Apartada Para El Alpha ( I I Libro )

Capitulo 64: "no ahora" (parte uno)

"No necesito tus razones por la cual se supone debo estar bien"

Oshin Itreque

"¿Garret?, ¿Garret?, ¿Ese nombre?, ¿De dónde me suena ese nombre?", me preguntaba una y otra vez en mi mente, mientras observaba el lugar por donde mi pequeña había salido hace unos segundos, después de la repentina aparición de ese hombre. El comedor seguía en total silencio, la atmósfera cargada de confusión y tensión. Todos miraban el mismo lugar que yo, pero nadie parecía entender lo que había dicho él ni por qué mi pequeña reaccionó de esa manera.

" —Esta es mi línea— me dijo ella con esa sonrisa dulce, esa que siempre me había conquistado, mientras la abrazaba con ternura. Me sentía completo, pleno, al tenerla en mis brazos, mirando el cielo rosa de este extraño lugar. Ese cielo, tan diferente y tan hipnotizante, era el reflejo de lo que sentía en ese momento, como si todo estuviera en su lugar. Pero lo que me dijo a continuación,

—Solo Connor, Garret y yo podemos acceder a ella sin problemas...— no me pareció tan claro. La sonrisa de ella se amplió, pero algo en su tono me hizo dudar, como si estuviera hablando de algo que no entendía por completo. "

Mis ojos se abrieron de golpe cuando, de repente, una idea recorrió mi mente, conectando las piezas que había pasado por alto.

"¿Será el mismo Garret que mencionó ella esta mañana?" pensé, mientras un sentimiento de celos comenzaba a surgir en mi pecho. A pesar de mi intento por controlar mis emociones, la idea de otro hombre relacionado con ella, aunque no supiera quién fuera exactamente, me hacía sentir incómodo. Ese nombre resonaba en mi mente, y cada vez que lo pensaba, más me invadía la incomodidad.

Pero lo que realmente me inquietó fue su reacción cuando él mencionó que "salieron de no sé dónde, de no sé qué personas". Vi cómo el brillo en sus ojos desaparecía de inmediato, como si alguien hubiera apagado una luz brillante. La chispa en su mirada, tan característica y llena de vida, se oscureció, volviéndose fría y distante. Sus ojos celestes, que siempre reflejaban su alma tan pura, se tornaron opacos, casi vacíos. Fue como si una sombra hubiera caído sobre ella, y eso me causó un escalofrío profundo. No era solo tristeza, sino algo más oscuro, algo que no podía comprender.

"¿Quiénes salieron? ¿A qué se refiere con eso?" pensaba, intentando ordenar mis pensamientos. Quería comprenderlo todo, pero las piezas no encajaban. Mi mente estaba hecha un lío, y la ansiedad comenzaba a apoderarse de mí. No podía quedarme quieto sabiendo que algo le estaba afectando de esa manera. Si él la conocía, si había algo más en esa relación, yo tenía que entender qué era, por qué la hacía sentirse así. Mi instinto me decía que debía actuar, pero no sabía cómo.

Finalmente, después de quedarme inmóvil un par de segundos, harto de no entender nada, me levanté y decidí ir tras ella. Mi cuerpo se movía casi por instinto, aunque mi mente estaba desbordada de preguntas y emociones que no sabía cómo gestionar. La necesitaba, quería saber si podía ayudarla, aunque no sabía exactamente cómo.

—¿Papá? —me llamó Roderick, mirándome desde su lugar con el ceño fruncido, notando probablemente la expresión en mi rostro. Esa mirada, esa pregunta, era lo de menos en ese momento. Por primera vez desde que lo tuve en mis brazos, ignoré por completo su llamada. No podía quedarme ahí. No tenía tiempo para explicaciones, no cuando ella estaba fuera, confundida y probablemente herida. Solo necesitaba saber qué estaba pasando.

Salí del comedor sin mirarlo, sin responderle, y seguí los pasos que ella había tomado antes hacia la parte delantera de la casa. Allí, en ese espacio abierto, podía escuchar fragmentos de lo que decían, pero no lograba entenderlo todo. Ella estaba exaltada, él parecía apenado, su rostro mostraba un dolor que no entendía. Al final, después de un par de intercambios, él se fue, desapareciendo de mi vista, y ella se quedó allí unos segundos más. Luego, sin decir palabra, se adentró en el bosque, murmurando cosas ininteligibles. Su caminar era errático, como si algo la estuviera consumiendo por dentro.

Quería ir tras ella, seguirla, preguntarle qué había ocurrido, ofrecerle mi apoyo, mi consuelo. Pero sabía que, si ella había tomado ese rumbo, era porque quería estar sola. La conocía lo suficiente para saberlo. Aun así, era tan difícil quedarme quieto, no hacer nada. ¿Por qué no podía ser más valiente, más audaz? Pero algo me decía que no debía seguirla, que no debía presionarla. Necesitaba tiempo, espacio. Y aunque mi corazón me pedía ir tras ella, mi mente me decía que lo mejor era respetar su deseo de estar sola. No quería incomodarla, no quería que pensara que, porque ahora la había hecho mía, sentía que tenía derecho sobre ella. Eso era lo último que quería.

"Soy consciente de que ese derecho lo perdí desde el primer instante en que la lastimé..." Pensé, con un dolor profundo, como si una parte de mí se desgarrara por completo. Había cometido tantos errores en el pasado, tantas decisiones equivocadas, que ahora me era difícil imaginar cómo podría volver a ganarme su confianza, su cariño.

Suspiré profundamente, casi con desesperación. Estaba agotado, no solo físicamente, sino emocionalmente. La batalla interna que había librado en los últimos minutos me había dejado sin fuerzas. Sabía que debía mantenerme ocupado, que tenía que alejarme de esos pensamientos oscuros que me nublaban la mente. No podía seguir ahí, no quería ser una carga para ella. Así que salí de la casa, dispuesto a hacer mi ronda de vigilancia, con la esperanza de distraerme, de no pensar en lo que acababa de suceder. Mientras caminaba, repitiéndome una y otra vez en mi mente:




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.