Con pesadez, bajé de la cama, tomando la manta del suelo y cubriéndome la cabeza mientras me dirigía al baño. Mi cabeza latía como si fuera a estallar en cualquier momento, y todo a mi alrededor parecía dar vueltas sin cesar. Suspiré pesadamente, sintiendo cómo la luz del sol me daba en la cara a través de la ventana. Un ligero mareo me hizo aferrarme a la pared para no caerme, y de nuevo, una punzada recorrió mi cabeza, como si una piedra me hubiese golpeado directamente.
Entré al baño y me miré en el espejo, una versión de mí misma que apenas reconocía. La misma mirada vacía, los mismos ojos cansados. Decidí quitarme la manta de la cabeza y cerrar los ojos, intentando calmarme. Sentí la presión de los recuerdos de ayer empezar a nublar mi mente, y no pude evitar que vinieran a mi memoria.
" -Bájadme...- me quejé, sacudiéndome, pero sin que nada cambiara. -Por favor, basta. "
Una vergüenza profunda me invadió mientras pensaba en lo que había hecho.
-Qué vergüenza...- murmuré para mí misma, quitándome la manta de la cabeza y observando el reflejo en el espejo. Cerré los ojos de nuevo, el peso de la culpa sobre mis hombros.
" - No, Fumiko, basta. No soporto ver cómo te destruyes a ti misma de esta manera.- La voz de él resonaba en mi cabeza. -No puedo seguir viendo esto. "
Las palabras me calaron profundo.
-Sonabas tan dolido...- murmuré, con la voz quebrada, recordando sus ojos llenos de preocupación, cómo me sostuvo el brazo para evitar que cayera al suelo. Los recuerdos de anoche me atormentaban y no podía liberarme de esa sensación de malestar. De nuevo, las palabras de él se mezclaron con las imágenes en mi mente.
" - No sé quién mierdas es Fumiko... "
-Pero estás haciendo todo mal, ¿es que no te das cuenta?
" En ese momento, miré hacia el lado, donde vi su rostro lleno de angustia.
- ¿Es linda? ¿Es tu novia?- le había preguntado en tono desafiante. Yo, en cambio, me sentía vacía, sin respuestas claras. "
-La verdad no sé cómo sigues aquí,- murmuré, dejando que las palabras salieran sin pensarlas. -¿Por qué sigues a mi lado?
Recuerdo claramente cómo su rostro se suavizó, cómo en sus ojos brilló una ligera tristeza, mientras me miraba con más compasión que nunca.
" - Te llevaré a casa.- Fue lo siguiente que dijo, y de repente, todo se desvaneció en un torbellino de luz y confusión.
Un sonido sordo nos tragó y, como si nada, nos encontramos en un baño. Me sentó en una tina color crema, el agua fría comenzó a caer sobre mí como un río helado. No podía moverme, apenas pude reaccionar.
-Está fría esta sombra estúpida...- me quejé, intentando salir, pero la resaca me dejaba sin fuerzas. Tropecé y caí de nuevo, esta vez con más fuerza en el fondo de la tina. Mi cabeza seguía doliendo, pero no tanto como el peso de la culpa que sentía por lo sucedido.
-Así te bajará más rápido el alcohol y estarás más consciente,- me explicó, mientras me ajustaba en la tina para que el agua fría hiciera su trabajo. "
La incomodidad era palpable, pero lo que realmente me dolía era saber que me estaba cuidando, incluso cuando yo misma me trataba tan mal.
-Te preocupas tanto por mí..." dije con una voz rota, sintiendo cómo la culpabilidad se hacía más grande en mi pecho. -No lo hagas, por favor... deja de hacerlo.
" -No quiero estar consciente, prefiero seguir borracha- gruñí con frustración, mirando al frente, como si mis palabras pudieran ahogar todo lo que estaba sintiendo. -No quiero saber nada de nadie.
Él no dijo nada, solo me acarició la cara con ternura. Mi cuerpo estaba inmóvil, pero sus manos sobre mi rostro eran un pequeño consuelo. Y fue en ese momento cuando lo miré a los ojos. La luz tenue del baño reflejaba dos perlas de color celeste que brillaban con una tristeza tan profunda que me dolía en el alma.
- Linda, no hagas esto- me pidió, y su voz estaba teñida de una desesperación que me desgarró por dentro.
-Así que así me llamo...- murmuré, ignorando la mirada llena de dolor que me ofrecía. -Qué feo nombre...- me quejé, tratando de desviar la conversación. Sin embargo, algo en su expresión me hacía sentir que había algo más, que estaba pasando mucho más que lo que yo veía. "
-Que vergüenza...- me regañé a mí misma, repitiendo las palabras en mi mente. Decidí que, después de todo, no iba a volver a tomar de esa forma. Era suficiente. -No vuelvo a tomar así...- Después de una charla interna conmigo misma, finalmente me quité la pijama de gato que llevaba puesta y me metí en la ducha, dejándome envolver por el agua caliente.
El agua me tranquilizó un poco, el calor en mi cuerpo me hizo sentir algo de alivio. Después de un largo rato en la ducha, salí, me arreglé rápidamente y bajé las escaleras. En el living, Connor estaba acostado con las patas arriba, pareciendo totalmente atropellado, con su gran lengua rosa colgando fuera de su boca.
Me acerqué a él, rasqué su panza y una pequeña sonrisa escapó de mis labios.
-Lamento dejarte solo, chico- pensé, mirando a Connor sin emoción, pero con una enorme culpa en el fondo. -Es que ni yo me soporto en estos momentos, y no quiero hacerte daño.
Me levanté del suelo y me dirigí a la cocina. Garret no estaba, pero sobre la isla de la cocina había un plato con jockeys y una taza de café al lado. Sonreí débilmente, pero al mismo tiempo me sentí molesta conmigo misma por todo lo que había pasado. Tomé la taza de café y di un sorbo. Amaba cómo Garret preparaba el café; era lo único que me daba algo de calma en medio de todo el caos en mi mente.
Después de media hora, terminé de desayunar, lavé los trastes y regresé al living. Connor seguía en la misma posición, totalmente agotado. Me dirigí a mi cuarto para cepillarme los dientes y ponerme más cómoda.
Una vez lista, me dirigí a la manada. Tenía que averiguar, de una vez por todas, qué era esa maldita molestia que me estaba carcomiendo desde dentro. Sabía que tenía que enfrentarme a ella antes de que fuera demasiado tarde.
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Editado: 15.07.2026