Apartada Para El Alpha ( I I Libro )

Capitulo 77: "maldita molestia" (parte uno)

"¿No es agradable, estar en total soledad?
Corazón de cristal, mi mente de piedra.
Me haces pedazos, hasta llegar al hueso.
Hola, bienvenida a casa.

Hola, bienvenida a casa."

Fumiko Ibars

Me removí en la cama, cubriéndome la cara con la almohada, intentando bloquear todo lo que podía. Mi cabeza parecía que iba a estallar en cualquier momento, y todo daba vueltas sin detenerse. El dolor era insoportable, como si mil martillos golpearan mis sienes. Había bebido demasiado anoche, una vez más, y el resultado era predecible, aunque siempre lo ignoraba cuando decidía que debía beber para escapar de todo lo que me atormentaba. Pero ahora, mi cuerpo lo estaba pagando caro. Traté de ignorar el sonido de mis propios pensamientos, pero era imposible.

Escuché una voz familiar desde la puerta del cuarto, y su tono inconfundible atravesó mi mente nublada.

-Buenos días, linda, arriba -dijo Garret, casi en tono de burla. Gruñí en frustración al escuchar su voz. La última cosa que quería era que me hablara de esa manera. Pero, claro, él sabía cómo despertar a alguien cuando no quería ser despertado.

-No grites, imbécil -gruñí, más para mí misma que para él. Últimamente, había estado demasiado sensible con todo. Cualquier cosa me irritaba, y, lo peor, es que no me importaba ofender a los demás. Me había convertido en una persona desagradable, pero ni siquiera tenía energía para preocuparme por ello.

-¿Cómo te sientes? -preguntó, acercándose a la cama con paso lento, como si no estuviera seguro de lo que encontraría.

-Que la cabeza me va a estallar -respondí, volteándome en la cama para darle la espalda, como si pudiera desaparecer de su vista. Lo único que quería era hundirme más en la almohada y dormir por siglos. La luz que se filtraba por las rendijas de la cortina solo empeoraba el dolor. -Déjame dormir, maldición -me quejé, sintiéndome completamente derrotada.

Pero, claro, Garret no era el tipo de persona que te dejaba descansar, no cuando tenía algo que decir o hacer. Me sentí cómo me descubría con una mano el cuerpo de la manta que me cubría. La puerta del balcón estaba abierta, y sentí el aire frío calándome hasta los huesos. Era lo último que necesitaba en ese momento.

-Arriba -exigió él, con un tono de voz que no dejaba espacio para la duda. Me volví hacia él, mi cara probablemente está reflejando todo lo cansada, molesta y agotada que me sentía.

-Si amas tu patética vida, me dejarás dormir -gruñí, mirando a Garret con una expresión de enojo. Él, sin embargo, no se inmutó. En lugar de eso, apartó su rostro de mí de manera dramática y llevó sus manos a su pecho, todavía sosteniendo la manta como si fuera un tesoro.

-Y yo que te había preparado jockeys para el desayuno-almuerzo, ya no soy apreciado -se quejó, fingiendo pesar. Fruncí el ceño, no pudiendo evitar que el sarcasmo me provocara una ligera sonrisa, a pesar del dolor.

-¿Desayuno-almuerzo? -pregunté, con la voz un poco más suave, aunque aún molesta. Él asintió, como si fuera la respuesta más lógica.

-Son la una y algo -explicó con calma, sin dejar de mantener su pose, que ya me era un tanto familiar. Rodé los ojos. Cada vez me sorprendía más la cantidad de veces que podía hacer comentarios absurdos con tanta naturalidad.

-A veces creo que sos gay -dije con cansancio, abriendo los ojos exageradamente, como si todo lo que pasaba en mi cabeza no tuviera sentido.

-¿La una? -pregunté casi gritando, sin poder evitar que la sorpresa y el horror invadieran mi rostro. La cabeza me palpito como un tambor, cada latido fue un recordatorio de lo que había hecho la noche anterior. -No vuelvo a tomar en mi vida -gruñí, sobándome las sienes, tratando de aliviar el dolor punzante. Garret soltó una risa suave.

-Eso no decías ayer -se quejó, como si fuera una broma, sentándose a mi lado en la cama. Sentí su peso junto a mí y, por un momento, me sentí más tranquila, aunque no mucho. Poco a poco, mi mente comenzó a regresar al recuerdo de lo que había sucedido anoche. Fragmentos de la noche anterior comenzaron a surgir: risas, conversaciones y un sinfín de copas vacías. El alcohol nunca me había fallado, pero esa vez, algo estaba diferente.

-Lamento eso -dije, apartando la cara de él, apenada por lo que había hecho. No podía evitar sentir vergüenza, aunque sabía que en algún punto, la culpa desaparecería como siempre lo hacía. Garret sonrió de manera despreocupada, como si no le molestara en absoluto.

-No te preocupes por eso, sabes que estoy para apoyarte -dijo, con una sonrisa amable que me hizo sentir un poco mejor. Asentí con una sonrisa tímida, aunque esa molestia que sentía, esa sensación extraña que me acompañaba últimamente, seguía allí. Esa maldita molestia, la que me había llevado a comprar todo ese alcohol. Garret miró hacia el cielo del balcón, que estaba gris oscuro, y frunció el ceño.

-¿Qué es lo que te molesta ahora? -preguntó, sin mirarme. Yo lo observé, sintiendo una incomodidad inexplicable.

-¿A qué te refieres? -pregunté, con el ceño fruncido, sin verle aún. Él me miró, como si ya lo supiera todo.

-Ya sé diferenciar los colores del cielo y el clima aquí según lo que sientes -dijo, señalando hacia afuera con obviedad.

-Es que ni yo lo sé -confesé, dejando escapar un suspiro de frustración. -Creo que será mejor regresar a la manada. Algo no me gusta -dije, de forma algo desconcertada. Garret asintió, como si ya lo hubiera anticipado. Luego, se levantó de la cama y bajó del lado en el que me encontraba.

-En la cocina está el desayuno-almuerzo de la señorita borracha. Luego llegaré allá para hacerte compañía... Connor está más que dormido abajo. Tuve que dormirlo para que no pareciera un perro drogado y chillara a cada instante -dijo, de una forma tan natural que casi me hizo reír, aunque no tenía ganas. Suspiré, apenada, al recordar que había dejado tanto tiempo a mi perro-lobo solo. Si no fuera porque va a jugar con Roderick en la manada o porque me sigue al cementerio, probablemente ni lo vería ni me acordaría de él.




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