Apartada Para El Alpha ( I I Libro )

Capitulo 93: "el cambio" (parte cuatro)

Seis puertas gigantes se alzaban frente a mí, cada una imponente y misteriosa, dispuestas en un semicírculo perfectamente simétrico. La escena ante mis ojos parecía salida de una realidad alterna, como si el universo mismo me estuviera presentando una encrucijada final. Cada puerta tenía un color distinto, un tono vibrante y vivo que contrastaba con la oscuridad del entorno. Sin embargo, lo que más llamaba mi atención eran los símbolos grabados en cada una de ellas, marcas que no reconocía, pero que parecían esconder secretos ancestrales. Sabía, en lo más profundo de mi ser, que detrás de esos símbolos se ocultaban significados poderosos, algo que tenía que descubrir, pero no en ese momento. El aire era gélido, casi cortante, y la atmósfera estaba impregnada de una quietud tan absoluta que me hacía sentir como si estuviéramos suspendidos en el tiempo, fuera de cualquier línea temporal conocida. El silencio era tan profundo que sentía cómo me envolvía, opresivo, como un manto pesado.

Cada paso que daba resonaba de manera extraña, como si las piedras que pisaba absorbieran el sonido. La sensación de incertidumbre me invadió, y una presión se instaló en mi pecho, como si algo más grande que yo estuviera por ocurrir. La pregunta que rondaba mi mente era clara: ¿Cuál de las puertas debía elegir? ¿Qué me esperaba detrás de cada una de ellas? Sin respuesta. Sin guía. Solo el abismo frente a mí, y las puertas como únicas opciones. Pero ninguna de ellas ofrecía consuelo, solo incertidumbre.

Mi mirada se desvió hacia Garret, que permanecía a mi lado, en silencio. Sus ojos estaban fijos en las puertas, su expresión inmutable. Busqué en su rostro algún signo, algún indicio de lo que debía hacer, alguna pista que me ayudara a tomar la decisión correcta. Pero él no me dio nada. No dijo una palabra. Solo permaneció allí, al margen de mis tormentos internos. Y yo, en medio de esa niebla de confusión, entendí algo: ya no había marcha atrás. El destino estaba sellado, y las puertas no eran más que una metáfora de la decisión que debía tomar. Estaba aquí, de pie, esperando a entrar en lo desconocido.

—Bienvenida a la línea cero —me dijo Garret, su voz resonando en el vacío como un eco lejano. Esas palabras me sacaron de mi trance momentáneo. Las había escuchado antes, pero no comprendía su verdadero significado hasta ahora.

Con un esfuerzo, seque mis lágrimas y traté de contener mi llanto. No podía permitirme quebrarme, no ahora, no cuando el camino estaba a punto de cambiar para siempre.

—¿Dónde están los demás? —pregunté, mi voz titubeante, aún no comprendiendo lo que estaba sucediendo.

De repente, cuatro de las puertas se abrieron con un crujido sordo. De ellas emergieron cuatro figuras, cada una saliendo de su respectiva entrada con una calma inquietante.

Una mujer de piel morena y ojos plateados, una figura que se movía con una gracia casi etérea, y una pelirroja de piel translúcida que parecía no pertenecer a este mundo. Al principio, sus presencias me parecieron extrañas, pero algo en sus miradas me dio la sensación de que no éramos tan diferentes, que nuestros destinos se entrelazaban en una sinfonía caótica que ninguno de nosotros podía prever.

—Hola de nuevo —saludó Roger, el primero en acercarse, seguido de los otros dos y Lara. Su rostro era serio, pero había algo en sus ojos que reflejaba el mismo temor que yo sentía.

Miré a la pelirroja con curiosidad, intentando entender su presencia allí. No la conocía, y su aura era enigmática, un enigma que no sabía si estaba preparado para resolver.

—¿Quién es la rojita? —pregunté a Garret, mi tono más inquisitivo que nunca. Su risa fue baja, casi como una burla, pero no con mala intención.

—Es Rubí, ella también es esencial en este cambio. —Me explicó Garret con tono serio, como si algo mucho más grande estuviera en juego. —Bien, cada uno a su posición. —ordenó, y los cuatro asintieron al unísono, caminando hacia diferentes partes del círculo que se formaba alrededor de mí y Garret.

Los cuatro se ubicaron a varios metros el uno del otro, sus manos caídas a los lados, y de inmediato, símbolos comenzaron a formarse bajo sus pies, como si el suelo mismo los hubiera invocado. Cada símbolo correspondía al color de la puerta por la que habían llegado, y los círculos que se formaban parecían tener vida propia, como si se fueran extendiendo con una energía misteriosa. Un círculo nos rodeaba a mí y a Garret.

—Tú quédate aquí, y luego haz lo que te dije esa vez... —me indicó Garret, su tono grave y autoritario, antes de separarse de mí. Se dirigió hacia un espacio vacío entre los símbolos, su figura se volvió más distante, pero su presencia era fuerte. No podía fallar.

Cuando extendió las manos, los símbolos de los cuatro se entrelazaron, trazando líneas que se unían, formando una enorme estrella en el centro del círculo con aquella majestuosa ave que estaba en cada rincón de mi línea, las alas extendidas que la coronaban se miraban aún más vibrantes e impotentes mientras su cola de zorro brillaba, justo encima de donde yo estaba. La energía en el aire se intensificó, y la presión aumentó.

Mi cuerpo comenzó a vibrar, y una extraña sensación recorrió mi espina dorsal. El ardor en mi espalda se hizo cada vez más fuerte, como si algo estuviera desgarrando mi carne desde dentro. El dolor era insoportable, pero me mantenía firme, concentrada.

—Yo, Fumiko Ibars Hargitay, portadora del creador legítimo, hago un cambio entre todas las líneas creadas para evitar tragedias, pérdidas y rehacer la vida... —las palabras salieron de mi boca con una convicción que no sabía de dónde venía. El brillo en mi cuerpo se intensificó, y el dolor se multiplicó. —Estos cambios solo los recordarán los dioses de cada línea, el creador y mi persona para mantener el control de todo... Todas las personas perecidas en la batalla final regresarán con una segunda oportunidad y los seres inocentes serán devueltos a la vida por Roger y Luna.




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