Fumiko Ibars
—Esto tiene que ser una broma —me quejé por sexta vez, con fastidio, sin mirar a Garret. Mis manos recorrieron mi rostro, tratando de aliviar la presión en mi mente, que no paraba de girar como un torbellino. Las palabras de Garret resonaban en mis oídos, y no podía dejar de repetirlas, como si hubiera algún significado oculto detrás de ellas, algo que todavía no entendía, pero que me incomodaba profundamente.
—Lo siento, fue mi culpa... Me distraje y ellos aprovecharon eso para salir... —se disculpó Garret nuevamente, y al escuchar su voz, sentí que un nudo se formaba en mi estómago. Levanté la vista hacia él, pero no pude mirarlo a los ojos. Sabía que su culpa no era real, que en realidad, si alguien tenía la culpa, era yo. Me sentía como una idiota, una estúpida que no sabía cómo manejar la situación. Y más aún, me sentía como si estuviera rompiendo algo precioso, algo que, hasta ahora, había sido perfecto.
Lo miré, y por segunda vez en mucho tiempo, sentí el peso de lo que estaba haciendo. No solo había dañado nuestra amistad, sino que estaba siendo egoísta, insensible a los sentimientos de alguien que había estado a mi lado, sin hacer preguntas, sin esperar nada a cambio. Yo, por otro lado, no había sido tan clara, no había tomado en cuenta sus sentimientos hacia mí, y ahora todo eso se desmoronaba.
—No te preocupes por eso —dije, tratando de restarle importancia a la situación, pero mi voz sonaba vacía, como si las palabras no pudieran siquiera cubrir lo que sentía. Pasé mis manos por mi rostro, intentando contener las lágrimas que amenazaban con escapar. Me sentía tan frustrada, tan derrotada. ¿Por qué no podía simplemente tener un momento de paz? ¿Por qué siempre había algo que arruinaba todo?
Todo había estado perfecto, mejor que perfecto, y de repente, esa noticia me cayó como un peso sobre el pecho. Me golpeó con la fuerza de una patada, desestabilizándome de manera brutal. La calma y la serenidad que había encontrado por un breve momento se esfumaron, y todo lo que había construido en mi mente se desmoronó al instante. El universo, parece, no tenía intención de dejarme disfrutar de un solo día sin que algo saliera mal. Siempre había algo, siempre había alguien o algo que me obligaba a despertar de mis sueños, a darme cuenta de que no podía tenerlo todo. No podía disfrutar de la paz sin pagar el precio.
—Tienes que tener cuidado, linda. Estando aquí, buscarán la manera de debilitarte —dijo Garret, con un tono apagado, casi melancólico, pero aún así, su voz tenía esa dulzura que siempre lo caracterizaba. Sus ojos, que normalmente brillaban con energía y vida, ahora estaban apagados, vacíos. La expresión en su rostro era seria, dura, como si la situación lo hubiera afectado de una manera más profunda de lo que estaba dispuesto a admitir. Yo lo veía, y sentía una punzada de culpa. No había sido solo él quien había sufrido por esto, yo también lo estaba haciendo.
Asentí, sin mirarlo, porque no quería que viera lo que sentía. No quería que supiera lo terrible que me sentía por todo lo que había sucedido. La culpa me estaba comiendo por dentro, y no podía hacer nada para evitarlo. Mi mente comenzaba a trabajar a mil por hora, dándome vueltas a mil pensamientos que no lograban encontrar una salida. Era un caos total en mi cabeza.
—Cuanto antes vengan esos bastardos, más rápido acabaré con esto —dije, tratando de sonar decidida, como si tuviera todo bajo control, pero en el fondo sabía que estaba mintiendo. Sabía que, aunque quería seguir adelante con mi plan, las dudas y los miedos seguían acechando en mi mente. A veces, incluso me preguntaba si realmente estaba preparada para lo que se venía. Si de verdad podía soportar el peso de lo que había decidido.
Garret me miró entonces, y por un momento, su expresión se suavizó, como si, a pesar de todo, aún creyera en mí. Sonrió levemente, mostrando sus dientes blancos, y asintió lentamente, como si estuviera aceptando lo que le había dicho. Pero en sus ojos seguía habiendo algo de tristeza, algo que no podía ocultar, y eso me hizo sentir aún peor.
—Yo me iré, a... algún lado —dijo Garret, con voz baja, como si estuviera buscando una excusa para desaparecer, para escapar de la situación, como si el peso de todo lo que estaba sucediendo lo estuviera ahogando. Lo observé mientras se alejaba, y una sensación de vacío me invadió. Nunca se iba sin darme un abrazo o un beso en la mejilla o en la frente. Algo que me recordaba que, a pesar de todo, siempre había estado a mi lado, incluso en los momentos más oscuros.
—Adiós, Garret —murmuré, en un susurro, como si mi voz fuera incapaz de alcanzar la intensidad de lo que sentía. Pasé mis manos por mi rostro, desesperada, tratando de calmarme, pero nada parecía funcionar. Respiré hondo y, con un esfuerzo monumental, traté de ordenar mis pensamientos.
El bosque, frente a mí, se veía tétrico y vacío, como si reflejara el caos dentro de mí. El silencio era profundo, opresivo, y el aire estaba inmóvil. Cada paso que daba me llevaba más adentro, más lejos de todo lo que había sucedido, pero al mismo tiempo, me acercaba más a mis propios demonios. Sabía que necesitaba estar sola. Necesitaba vaciar mi mente, calmar mis pensamientos, y lo único que podía hacer era caminar, alejarme de todo lo que me rodeaba, sumergirme en el bosque y tratar de encontrar alguna respuesta, algún consuelo.
Tenía que hacerlo. Si realmente quería que todo esto saliera como lo había planeado, si quería que todo terminara de la mejor manera posible, entonces debía enfrentar lo que estaba por venir. Pero era difícil. Las vidas de millones de personas estaban en mis manos, y aunque lo decía con firmeza, sabía que no estaba preparada. Era solo una mocosa, una estúpida, y las decisiones que había tomado hasta ahora me pesaban como una carga imposible de soportar. Pero no podía darme el lujo de arrepentirme. No podía detenerme ahora. Tenía que seguir adelante, por el bien de todos, incluso si eso significaba perderme a mí misma en el proceso.
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Editado: 15.07.2026