Apartada Para El Alpha ( I I Libro )

Capitulo 88: "...enterrar mi dolor" (parte Dos)

Habían pasado ya cuatro días desde la pelea. Cuatro largos días en los que la manada intentaba recomponerse, tratando de sanar las heridas materiales que nos habían dejado los enfrentamientos y, sobre todo, las consecuencias de mi intervención. Sí, mi intervención. Aunque no me gustara aceptarlo, no podía negar que había tenido un papel fundamental en toda la destrucción que se había desatado. Y si bien la manada había logrado sobrevivir sin perder más miembros, las cicatrices emocionales de cada uno de los integrantes seguían siendo difíciles de sanar. Nótese el sarcasmo que acompaña mis palabras.

A pesar de todo el caos, la reconstrucción estaba en marcha. Los daños materiales eran significativos, pero no insuperables. Los miembros más fuertes de la manada, bajo la dirección de Garret, se encargaban de las reparaciones, aunque el esfuerzo parecía ser inútil en algunos momentos. Había algo en el aire, algo que no se podía arreglar solo con materiales o con trabajo físico. Y yo lo sabía. Algo más profundo, algo intangible, seguía roto.

Mañana sería un mes desde que Oshin había muerto. Un mes. Ese pensamiento me azotó como una ola fría, tan repentina que me dejó sin aliento. No podía creer que ya hubiera pasado tanto tiempo, aunque en mi corazón sentía que cada día de su ausencia era una eternidad. Cada amanecer que despertaba sin él se sentía como una prueba de resistencia, de aguante. Garret, fiel a su rol de protector, no me permitió realizar el cambio antes de esa fecha. No lo entendía completamente, pero sabía que era porque mi estado físico aún no estaba lo suficientemente bien como para hacerlo. Mi recuperación había sido más lenta de lo esperado, y Garret tenía razón al insistir en que no debía apresurarme. Pero no podía evitar el vacío que sentía. Sentía que el tiempo me estaba arrastrando, que cada segundo de espera me hundía más y más en ese caos interno que parecía no tener fin.

Mi mente estaba hecha un nudo. El desorden que sentía en mi interior era más intenso que nunca. La sensación de estar perdiendo el control sobre mí misma se hacía más fuerte con cada día que pasaba. Cada vez que intentaba calmarme, cada vez que intentaba encontrar alguna paz, algo dentro de mí se revolvía y me arrastraba de nuevo a la tormenta. Había momentos en los que sentía que no podía respirar, que el aire mismo se me escapaba de los pulmones.

Estrella estaba organizando algo, un tipo de ritual en honor a la Diosa Luna, como era costumbre en su raza. Algo que parecía ser un medio para sanar las heridas, un medio para rendir homenaje a los que se habían ido. Aún no entendía del todo los detalles, pero sabía que para Estrella y su gente, estos rituales eran fundamentales. Para mí, sin embargo, solo eran una tradición vacía, una costumbre que no podía llenar el vacío que sentía en mi corazón. Quizás si hubiera creído más en los rituales, en esas creencias ancestrales, tal vez encontraría algo de consuelo. Pero no era así. Me sentía vacía. Un mes sin Oshin, y me sentía más distante de lo que nunca imaginé.

La reconstrucción de la manada seguía su curso. Estaba ayudando en todo lo que podía, cargando, reparando, organizando lo que fuera necesario. Pero todo parecía inútil. Cuando Garret me encontró, se le notó la preocupación en el rostro. Su mirada se clavó en mí con intensidad, como si viera a través de mí, como si pudiera percibir el agotamiento y la desesperación que luchaban por salir de mi pecho.

—Fumiko, ¿de verdad estás pensando que esto es lo mejor para ti? —me regañó, su tono firme pero lleno de un cariño que no podía ocultar. Lo sabía, él siempre lo sabía. —Deja de usar tus poderes para cargar con todo esto. Tu cuerpo no está preparado. ¿Qué pasa si te rompes? ¿Qué pasa si no puedes sanar esta vez?

Mi orgullo me impulsó a querer responder, a defenderme, pero una parte de mí entendía sus palabras. No podía seguir usándolos como si fueran algo sin consecuencias. Ya había aprendido, a duras penas, que mis poderes tenían un precio. Y si bien en ese momento no podía detenerme, sabía que, eventualmente, tendría que aprender a moderarlos, o de lo contrario, lo perdería todo.

Finalmente, Garret me obligó a descansar. “Te vas a quedar aquí”, me dijo, casi como una orden. Y aunque la idea de estar en reposo me parecía insoportable, algo dentro de mí sabía que no tenía otra opción. No podía seguir ignorando lo que mi cuerpo me decía. Y aún así, las horas pasaban lentamente, como si el tiempo se hubiera detenido. Como si mi vida estuviera en pausa, esperando un cambio que no llegaba.

Ahora, todo lo que me quedaba era esperar. Esperar a que el tiempo, ese cruel compañero, pasara. Garret insistía en que debía recuperarme, que solo después de eso podría hacer el cambio entre las líneas, el cambio que marcaba el inicio de una nueva etapa, de un nuevo capítulo. Pero yo ya no estaba tan segura de que quería ese cambio. Cuanto más tiempo pasaba aquí, en este lugar, con la manada, con Roderick, más difícil me resultaba imaginarme lejos de él. El niño se había convertido en una parte esencial de mi vida en tan poco tiempo, y eso me aterraba. No podía permitirme encariñarme de nuevo. No podía permitir que la pérdida me destruyera una vez más.

Aún así, sabía que debía hacerlo. Porque, en el fondo, sabía que lo mejor para todos era que me alejara. Sabía que no podía quedarme aquí, atrapada en esta burbuja de sentimientos contradictorios. Pero la idea de dejar a Roderick... de alejarme de él... me destrozaba por dentro. No quería, pero sabía que lo tenía que hacer. El amor, el cariño, no podía interferir con lo que tenía que ser. Y aunque mi corazón gritara lo contrario, entendía que, en el fondo, era la decisión correcta.

Aún así, no podía evitar pensar que la vida no sería la misma sin él. Y a medida que pasaban los días, el peso de la despedida se hacía más pesado. ¿Sería capaz de soportarlo? Solo el tiempo lo diría. Pero mientras tanto, solo podía esperar, esperar a que ese cambio llegara, aunque no estuviera segura de si realmente estaba lista para dejar ir todo lo que me había dado este lugar, y este niño.




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