"Ella salio al bosque toda asustada y sola, entonces algo la arrastro y le dijo.
*No te preocupes, solo te sigo a donde vayas. En la cima sobre las montañas o valle bajo, te daré todo lo que has soñado, solo dejame entrar*"
Fumiko Ibars
—Lo siento…— susurré, pero mi voz se ahogó en el vacío.
Nadie me escuchaba. Nadie me respondía.
El silencio de la habitación se sintió más pesado que nunca, sofocante, como si las paredes se cerraran sobre mí con cada latido de mi corazón. Sentía mi cuerpo entumecido, mi pecho desgarrado y la garganta en carne viva por tanto llorar y gritar. Las lágrimas aún ardían en mis mejillas, pero ya no tenía fuerzas ni para secarlas.
Me incorporé lentamente, sintiendo mis piernas débiles, como si mi propio cuerpo estuviera negándose a seguir adelante. Caminé con pasos torpes hasta el baño y cerré la puerta tras de mí. La luz fría del espejo reflejó mi rostro pálido, los ojos hinchados y rojos, las sombras oscuras bajo ellos que delataban el insomnio de las últimas noches. Me veía deshecha.
Pero no me permití detenerme.
Con un movimiento mecánico, abrí la llave de la ducha y me metí bajo el agua sin siquiera quitarme la ropa. El agua caliente golpeó mi piel con fuerza, empapando la tela y pegándola a mi cuerpo en cuestión de segundos. No me importó. No quería sentir nada más.
Apoyé las manos contra la pared de la ducha y bajé la cabeza, dejando que el agua cayera sobre mí, ahogando mis sollozos silenciosos. Pero no podía apagar los pensamientos que rugían en mi mente.
Él me lo prometió.
Cerré los ojos y me dejé llevar por el doloroso recuerdo.
" —Gracias —susurró contra mi piel.
Mi corazón se aceleró al escuchar su voz. Lo miré con ternura, apoyando mi barbilla en su pecho desnudo, sintiendo el calor reconfortante de su cuerpo.
Él me rodeó con sus brazos y dejó un beso sobre mi frente.
—¿Por qué? —pregunté, sonriendo sin darme cuenta.
Él esbozó una media sonrisa y acarició mi espalda con suavidad.
—Por hacerme el hombre más feliz de este mundo.
Su voz era un susurro cálido, íntimo, una caricia que envolvía cada parte de mi ser.
Mi pecho se llenó de una sensación tan dulce y profunda que sentí que podía quedarme así para siempre. Lo amaba con cada parte de mi alma, con cada latido de mi corazón.
—Si no me equivoco, en un mes es tu cumpleaños, ¿cierto? —dijo de pronto, con una chispa traviesa en los ojos.
Asentí despacio, trazando líneas invisibles en su piel con la yema de mis dedos.
—Sí... pero no me agrada celebrarlo.
Él frunció el ceño y, con un movimiento rápido, giró sobre sí mismo hasta quedar sobre mí, atrapándome bajo su cuerpo sin aplastarme.
—Eso no lo puedo permitir —se quejó, con fingida indignación.
Sonreí con diversión y arqueé una ceja.
—¿Ah, no?, ¿Y qué harás al respecto?
Sus labios se curvaron en una sonrisa segura.
—Iremos a París por tu cumpleaños.
Mi corazón dio un vuelco.
—Ya he ido allá —murmuré, intentando sonar indiferente, aunque la emoción vibraba en mi voz.
Él se inclinó y dejó un beso en mi cuello, provocando un estremecimiento que recorrió todo mi cuerpo.
—Pero no has ido conmigo —susurró entre besos, su aliento cálido rozando mi piel.
Cerré los ojos un momento, dejándome llevar por su toque.
—Pues no…— murmuré con una pequeña risa.
Él levantó la cabeza, dejó un último beso en la punta de mi nariz y apoyó su frente contra la mía.
—Entonces está decidido. Iremos a París juntos por tu cumpleaños.
Sonreí con una felicidad tan pura que sentí que mi corazón iba a explotar.
Pero entonces, la duda cruzó mi mente como una sombra.
—¿Lo prometes? —pregunté en un susurro, con miedo a la respuesta.
Él sostuvo mi rostro con una mano y con la otra se apoyó sobre la cama, observándome con una intensidad que me hizo olvidar el mundo entero.
—Lo prometo —murmuró antes de besarme. "
Abrí los ojos con brusquedad, sintiendo una puñalada en el pecho.
Mentira.
Todo había sido una mentira.
El agua seguía cayendo sobre mí, caliente, abrasadora, pero no lograba calentar el vacío helado que se expandía dentro de mi pecho. Me sentí débil, desgastada, como si cada parte de mi ser estuviera desmoronándose.
Él me lo prometió.
Y aún así, no cumplió.
Un sollozo escapó de mis labios antes de que pudiera contenerlo. Me deslicé lentamente hasta quedar sentada en el suelo de la ducha, abrazándome a mí misma mientras las lágrimas se mezclaban con el agua.
¿Por qué?
¿Por qué tenía que doler tanto?
¿Por qué cada recuerdo suyo se sentía como un cuchillo clavándose más y más profundo?
Me había entregado a él con todo mi ser. Le había dado mi amor, mi confianza, mi corazón entero… y ahora todo lo que me quedaba era un abismo de dolor.
Cerré los ojos y apreté los dientes, intentando controlar el temblor en mis manos.
No debía llorar más. No debía seguir esperando algo que jamás iba a volver.
Pero… ¿cómo se apaga un amor que fue real?
Me quedé ahí, bajo el agua, dejando que el tiempo pasara, sin saber si alguna vez volvería a sentirme completa otra vez.
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Editado: 15.07.2026