Son casi las 5 de la mañana en el Reginato. El Regente se saltó la oración de las 3 por seguir durmiendo al lado de la cama donde Miguel Ángel, aún inherte y sin señales de mejoría yacía recostado. Ya se había dado la orden de que nadie debía entrar en esa habitación sin autorización y que nadie debía conocer el contenido de la misma hasta el anuncio del Regente. Timoteo despertó con el leve tintineo de las campanas. Y se encontró con un cachorro de león mirándolo fijamente desde debajo de la cama de Miguel Ángel.
—Ey, ¿Qué haces ahí? Ven para acá.— le dijo sonriente.
Pero el leoncito retrocedió.
—Está bien, te daré tu espacio. ¿Puedes comer algo en ese estado?—
En eso entró el enfermero de antes. Su nombre era Ananías.
—Solo puede comer pan sin levadura, Eminencia. Traté de darle carne y vomitó con sólo olerla. Dado que parece una Criatura Celestial, le he dado agua bendita, leche y pan sin levadura a probar. Parece que eso lo puede comer.— diciendo ésto, dejó el cuenco con el pan a las patas del leoncito, pero no se atrevió a acercarse demás.— Es bastante desconfiado. Me ha dado un mordisco por tratar de sacarlo de allí.—
—Debes tenerle paciencia hijo mío. Está muy receloso y bastante asustado. Además ¿Cuál es la necesidad de sacarlo de allí?—
—Por su pelaje Eminencia. Podría infectar las heridas del paciente. Además, huele horrible, como si hubiese dormido en un charco de sangre.—
—¿Lo vas a bañar? ¡Así menos que va a salir de ahí!— dice el Regente sonriente.
El leoncito se acerca lentamente al cuenco. Olfateó y comenzó a comer.
—Está muy hambriento, no sé cómo cabe tanta comida en un cuerpecito tan pequeño.—
—A saber cuánto tiempo tienes sin comer... Ven acá, quiero conversar contigo.— dijo haciéndole señas con las manos.
El leoncito retrocedió hasta quedar escondido en un rincón.
—Le deseo suerte, Eminencia. Es bastante desconfiado.— dice Ananías tras una reverencia. Luego se retira de la habitación.
Timoteo observa al pequeño león escondido en un rincón.
—Puedes confiar en mí y lo sabes. Ven acá, necesito conversar contigo.— le dijo con cariño en su voz y extendiendo sus manos hacia él, pero el leoncito se tapó ambos ojos con las patas.— ¿Acaso te he dado razones para desconfiar de mí? Vamos, dame el beneficio de la duda. Sólo quiero conversar.—
El leoncito se quitó una pata de un ojo para mirar a Timoteo. Éste sonreía sinceramente. Pero el leoncito siguió escondido.
—Que me hayas dado parte de tus secretos no quiere decir que vayas a morir. Tampoco que no te crea. El asunto está en qué Nathanael me ha dado a entender algo, pero necesito que tú me lo confirmes. Ven aquí.—
El leoncito avanzó unos pasos, temblando, mientras Timoteo permanecía esperando con paciencia. Finalmente el león llegó a los pies de Timoteo y éste extendió la mano hacia él. Le olfateó la mano unos segundos y lo lamió.
—¿Sabe a agua bendita? Ven aquí pequeño gatito.— dijo y lo levantó del suelo con cuidado.
Lo subió a sus piernas, y el leoncito, de los nervios, clavó sus garritas en la túnica del Regente, pero éste comprendía el porqué. Acarició su cabecita un rato, hasta que sus músculos se relajaron y pudo empezar a ronronear.
—¿Ahora sí podemos conversar?— le dijo y el leoncito se tapó los ojos con las patas nuevamente.—Ey, no tengas miedo. Nadie va a lastimarte, y no voy a recriminarte el hecho de que me has ocultado varias cosas. Pero igual, ahora que lo pienso...—
En eso, Timoteo repasó los recuerdos que Miguel Ángel le había mostrado. En la cueva, el demonio le llamó “Alteza” y, a la persona que llamó antes de ser capturado le dijo papá y dijo la frase: “No voy a morir protegiéndote sólo para que tú te dejes morir. Hazlo por mí. Si muero, vive por mí.” allí lo entendió. Miguel Ángel, por accidente, le había dado pistas de su proceder, sin admitirlo directamente. Su padre es uno de los Portadores. Por lo tanto, él también lo era.
—Olvídalo, tú juramento de fidelidad no te dejará admitirlo. Igual, me lo dijiste. Tú... Tú llevas todo en los hombros. Los secretos. El Destino. A los Portadores. Y la misma Sangre Real. Pero hijo, nos haz hecho pecar por ignorancia. Se supone que debemos protegerte. Y hace dos meses que te están torturando en nuestras paredes. ¿Cómo, Miguel Ángel? ¿Cómo haz resistido tanto teniendo la escapatoria allí?—
—Decir la verdad era condenarme a caer en manos del Regente Jonás y de los Cazadores. Y, ya lo he dicho antes. Primero la muerte antes que cederles ese poder.— dijo el leoncito sin mover ni un sólo músculo de su boca.
—Se sabe. Tú escencia y tú sangre tiene el suficiente poder como para vencer Principados, alcanzar la purificación absoluta y la redención y eliminación de cualquier pecado. Pero, así como sirve para bien, también sirve para mal.—
—Querían usar ese poder para lucrarse y obtener prestigio en el plano interreinal. Negociar redención y purificación para quiénes, claramente, no podían alcanzarla por medios legales. De allí su desesperación porque les diera sus nombres. Y sabían que estaban muy cerca. Nunca iban a adivinar cúan cerca. Pero mis labios deben seguir cerrados por los momentos. El tema de los Portadores es muy delicado hoy día. Las redes de los Conspiranoicos están contando la verdad a medias. Por desconocimiento, están confundiendo y aterrando a los creyentes.—
—¿Qué es a lo que le temes realmente, Miguel Ángel?—
—... ... A lo cerca que está la caída de ésta era. El Reginato será lo primero en caer. Y los miembros de Familia Real los primeros en morir. Así, desgraciadamente, está escrito y los Tratados establecen que debe ser así.—
—Entonces mis sospechas y lo que dice Nathanael es verdad. Purificaste, tal vez sin querer, la sangre de tú padre. Y te enamoraste de la otra Portadora. Lo que sí debo preguntar, ¿Quién de los dos viene de la línea Principal de Asuer, y quién viene de la línea de Katherine?—