Apartada Para El Alpha ( I I Libro )

Capitulo 84: "todo acaba" (parte uno)

"Espero haber muerto, porque solo asi tendría asegurado que estaré contigo"

Fumiko Ibars

Corría de un lado a otro, haciendo volteretas en el aire mientras esquivaba los ataques de los vampiros y demonios. El sonido de las garras rasgando el aire y los gruñidos guturales de las criaturas eran ensordecedores, pero yo no me detenía. Los guerreros de la manada les estaban dando pelea, pero aun así no me confiaba, así que hice aparecer más de mis espectros. Algunos ya estaban siendo desintegrados por los vampiros híbridos, esos malditos monstruos que no solo poseían fuerza, sino también una resistencia que los hacía peligrosos.

"Maldita Rubi, te juro que saber esto me hubiese ayudado," me quejé mentalmente mientras esquivaba un demonio enorme, de piel completamente negra y unas garras desmesuradas, que intentaba desgarrarme con movimientos rápidos y certeros.

—¡Mierda! —me quejé, sintiendo un golpe seco en la espalda que me tumbó directo al suelo. La presión me dejó sin aliento por un momento, y caí rodando por la tierra. Di un par de vueltas antes de detenerme, enterrando mi mano en el suelo para frenar mi avance. Cuando por fin pude levantarme, limpié la sangre de mi labio inferior con un gesto brusco. —Así que estos son los espectros del libro negro... —murmuré, observando a la criatura que me había golpeado. —No son la gran cosa, como Lara los pintó —dije con sorna, aunque sabía que estaba lejos de ser cierto.

Las criaturas, conocidas como Krichtesh, eran bestias tres veces mayores que un licántropo alfa. No tenían ojos, y su cabeza estaba más hundida que el Titanic, como si la gravedad hubiera tomado una parte de su rostro para sí misma. En medio de su cara, había dos orificios que no eran ojos, y debajo de estos, una enorme boca llena de dientes afilados, tan puntiagudos como cuchillas de obsidiana. Su mandíbula estaba partida en dos, lo que le daba un aspecto aún más grotesco. Pero lo peor eran sus lenguas: dos de ellas, asquerosamente largas y rosadas, se movían con una velocidad inhumana, deslizándose de un lado a otro mientras soltaban baba viscosa y transparente.

Su piel era como la de cualquier otro demonio, aunque en sus manos y pies las extremidades eran enormes, de un negro profundo, casi como carbón. Sus pies parecían los de un caballo, con pezuñas que crujían al impactar contra el suelo. Las garras de sus manos, largas y afiladas como las de un león, brillaban bajo la luz de la luna, como si fueran hechas de acero puro. Garras de acero, como las llamaba Lara.

Y ahí, frente a mí, se alzaban seis Krichtesh, la bestia maldita del libro negro, creación de la diosa de la magia... Qué privilegio para mí.

El dolor de una punzada en mi espalda me hizo doblarme de nuevo, haciendo que el aire se me escapara por la boca. Respiré profundamente, pero era difícil. La batalla era mucho más complicada de lo que había anticipado.

—¡Carajo! —me quejé, escupiendo sangre cuando otra de esas criaturas apareció a mi lado, demasiado rápida para ser un simple demonio. Me lancé al suelo y, con una rápida maniobra, creé un muro de hielo a mi alrededor. La criatura quedó atrapada dentro de él, dejando de avanzar hacia mí. "Esto no me está gustando," pensé. "Necesito algo más, y rápido."

—Ahora me vendría bien un poco de ayuda —murmuré a la nada, mientras me concentraba para curarme. Cerré los ojos y dejé que mi energía fluyera por todo mi cuerpo, reparando los daños que las criaturas me habían causado. Cuando terminé, escupí la sangre de mi boca con furia y me recompuse. No podía perder el control ahora.

—¡Esto es peor de lo que imaginé! —chilló la voz de Lara desde algún lugar detrás del muro de hielo. Fue entonces cuando escuché una enorme explosión, seguida de un fuerte viento. La gran cabellera multicolor de Lara apareció en el aire, haciendo acrobacias mientras lanzaba explosiones con su mano, combatiendo a otra de las criaturas que intentaba atacarla.

El hielo que había creado para atrapar a la criatura frente a mí comenzó a crujir, poniéndome alerta. Sentí cómo la presión sobre el hielo aumentaba. En cuestión de segundos, el muro se despedazó por completo, liberando a la bestia, que gritó con furia, mostrando su enorme dentadura. Sus lenguas, largas y repulsivas, se movían de un lado a otro, soltando babas transparentes como si fuera agua de un río viscoso.

Apreté los puños con fuerza. "No puedo perder el tiempo con estas criaturas," pensé, mirando alrededor en busca de los bastardos que estaba persiguiendo. "Tengo que encontrar a esos hijos de puta antes de que se escapen."

"Apliquemos lo de Lara también," recordé, pensando en lo que ella me había dicho la vez que "casi me mata". Un pequeño toque de desesperación me recorrió. Pero no iba a perder el control.

Elevé mis manos hacia la criatura, mis ojos fijos en ella. Todo se volvió más lento, como si el tiempo estuviera a mi favor. La bestia salió completamente del hielo y se lanzó hacia mí con una velocidad aterradora. Mientras se acercaba, me concentré, el aire a mi alrededor se cargó de energía, y una explosión de poder estalló de mis manos.

—¡Aaaaaaaah! —grité con todas mis fuerzas, creando una enorme explosión que lanzó a la criatura hacia atrás, alejándola de mí. La fuerza del impacto hizo que la bestia chocara con otra que estaba peleando con Lara. Ambas cayeron de espaldas, y el árbol en el que chocaron se tumbó bajo el peso de la colisión.

Mis manos ardían, y mi respiración era errática. Podía sentir el agotamiento empezando a apoderarse de mí, pero no podía dejar que eso me detuviera. La batalla apenas comenzaba. Los guerreros luchaban a muerte contra los vampiros y demonios, y mis espectros seguían combatiendo para protegernos, pero no era suficiente. Estas criaturas eran demasiado poderosas.

De repente, Lara cayó al suelo con un fuerte golpe, dejando un cráter en la tierra. Otra de las bestias la había golpeado con tal fuerza que la dejó atrapada bajo él.




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