La puerta del cuarto fue golpeada con fuerza por Ai mientras yo permanecía tumbada en el suelo, recostada contra la puerta, con la cabeza hundida entre mis rodillas, mis manos aferradas a mi cabeza, y las lágrimas que no cesaban de deslizarse por mis mejillas. Mi cuerpo temblaba, pero no de frío; era un temblor de dolor, de desesperación. Sentía un vacío tan grande en mi pecho, como si mi alma misma estuviera desmoronándose.
—Tienes que estar en la ceremonia, Fumiko. ¡Él era tu mate! —me rogó Ai desde el otro lado de la puerta, con una voz que intentaba sonar firme, pero que estaba teñida de preocupación.
—No... —respondí con voz quebrada, negándome nuevamente. El sonido de su voz retumbaba en mis oídos, pero mi mente no podía procesarlo. La idea de asistir a la ceremonia me resultaba insoportable. ¿Cómo podría estar allí, celebrando algo que no podía aceptar? ¿Cómo podría aceptar la realidad de que Oshin ya no estaba?
—¡Fumiko, por favor! —insistió, golpeando la puerta una vez más, esta vez con más fuerza, como si pudiera romper la barrera que había puesto entre nosotras. La fuerza con la que insistía solo incrementaba mi dolor. ¿Qué podía hacer ella si no comprendía lo que estaba viviendo? Ai nunca entendería el vacío absoluto que me dejaba la pérdida de Oshin.
—¡Déjame! —rogué, apenas susurrando, casi como si hablar demasiado fuerte pudiera romper aún más lo poco que quedaba de mí. El silencio me abrazó por un segundo, pero luego Ai volvió a golpear la puerta, esta vez con más insistencia.
—¡Sal de una maldita vez! —gritó, y las palabras atravesaron la puerta como cuchillos afilados. Estaba furiosa, y no podía culparla. Tal vez pensaba que estaba siendo débil, que necesitaba ayudarme a sanar, pero lo que no sabía es que mi dolor no era algo que pudiera ser reparado de inmediato.
Mi cuerpo reaccionó por instinto. Me levanté del suelo rápidamente, casi sin pensar. La puerta se abrió de golpe, y sin mirarla a ella ni a nada más, corrí por los pasillos, saltando las escaleras sin importarme nada más que huir de esa presión insoportable. Huía de la ceremonia, de las expectativas, de la vida misma.
—¡Fumiko, Detente! —gritó Riu, quien estaba en el living frente a una foto de Oshin, rodeada de velas encendidas que parpadeaban en la penumbra. Pero no me detuve. No podía. Mis piernas me llevaban con una fuerza imparable, como si el dolor me empujara más allá de mis propios límites. No podía quedarme allí, entre esas paredes que tanto me recordaban su ausencia. Tenía que salir.
Corrí sin rumbo fijo, mientras mis ojos se desbordaban de lágrimas, sin poder evitarlo. Cada paso que daba sentía como si el peso del mundo cayera sobre mis hombros, pero aún así, no podía parar. Mis piernas seguían moviéndose solas, guiadas por la desesperación que me nublaba la mente. Corrí por las calles, con la sensación de que el tiempo se había detenido, como si el universo mismo estuviera congelado alrededor de mí.
Y entonces, después de lo que pareció una eternidad, me di cuenta de adónde me estaba llevando mi cuerpo, de manera casi instintiva. El cementerio de la manada. Ese lugar que siempre había evitado, pero que ahora me llamaba, como un imán al que no podía resistirme.
Me detuve frente a la gran reja negra, abierta de par en par. El aire fresco me golpeó la cara, pero mi piel seguía helada por dentro. Seque mis ojos rápidamente, como si pudiera borrar la evidencia de mi dolor, pero no lo logré. Cada vez que intentaba calmarme, el llanto volvía con más fuerza. Con pasos lentos, y con el corazón latiendo a un ritmo desbocado, caminé hacia adentro del cementerio. Me envolví en un abrazo a mí misma, intentando aferrarme a algo, a lo que fuera. No podía dejar de temblar, pero no solo por el frío. Era el vacío que sentía dentro de mí, una sensación tan profunda que no podía describirla con palabras.
Caminé por la acera, evitando las tumbas. No quería verlas. No quería recordar que algún día, mi nombre también estaría allí, marcado con una lápida fría y un epitafio que ya nadie leería. Mi mente vagaba entre recuerdos, entre momentos con Oshin que ahora me parecían lejanos e inalcanzables. Desde que Garret me había ido a buscar, no había regresado aquí. Este lugar se había convertido en una especie de santuario para mí, pero también en una prisión, ya que cada vez que venía, solo me enfrentaba más a la realidad de lo que había perdido.
Finalmente, me detuve frente a una tumba que ya conocía. La cerámica color crema rodeaba una foto de Oshin, su rostro lleno de vida y alegría, su sonrisa tan contagiante que aún me dolía verlo. En el centro, como un recordatorio perpetuo de lo que ya no podía tener, estaba esa imagen, que ahora me dolía más que nunca. Mi corazón se arrugó con el dolor, y mi estómago se revolvió. Cada vez que miraba esa foto, la angustia se apoderaba de mí. Mis ojos picaron de nuevo, y las lágrimas comenzaron a caer con una fuerza renovada. Me abracé a mí misma, buscando consuelo, pero nada parecía calmarme. Sentía que todo lo que me quedaba era el eco de su recuerdo.
—Ho... hola —saludé a la foto, mi voz quebrada. No pude evitar sonreír débilmente, aunque mis lágrimas seguían cayendo. Mis mejillas ardían por el calor de las lágrimas que no dejaban de caer—. Hoy se cumple un mes desde que ya no te veo... Es tan difícil... Estos lindos ojos miel, los que me salvaban de todo mal... —mis palabras se entrecortaban con sollozos—. Sin aviso, te arrebataron de mi lado, y ahora, solo tu recuerdo hace sombra en mi alma. —Mis palabras salían ahogadas, como si estuvieran atrapadas en la garganta—. Mientras pienso en ti, y en lo que no pude dar... Quisiera no haberme ido de tu lado, para cuidarte... Y es que duele... —me quejé, subiendo las piernas a la tierra y sentándome junto a la tumba, al lado de la foto de él. Era lo único que me quedaba, el lugar donde aún sentía que podía estar cerca de él—. Ahora no encuentro reparación para mi destrozada alma... —murmuré, abrazándome las piernas mientras mi cabeza descansaba en la cerámica fría. Las palabras que siempre había querido decirle se quedaban atrapadas en mi mente, sin poder escapar.
#14555 en Fantasía
#4778 en Personajes sobrenaturales
amor lobos mitades, fumiko amor fantasia, reencuentros dolor final abierto
Editado: 15.07.2026