Apocrifus: Legado, Balanza y Destino

Capítulo 5:

—¿Tú pidiendo cita conmigo? ¿De cuándo acá tanto formalismo?—

—Si no fuera importante no vendría a molestarte a tú casa, Oscar.—

—Eso lo sé, por lo cual me preocupa. Pero dime ¿Me tengo que preocupar?—

Michelangelo suspiró pasando ambas manos por su cara y luego por su cabello rubio, sus ojos intentando huir de los de Oscar. Éste lo veía con sus ojos verdes en una mirada preocupada, analítica, profunda. Su piel morena empezaba a palidecer por el temor de lo que él, el multimillonario más grande del mundo, pudiera necesitar con tanta urgencia y no pudiera obtener por sus medios.

—Uysh. Ésto me da mal rollo. Iré sirviendo un whisky porque estoy seguro de que me vas a hacer rabiar.—

—¿Cuando te he hecho rabiar Oscar?—

—Más de 6 veces. Y tus muñecas tienen la evidencia de 2 de ellas. Las otras 4, te las ingeniaste.— dijo y bebió del licor.

—Necesito que me ayudes con algo. Y sí, te vengo a buscar a tí porque obviamente yo no puedo.— Oscar lo miró con sorpresa.

—¿Y ahora qué es eso sin lo cual no puedes vivir?— preguntó burlón.

—Mi hijo. Tiene 17 y es paramédico.— Oscar palideció.

—¡¿... ¿Qué?— dijo en un hilo de voz.

—Escucha Oscar, sí, lo encontré, tiene precisamente 17 años. Escapó de entre los Protectores. Pero es un testarudo al límite.—

—Yo creo que el testarudo es otro...—

—¿Me dejas terminar de hablar? Tiene casi dos años conmigo, pero hace 6 meses discutimos y se fue de casa. Y hace dos meses que no sé de él...— tragó saliva.— Mis sobrinos “por accidente” destruyeron el teléfono que tenía. Hace tres semanas logré recuperar los archivos que contenía. Ésto fue lo último que me escribió, hace dos meses ya.—

Y empezó a correr la grabación de voz.

“—Papá, creo que me descubrieron. Si me atrapan, estoy perdido. Perdóname ¿Sí? No debí apartarme por algo tan estúpido. Ojalá pueda volver a verte y ésto solo sea un mal rato. Y si no, quiero que vivas. No voy a morir protegiéndote sólo para que tú te dejes morir. Hazlo por mí. Si muero, vive por mí.—”

La nota de voz terminó y Oscar está que hierve.

—No puedes estar hablando enserio.—

—No es necesario que me perdones, Oscar. Te daré lo que pidas. Sólo ayúdame a encontrar a mí hijo.—

—23 años... ¿23 años de amistad y no confiaste en mí lo suficiente para decirme qué encontraste a tú hijo? Y de paso, 2 meses. ¡¿2 meses tiene desaparecida la criatura y apenas ahora tú me lo dices?!—

—... ¿Vas a ayudar sí o no?—

—¡Claro que te voy a ayudar imbécil! ¡Pero eso no evitará que te reclame durante 10 minutos más!— Michelangelo sonrió. Lágrimas comenzaron a caer de sus ojos y Oscar palideció.

—¡Grítame todo lo que quieras! ¡Hazlo, de igual manera me lo merezco! Soy un pésimo padre ¿No?... Él me lo advirtió, sólo intentaba ayudarme y... No me conocerás tú Oscar... Yo... Yo... Yo no quiero perderlo. No quiero. Y si le pasa algo yo... Yo no merezco la vida.—

—Maldición... Michel, ¿Acaso te purificó? ¡J***r Michel-Angel! ¡El chico tiene el nivel de energía más alto del mundo entero! ¿Cómo m****a lo dejaste ir así nomás? ¿Qué vamos a hacer ahora? ¡Si al niño lo descubren en el Reginato o los Protectores se acabó! ¿Oíste? ¡Se acabó! ¡De ahí no lo vas a sacar más nunca!—

—¿Y tú crees que no lo sé? ¡Tengo días sin dormir buscando Oscar! Tengo días investigando, viajando, buscando y no doy con nada. ¡No vendría a molestarte si supiera qué hacer!—

—¡¿Y de paso si no es por ésto no me ibas a decir?! ¡Serás cara de *****!... J***r... Me imagino que trajiste alguna camisa o algo ¿Verdad?—

—Traje lo único que obtuve de sus compañeros... El uniforme que llevaba ese día. Apareció unos kilómetros más lejos de dónde fue la llamada de emergencia que atendieron ese día.— dijo y le entregó una camisa de uniforme con el logo de salud en un brazo y el de la Cruz Roja en el otro.

—“Miguel Ángel Baorrounotti”... Qué bonito, pero ésto tiene sangre de él. Y por el olor, su sangre es tan pura como la tuya antes del accidente. Incluso más.—

—Claro que más. Al niño los demonios le huyen. Tiene la suficiente comunión como para hacer sus milagros y cosas así. No logro comprenderlo del todo, supieras.—

—Pero el chico se convirtió en tú adoración. Cuando ví las fotos, enserio creí que era un sobrino tuyo, de esos que mandaron a vivir a Estados Unidos.— dijo mientras preparaba un ritual y ponía la camisa en el medio.

—¿Me hakeaste el teléfono otra vez Oscar?—

—¿Sabes lo difícil que se volvió ubicarte? Estás rodeado de una estúpida burocracia, por Dios.— exclamó burlón.

—Oye ¿Karina y la niña?—

—Bastante bien. Aunque Kristin tiene días con pesadillas. Aún no sabemos qué es lo que se le está revelando y aún no se pronuncia por completo.—

—¿No hay manera de ayudarla? Tiene sólo 7 años...—

—Desgraciadamente no. Según, estamos en tiempos de guerra. Si la balanza se coloca en contra de la humanidad, el Reginato va a caer y posiblemente se liberen mil y un pestes. La humanidad perderá el control y, al caer el Reginato, estaremos a merced de los otros reinos. Pero, si tenemos suerte, el nuevo Regente sacará la corrupción del Reginato y tendremos más tiempo de redención.—

—... ... ¿Qué?—

—¡Bah! Olvidé lo aislado que estás de éstas cosas. Bueno, aquí conseguí la conexión. Pero estoy seguro de que no nos va a gustar lo que vamos a ver.—

—J***r...— masculló Michelangelo.

Oscar estaba sentado en el centro del círculo del ritual, mientras runas pintadas a mano brillaban en un violeta pálido y parecían palpitar. Michelangelo se sentó en medio del círculo, frente a él.

—Miguel Ángel Baorrounotti Adeleine...— susurró Oscar y sus ojos brillaron.

Y comenzaron a verlo, como si la imagen estuviera reproduciéndose frente a sus ojos. Miguel Ángel corriendo desesperado por las calles de la ciudad del Reginato, con el teléfono en la mano, el terror dibujado en su rostro y el sudor corriendo por su cara, ya sin aliento, pero intentando escapar de algo. O alguien. Marcó a un número de teléfono varias veces mientras corría.



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En el texto hay: sabiduría, curación, humor y magia

Editado: 15.05.2026

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