Apartada Para El Alpha ( I I Libro )

Capitulo 79: "...un paso en falso" (parte uno)

"Hablas con tanta verdad, pero sonríes como si mintieras"

Fumiko Ibars

Llegué a la manada y, al instante, la misma sensación de siempre me invadió. Todo parecía patéticamente normal, incluso tranquilo, pero yo sabía que algo no encajaba. Algo estaba por ocurrir, o quizás ya había comenzado a pasar, y no iba a dejar que esta vez me tomaran por sorpresa. Mis manos, casi por instinto, fueron a mi nuca, y dejé que mis brazos descansaran al aire. El viento soplaba ligeramente, pero no era suficiente para calmar la inquietud que me carcomía por dentro. Recorrí el lugar con la mirada, notando la tranquilidad en los rostros de los guardias que pasaban cerca. Pero esa calma era engañosa. Algo estaba mal, y yo lo sentía.

Sin pensarlo, llamé a los guardias que estaban de turno.

—Díganos, Luna —respondió uno de ellos, saludándome con el habitual respeto. Todos aquí me decían "Luna" porque, antes de que todo esto comenzara, ya me habían nombrado así. Luna de la manada. A pesar de los intentos en estos días para que me dejaran de llamar de esa manera, no lo conseguí. Esa etiqueta parecía adherirse a mí como algo inevitable.

—Revisen todo el perímetro. Quiero la seguridad reforzada tres veces en la mansión. Nadie de los de ella debe salir sin guardia. También quiero que dupliquen la seguridad en toda la manada y los alrededores —dije con firmeza, con la voz que solo el cargo de "Luna" podía otorgarme. Mi mirada se posó de nuevo en la mansión. No confiaba en nada ni en nadie en ese momento.

—¿Todo bien, Luna? —preguntó el otro guardia, sin apartar la vista de la mansión. Yo lo seguí, y fue entonces cuando vi a Roderick saliendo de la entrada de la mansión.

—No lo sé —respondí con sinceridad, sin desviar la mirada de su figura. Roderick me vio y, en un abrir y cerrar de ojos, salió corriendo hacia mí, con la nana detrás de él, tratando de seguirle el ritmo.

—Hagan lo que les pedí, por favor —agregué, mi voz más urgente esta vez. Me volví hacia la dirección por donde venía Roderick y extendí los brazos para recibirlo, sonriéndole de forma leve. Cuando llegó, no dudó ni un segundo en lanzarse hacia mí. Lo abracé con fuerza, sintiendo su pequeño cuerpo abrazándose al mío. Me hizo sonreír, pero su expresión seguía estando apagada, como si alguna sombra lo estuviera persiguiendo.

—Fumiko —saludó con su voz suave, y no pude evitar darle un par de vueltas en mis brazos, apretándolo más contra mí, como si intentara protegerlo del mundo. Luego, dejé un sonoro beso en su mejilla, deseando que, aunque fuera por un momento, pudiera sentir algo de paz.

—Hola, Roderick —le respondí con ternura, pero mi mirada no dejó de estar preocupada. En ese instante, Esme, la nana de Roderick, llegó hacia nosotros, jadeante, visiblemente agotada por haber corrido detrás de él.

—Luna —saludó, tratando de recuperar el aliento, pero se notaba que estaba cansada de intentar seguir a Roderick en su carrera desbocada.

—Nosotros nos retiramos, Luna —dijeron los guardias, sonriéndome con respeto. Asentí con la cabeza, aunque mi mente no estaba tranquila. Estaba constantemente analizando cada rincón, cada paso, cada sonido. No podía relajarme. Algo no estaba bien.

—Hagan lo que les pedí. Algunos de mis espectros estarán rondando con ustedes —les ordené, tomando a Roderick con uno de mis brazos para liberar mi otra mano. Di un golpe firme con los dedos en el aire, señalando la dirección—. Divídanlos entre ustedes. Cualquier cosa que ocurra, ellos les ayudarán y me lo harán saber. No quiero sorpresas, ¿entendido? —agregué, con un tono más bajo, pero firme, sabiendo que mi responsabilidad como Luna era mantenerlos a salvo, incluso cuando todo parecía estar bajo control. Mis ojos se dirigieron a los espectros, que rondaban a nuestro alrededor. Entre ellos estaban Rocky y Hanna, y los observé detenidamente. Ellos sabían lo que tenía que hacer.

—Ustedes quédense cerca —les dije a Rocky, Hanna y Micchi, mi otro espectro de conciencia propia. Ellos asintieron sin decir una palabra y, al instante, se disiparon en el aire, desvaneciéndose como si nunca hubieran estado allí.

—Con su permiso, Luna —dijo uno de los guardias, inclinando la cabeza ligeramente, antes de irse con mis espectros detrás de ellos.

Me quedé unos segundos mirando al horizonte, sintiendo la brisa en mi rostro, intentando calmarme. Mi mente seguía acelerada, pero un pequeño suspiro de alivio se escapó de mis labios. La seguridad estaba cubierta. Al menos por ahora.

Roderick me miró, sus ojos llenos de curiosidad, como si aún no entendiera completamente lo que estaba pasando.

—¿Ocurre algo, Fumiko? —me preguntó, sus palabras llenas de inocencia. Lo miré, acariciando una de sus mejillas con la palma de mi mano.

—Es lo que quiero evitar, Rodic —respondí, apretando un poco sus mejillas—. No quiero que nada les pase. Ya no dejaré que nada ocurra. Te prometo que estarás a salvo —dije, con una mirada decidida. El niño asintió, su pequeño rostro tomando una expresión seria, como si entendiera la gravedad del momento.

—Ahora entiendo por qué mi papá estaba tan enamorado de ti —dijo, mirando al cielo como si la revelación le hubiera dado una nueva perspectiva. Sonreí con ternura al verlo, sin poder evitar que la calidez se apoderara de mi corazón. Aunque estaba rodeada de incertidumbre y peligro, momentos como este me recordaban por qué valía la pena seguir adelante.

—¿Qué tal si vamos a jugar? —le propuse, tratando de aligerar el ambiente. Él asintió con entusiasmo, como si nada más en el mundo fuera tan importante en ese momento.




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