"Doy un paso atras, ya no te detengas a mirar este corazon lleno de espinas que te lastima"
Garret Exovarion Luxverum
Mi cabeza daba cientos de vueltas, tratando de buscarle sentido a esta mierda.
Los poderes de Fumiko no funcionaron durante una hora entera. Una maldita hora. ¿Qué carajos pasó ahí? ¿Cómo es posible que algo así ocurriera? Ella nunca había perdido sus poderes de esa forma, ni siquiera en los momentos más críticos. Algo dentro de mí me decía que esto no fue un accidente, que había algo-o alguien- detrás de todo esto.
Mi mandíbula se tensó al pensar en ello. Sentí un peso sofocante en el pecho, una presión que me hacía querer gritar, querer romper algo, porque esto no era normal. Esto no era una simple coincidencia.
Y luego estaba ella.
Fumiko.
Destrozada. Vacía. Sin luz en su mirada.
Verla en este estado me partía el alma, porque nunca la había visto así. Había sido testigo de su dolor en muchas ocasiones, de sus luchas, de su soledad, de su sacrificio por los demás. Pero esto... esto era diferente. Esto era un abismo.
Y lo peor de todo es que sentía que la estaba perdiendo.
No me había dado cuenta hasta ahora, hasta este preciso momento, lo profundo que era su amor por ese Alfa. Hasta ahora no había querido aceptarlo por completo, pero viéndola así, con el alma desgarrada, me quedó más que claro.
Yo jamás podré ocupar su lugar.
Porque él es su todo.
Porque ella lo ama más que a su propia vida.
Porque es capaz de cualquier cosa por traerlo de vuelta.
Y sé que cuando digo cualquier cosa, lo digo literalmente.
Mis manos se cerraron en puños. No lo permitiré.
Hay muchas cosas en las que nunca he estado de acuerdo con Fumiko. Decisiones que ha tomado y que, aunque me duelen, he aceptado por respeto a ella. Siempre me quedo callado, la dejo hacer lo que cree correcto. Pero esta vez no.
Esta vez no voy a permitir que se sacrifique de esa manera.
Sé que dudó sobre cambiar las líneas. Que por un instante, incluso consideró quedarse aquí, con él. Su mente es un libro abierto para mí, y por eso sé que su amor por Oshin va más allá de lo que cualquier ser podría llegar a entender.
Pero entonces, ¿cómo carajos Lucifer supo dónde estaba él en ese preciso momento?
¿Cómo logró hacer esto sin que nadie lo detuviera?
Hay demasiadas cosas que aún no entiendo sobre esos gemelos. Y de los dos, Lucifer es el más complicado de descifrar.
Él es capaz de todo por Hades. De la misma forma en que Fumiko es capaz de todo por ese Alfa.
Suspiré pesadamente, sintiendo de nuevo ese pinchazo en el pecho. Era algo que me ocurría cada vez que Fumiko sufría de esta manera. Una conexión entre nosotros, aunque ella nunca lo ha notado-y si lo ha notado, simplemente ha decidido ignorarlo-. No le diré nada al respecto, porque no tiene sentido.
Porque no importa.
No ahora.
Me teletransporté hasta donde ella estaba, y lo primero que vi fue su cuerpo frágil y deshecho, tirado al pie de la cama, su rostro hundido entre sus brazos, sollozando con una desesperación que me hizo sentir como si me estuvieran arrancando el corazón.
No podía verla así.
Sobre la cama, su cuerpo inerte y frío estaba tendido. Oshin.
Pálido. Sin vida. Vacío.
Ese vacío era lo que más me inquietaba. No el hecho de que estuviera muerto, sino la sensación de que algo había desaparecido con él. Algo que no entendía, pero que podía sentir.
Mi mirada se fijó en Fumiko de nuevo. Ella temblaba, empapada por la tormenta que no solo la había azotado por fuera, sino que la había calado hasta los huesos. Su dolor era tan palpable que llenaba la habitación como una niebla densa y sofocante.
Quería acercarme, abrazarla, decirle que todo estaría bien.
Pero sería una mentira.
Porque nada estaba bien.
Y porque yo no soy quien puede aliviar su dolor.
No soy yo a quien necesita.
Apreté los dientes al darme cuenta de la verdad que siempre intenté ignorar.
Oshin es su destino. Su vida. Su otra mitad.
Y aunque me duela hasta el alma, aunque cada parte de mí grite que ella debió ser mía desde el momento en que nació...
No soy nadie para interponerme en su felicidad.
Nadie. Absolutamente nadie.
El amor que ellos dos comparten es algo que no puede romperse. En más de cuatrocientos mil años de existencia, jamás había visto algo tan fuerte, tan puro, tan inquebrantable. Y eso, aunque me destroce, es suficiente motivo para hacer todo lo que esté en mi poder para que vuelvan a estar juntos.
Pero eso me lleva de vuelta a Lucifer.
¿Cómo diablos rompió mi hechizo?
¿Cómo permitió que esa mujer demonio entrara en la etapa de celo de Oshin?
Esa vez sentí que había algo más detrás de todo esto. Algo que no pude ver en su momento, pero que ahora cobra sentido.
Esto no fue una simple manipulación.
Esto fue un juego.
Un juego de ajedrez en el que Lucifer ha movido las piezas desde las sombras.
Y si él está detrás de todo esto, significa que hay algo mucho más grande en juego.
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Editado: 15.07.2026