mantenerla. Eso era lo que quería... mantener esta relación, esta vida... pero, a medida que pasaba el tiempo, me resultaba más difícil no preguntarme si estaba equivocada al confiarme tanto. ¿Me había precipitado? ¿Había realmente comprendido todo lo que implicaba convivir con Oshin? Estaba atrapada en una maraña de pensamientos contradictorios.
Sabía que tenía que aclararme, y rápido, antes de que las sombras volvieran a alcanzarme. Los gemelos pronto saldrían del inframundo hacia aquí, y eso me inquietaba profundamente. No venían en son de paz, eso estaba claro. Ellos traían muerte y destrucción consigo, y no se irían hasta que uno de los dos cayera. Y no iba a ser yo. No podía permitir que fuera yo.
Por la tarde, antes del almuerzo, regresamos a la manada, tomados de la mano, con la felicidad aún a flor de piel. Sin embargo, una ligera opresión en el pecho me recordaba que nada era permanente, que todo podía cambiar en un instante.
Entramos a la casa, y después de unos minutos, nos dirigimos al comedor a almorzar con todos. El ambiente era alegre, lleno de risas y bromas. Ai se veía perfecta, como siempre, acompañada de Riu, quien parecía más relajado que de costumbre. Por un momento, todo parecía estar en su lugar.
—¡Fumiko! —gritaron en el comedor, y un estremecimiento recorrió mi cuerpo al reconocer esa voz tan familiar. Mi corazón dio un brinco en mi pecho, y no pude evitar sentir cómo la calma se desvanecía de golpe. —¡Han Logrado Salir! —gritó, alterado. El comedor se quedó en silencio, y todos miraban a Garret, que estaba detrás de mí. No necesitaba voltear a verlo para saber que era él. Su voz me era inconfundible.
—¿Quién es usted y qué hace en mi casa? —preguntó Mael, mirando a Garret con evidente molestia. Su tono me hizo sentir una punzada de incomodidad, pero mi mente seguía fija en Garret. Su presencia, su llegada... todo lo que implicaba.
—¿De qué habla, bonita? —me llamó Riu, ignorando a todos, y me levanté de la mesa sin pensar, el corazón latiendo aceleradamente.
—¿Hace cuánto? —pregunté, sin voltear a verlo. Sentí que el aire se me escapaba de los pulmones, como si todo se estuviera desmoronando.
"Sabía que todo iba demasiado bien..." me quejé en mis adentros. Había sido demasiado ingenua si pensaba que las cosas podían permanecer en paz.
—Ahora mismo... no pude mantener su línea más tiempo cerrada —dijo Garret, ignorando a Mael y sus reclamos. Volteé a verlo, sintiendo una punzada de culpa al ver sus ojeras y su expresión triste. Parecía cansado, pero su mirada estaba fija en mí, como si esperara algo que no sabía qué era.
—Garret... —murmuré, alzando la voz con un dejo de dolor. Si estuvo ayer... La negación en su rostro me cortó la respiración.
—No es momento, linda —interrumpió, sonriéndome de forma forzada. Fue una sonrisa vacía, que hizo que mi estómago se retorciera. Asentí sin ganas, con los puños cerrados, sabiendo que algo había cambiado.
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Editado: 15.07.2026