Apartada Para El Alpha ( I I Libro )

Capitulo 76: "no hagas esto"

"Mi cabeza daba vueltas, mi garganta ardía, mi estomago dolía, mis ojos palpitaban, mi corazon dolía y mi alma, no la sentia...

Era como si estuviera rota, o oculta... No lo sabía"

Fumiko Ibars

Habían pasado cuatro días desde que Oshin fue enterrado en el panteón de la manada. Cuatro días de vacío absoluto, de silencio ensordecedor que me carcomía desde adentro. Oshin ya no estaba, su cuerpo descansaba bajo la fría tierra, pero su presencia era un fantasma que no dejaba de rondarme. Roderick, por otro lado, había decidido seguirme como si fuera una sombra constante. Tenía esa manera extraña de estar cerca, siempre observando, y aunque me molestaba profundamente en muchos momentos, empecé a darme cuenta de que ese mocoso no tenía la culpa de nada. Él no era responsable de lo que había ocurrido.

Todo mi odio y desprecio, la rabia que solía volcar sobre él, la había reorientado hacia esos bastardos que habían acabado con Oshin.

Había momentos en los que la multicolor, como solía llamarla, y yo nos sentábamos a hablar, generalmente sobre ese maldito libro que había sido la clave para que esos bastardos pudieran acabar con Oshin. Cada palabra que decía el libro, cada maldita página, seguía quemando mi mente, recordándome lo que había perdido. Y no solo eso, sino que la multicolor me enseñó algunos hechizos, unos malditos hechizos de bloqueo para neutralizar la magia de ese maldito libro. Solo el pensar que los bastardos seguían siendo una amenaza, que podían volver a hacer lo mismo otra vez, me ponía los pelos de punta.

Me sentía impotente, como si todo lo que pudiera hacer ya no tuviera valor. Cada noche, después de todo, me vestía con una de sus camisas, esa que había quedado impregnada con su aroma, y me dirigía al cementerio. Allí, en medio de la oscuridad, me quedaba junto a su lápida, inmóvil, esperando. Connor siempre llegaba para hacerme compañía. Se quedaba conmigo hasta la madrugada, hasta que el sol comenzaba a despuntar en el horizonte y me tocaba regresar a casa. Era mi ritual, mi forma de no perderme por completo, de recordar que en algún momento de mi vida, mi mundo había estado completo con Oshin.

Pero desde ayer, algo se había desbordado dentro de mí. Una molestia constante en el pecho, un dolor agudo que me había robado el sueño. La ira, la tristeza, todo me ahogaba.

Por primera vez en mi vida, me entregué al alcohol, buscando, quizás, la forma de desconectar de esa maldita realidad. Bebí hasta perder el control, hasta llegar al punto de no poder recordar ni siquiera mi nombre, aunque el nombre de él, el de Oshin, seguía sonando en mi cabeza, una y otra vez, junto a su voz diciéndome "te amo" antes de caer en el abismo de la muerte.

Ahora, mientras mi cuerpo estaba intoxicado por el alcohol, me encontraba tirada sobre la fría tierra del cementerio. La lápida frente a mí, ese cruel recordatorio de lo que había perdido. La miré una vez más, como si esperara que las palabras grabadas allí me pudieran devolver algo de lo que ya nunca tendría.

" Oshin Bladimir Itreque Melgur
1992 - 2024
Descanse en paz Alpha. "

Vi la foto de Oshin, esa imagen reciente en la que su mirada aún irradiaba vida, y un nudo se formó en mi garganta. Gruñí de frustración al ver que la botella de vodka estaba vacía. Mi cuerpo ya no resistía más, pero aún así me estiré, buscando la siguiente botella que había dejado caer a mis pies. No importaba cuántas veces me cayera, no importaba cuántas veces tuviera que beber para escapar, la idea de perderlo a él siempre estaba ahí.

Un gruñido bajo me interrumpió. Miré hacia el lado y vi a un enorme perro gris, de ojos cansados, que me miraba con cierta desaprobación. Lo ignoré.

—Ugh, largo pulgoso…— murmuré, incapaz de levantarme. Alcancé la botella, la abrí y cuando iba a llevarla a mis labios, sentí cómo alguien me arrebataba la botella de las manos.

—Deja de tomar esto—, dijo una voz grave, y una sombra se proyectó frente a mí. Rodé los ojos, un gesto lleno de desesperación y cansancio.

—No sé quién carajos eres, sombra de mierda, pero consíguete tu propia botella— gruñí. Mi cabeza daba vueltas, todo se sentía difuso. Solo podía recordar fragmentos de recuerdos, flashes de él, Oshin, en mis brazos, diciendo "te amo" antes de perderse. Todo lo demás era un vacío profundo, un abismo que me estaba consumiendo.

La sombra se acercó más, tomó mi brazo con firmeza y me levantó con una fuerza que no pude contrarrestar.

—Déjame estar con mi muerto. No ves que me siento mejor aquí—, me quejé mientras mis piernas no respondían. Era como si mi cuerpo ya no estuviera conmigo, como si me hubiera entregado por completo a la oscuridad.

—Deja esto, Fumiko— gruñó la sombra, esta vez más cerca. La voz se volvía más familiar. Me cargó con facilidad, como si fuera una muñeca de trapo, sin que pudiera hacer nada más que quejarme.

—¡Bájame!— me quejé, mientras intentaba zafarme, pero era inútil. Mi cuerpo, pesado por el alcohol, no reaccionaba como quería.

—No, Fumiko. Basta. No soporto ver cómo te destruyes a ti misma de esta manera— dijo él, casi con desesperación. Pero no podía comprender del todo sus palabras. Mi mente estaba demasiado nublada para entender lo que quería decirme.

—No sé quién mierdas es Fumiko—, gruñí, dejando caer mis brazos como fideos a los lados. Lo miré, confusa, como si no tuviera ni idea de lo que estaba ocurriendo. —¿Es linda?, ¿Es tu novia?— pregunté de manera burlesca, ignorando por completo el dolor y la preocupación que emanaban de sus ojos. Él suspiró profundamente.

—Te llevaré a casa— dijo finalmente, con una resolución que me desconcertó aún más. Una ola de oscuridad nos envolvió, y de repente estábamos en un baño. La fría cerámica me rodeaba, y él me colocó suavemente sobre una tina de color crema, abriendo la llave para que el agua helada cayera sobre mí.




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