Apocrifus: Legado, Balanza y Destino

Capítulo 8:

—Un momento, ¿A qué se refiere con toda la vida?—

Miguel Ángel le mostró sus manos con una cicatriz redonda en cada palma.

—Creía que habían sido ellos...—

—La verdad es que no, pero me aterraba admitirlo. Comenzó cuando tenía unos 8 años. Empezó a sangrar de a poco, sin yo haberme lastimado. Sólo hay tres personas en éste mundo que saben que ésto me ocurre. Bueno, contigo son cuatro. Siempre creí que era algo normal. De todos modos, eso es lo más normal en mí.— dijo intentando reír.

Salomón intentó reír también.

—Todo éste tiempo creía que estaba pagando con sangre los errores que los que fueron antes de mí cometieron. Por eso nunca le dí demasiadas vueltas al asunto... Ahora resulta que sólo estaba limpiando el mundo. Se supone que para eso nací.—

—Joven Príncipe, no se supone que un Principe en tierra de nadie pudiera hacer eso. De hecho, sus dones deberían aflorar apenas ahora. Yo no logro comprender...—

—¿Salomón?—

—Usted ha sufrido demasiado, joven Príncipe. No debería haber cargado con éstas cosas hasta ahora. Ahora ya veo porqué Su Eminencia no es capaz de pedirle que se quede con nosotros. Él no quiere que usted siga sufriendo.—

—Su Eminencia no ha considerado que si salgo de éstas paredes posiblemente me maten los Cazadores.— dijo mirando un momento por la ventana.— Salomón, ¿Es verdad lo que el Príncipe Asuer escribió?... Si nuestro plano hábitat se queda sin un Guía, ¿Caeremos en condenación?—

—... ... Es verdad, joven Príncipe... Si la línea de los Portadores se rompe, nuestro mundo dejará de existir. Estaremos a merced de cualquier ataque y todas nuestras armas perderán efecto. Y sin embargo, gracias a que su familia se ha conservado, el daño éstos años ha sido mínimo.—

—¿Por eso la cárcel está tan llena? Ellos... Ellos pueden pasar libremente y hacer desastres si quieren.-—

—En su mayoría, los que están allá están esperando juicio. Sus respectivos Guías deberían venir por ellos y condenarlos conforme a los Tratados, pero desde que el Príncipe Sedequías huyó por temor, nunca más han habido juicios. Por eso se acumularon.—

—¿Su nombre en el Reginato era Sedequías?—

—Sí. La pequeña hija que tuvo estimo que es su abuela, joven Príncipe.—

—Mi padre intentó llegar al Reginato para ayudarles a depurar el mundo... ¿Qué pasó?—

—Su abuelo... Él sabía que al irse Michelangelo de su lado nunca volvería. Tal vez ese es el temor de su padre, Alteza... En fin, su abuelo decidió que haría hasta lo impensable para que su padre no se quedara con nosotros. Eso hizo. Y su padre se creyó indigno de dirigir el Reginato después de aquello... Se perdió en la oscuridad...—

Miguel Ángel guardó silencio.

—Salomón, la caída del Reginato y la destrucción de ésta era están puestas en la balanza. Salomón...— le tembló la voz.— Si me voy, ¿Todos van a pagar las consecuencias?—

—Sería lo que merecemos por no cuidar de ustedes, Alteza. Dejamos que la Corrupción los ahuyentara, que los Protectores los alejaran y perdimos de vista la línea de Sangre de Katherine. Y ustedes, la línea de Asuer, ha sufrido demasiado por nuestra negligencia. Y usted...— sus ojos se cristalizaron.

—Salomón, nada de ésto es culpa tuya o del Regente. La Corrupción entró por la ambición de unos pocos. No somos culpables de ello, pero debemos lidiar con las consecuencias. Pero podemos remediarlo. Debe haber alguna manera de evitar la destrucción... Y si no... Habrá que establecer bases para que la humanidad se levante luego de ella.—

—Alteza, ¿Habla de...—

—Robé el Códice de entre los Protectores hace mucho. Dada la ambición que empezaban a mostrar, algo me decía que no era seguro dejarlo con ellos. Posiblemente no hayan notado que me lo llevé. No me habrían dejado caer en manos de los Cazadores de saber que lo tengo yo. Yo quisiera verles la cara cuando vean la repisa vacía...—

Salomón olvidó las ganas de llorar que sentía y empezó a reír.

—Tecnicamente no me lo robé, solo lo traje conmigo cuando me mudé.— dice riendo de hombros levantados.

—Exacto. El Códice le pertenece a ustedes los Príncipes.—

—Eso es lo que digo yo... Aunque yo no sabía que era un Portador en ese momento...— dijo y Salomón soltó una carcajada.

—Bueno, así son los designios del Creador.—

—Cierto.— en eso, sus piernas temblaron y cayó al suelo. La nariz le sangraba.— ¿Salomón?—

—Aquí estoy. No te asustes. Algo está pasando afuera.— Dijo levantándolo en sus brazos. Lo llevó hasta la cama y allí lo dejó sentado con cuidado.— Voy a asomarme desde mi habitación a ver qué sucede. Por favor desayune un poco. No me tardaré.—

Salomón dejó la bandeja junto a él y salió por la puerta a su habitación y de allí al pasillo. Afuera, al inicio de las escaleras, el jefe de los Cazadores le insistía al Regente que Miguel Ángel era peligroso por ser una Criatura Sacrílega.

—Ustedes los Cazadores consideran todo ser vivo diferente como Sacrílego. A saber si al igual que él no tendrán más criaturas inocentes encerradas en ese lugar.— exclamó el jefe de los carceleros, muy disgustado.

—Usted ha estado cumpliendo muy bien con su trabajo, ¿Porqué ha dejado salir a uno de los prisioneros?—

—Lo he sacado yo, Obispo Luis. ¿Hay algún problema con eso?— dijo Timoteo con calma, muy apacible.

Salomón buscó con la mirada. El jefe de los Cazadores traía una varilla de incienso encendida. Un olor casi imperceptible, pero era lo que estaba haciendo sangrar a Miguel Ángel. Sin pensarlo dos veces, Salomón tomó la varilla y la examinó.

—Qué perfume tan raro usa, Obispo Luis.— dijo con el rostro endurecido.

—No lo creía tan maleducado, Obispo. Eso me pertenece, devuélvalo.— le dijo con desprecio.

—Su Eminencia, ¿Están permitido encender incienso en el Reginato con fines fuera de limpieza y adoración?—

—Estoy limpiando, obispo.— le dijo tratando de arrebatar la varilla de su mano, pero Salomón esquivó y la apagó.



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En el texto hay: sabiduría, curación, humor y magia

Editado: 15.05.2026

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