Apocrifus: Legado, Balanza y Destino

Capítulo 12:

Ezequiel queda sentado en su cojín favorito, intentando averiguar en los libros qué salió mal. El Regente lo miraba desde un sofá, algo preocupado.

—Ezequiel, no debes preocuparte por eso. Sólo debes practicar un poco más.— le dijo, ya preocupado de verlo hojear desesperado.

—Es que no lo entiendo Eminencia, ¡Se supone que lo hice bien! Seguí las instrucciones, frotar de a 10, 15 giros adelante, 12 hacia atrás, 3 expansivos y empezar a darle forma al esferoide. Mínimo 20 vueltas de ancho y máximo 80. Y yo solo le dí 20 vueltas.— dijo mirándose las manos.

—Hijo mío, ¿No has considerado que tal vez quién escribió ese libro tenía más control sobre cada vuelta que hacía que tú? Además, ese libro lo escribió el Príncipe Andrés. Y él no tenía el mismo poder espiritual que tú. Tal vez eso es lo que pasa. Tienes mucha más energía y poder que él.—

—¿Porqué pasa eso?—

—No tengo una respuesta para eso. Pero puedo consolarte al respecto.— dijo abriendo los brazos para recibirlo.

Ezequiel dudó un momento y llegó hasta el Regente, apoyando la cabeza en sus rodillas. Timoteo acarició su cabello con las manos.

—Debes tener paciencia hijo. Te dije que tú escencia empezaría a reaccionar conforme a la energía del Reginato. Eso también influye en el control de tus dones. Quédate tranquilo. Nadie te está exigiendo que hagas todo y resuelvas todo apenas llegue tú Presentación. ¿De acuerdo?—

—De acuerdo Eminencia.—

—A propósito, mañana temprano uno de los médicos vendrá a hacerte chequeo. Tal vez tú debilidad sea meramente física, Ezequiel. Me preocupa que tus heridas se abran tan frecuentemente.— Ezequiel quiso replicar, pero sabe que Timoteo tiene razón.— Ezequiel...—

—¿Pasa algo?—

—Yo creo en tí, hijo mío. No te olvides de eso nunca. Mientras yo esté aquí nadie va a lastimarte. Pero tampoco quiero que corras riesgos. Sabes muy bien que tienes enemigos que no les conviene que estés aquí. De hecho, ni siquiera tienen algo en tú contra, pero tú presencia corta sus rituales y cosas.—

—Ya estoy acostumbrado a a que se me persiga por simplemente existir, Eminencia. Y con respecto a eso, aún no sé dónde están los altares, pero sí quién los tiene.—

—¿Qué? ¿Cómo... Cómo has hecho eso?—

—Anoche, mientras practicaba el encendido de las luces, uno de los dueños de esos altares se presentó aquí. Dijo que si subía demasiado mi nivel, terminaría ahuyentando a sus invocaciones. Me suplicó que los liberara, que preferían marcharse y llevarse a sus hijos antes que mi escencia los destruyera. Pero claro sólo uno de ellos me lo ha pedido. Creo que es porque sólo es una deidad menor y de bajo rango. Los otros dos sí parecen demonios. Lo que sí me dijo, está con los Obispos de Caridad. Cambiaron su integridad y su lugar como hijos de éste plano por dinero infinito. Y los que vinieron tras ellos, más bien desplazaron a los originales y pactaron también para obtener ese poder. Tres generaciones perdidas. El Clan completo está corroído... Los otros dos, según él, están uno con los Exorcistas y el otro con algunos salteados en busca de poder.— dice y la voz le tiembla.

—¿Qué hacemos entonces Ezequiel?—

—Hay que encontrar aún sus altares y destruirlos. Una vez hecho eso, limpiar a los que les rindieron tributo... Por los de Caridad ya no se puede hacer nada. Ellos sellaron su pacto. Pero tal vez se puedan salvar a los más recientes, debe haber alguno que no haya caído aún.— indicó, casi lamentándose.

—Ezequiel...—

—La única manera de averiguar dónde están los otros es habitando entre ellos sin representarles una amenaza. De hecho, es mejor ni siquiera que sepan que sabemos lo que están haciendo.— dijo y Timoteo abrió los ojos como platos.

—De ninguna manera. No vas a meterte en esa cueva de arpías.—

—Yo no Eminencia. El ExProtector que necesita redimirse sí.—

Timoteo no estaba de acuerdo con la idea. Ezequiel tomó sus manos.

—Eminencia, necesito que se ponga en mi lugar. La energía que emiten esos altares no me deja respirar fuera de ésta habitación. No voy a poder caminar tranquilamente por los pasillos del Reginato a sabiendas de que los que buscan mi sangre pueden obtenerla con sólo despistarme. Además, no puedo dormir tranquilo sabiendo que un mínimo error volteará la balanza en nuestra contra.—

—¿Qué quieres decir?— Ezequiel suspiró.

—Se ha cumplido el plazo de prueba. El Creador ha examinado nuestro mundo y encontró mucha corrupción. Se supone que somos su obra más limpia. La Balanza está puesta en nuestro mundo. Dos platos, un mismo Final. Pero, de un lado la oportunidad de que todo vuelva a su cauce natural y no llegue un Reinicio. Del otro, la Destrucción absoluta. Si logramos poner la Balanza a nuestro favor, la humanidad como la conocemos prevalecerá mucho más tiempo. Si la Balanza cae del otro lado...—

—No quedará piedra sobre piedra que no sea removida... Lo sé.—

—La oportunidad que se nos presenta es inclinar la Balanza a favor de la Humanidad, a favor de darle más tiempo a los creyentes de afirmar su fé y a los impíos de expiar sus pecados. Aunque el abuelo Sedequías dijo que me explicaría más de ese asunto, no estoy muy seguro de querer que haya un Reinicio, aunque tampoco sé exactamente qué es.—

—Es la razón por la que existe el Códice hijo mío. El Códice se escribió para que los Portadores levanten a la humanidad después del Reinicio. Es uno de los libros más antiguos de la historia. Un Reinicio consta de tres partes: Selección, Limpieza e Inserción. Es escalofriante, si me dejas opinar. En la Selección, los seres Celestes escogen a los Santos del plano a limpiar, seleccionan lo que se debe salvar y lo que no, se queda. Luego viene la limpieza... Y eso no es necesario que te lo explique. Y una vez la limpieza termina y el plano está preparado, se inserta a un Portador que lo prepare para volver a insertar a la humanidad y se vuelva a expandir en el mundo.—



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En el texto hay: sabiduría, curación, humor y magia

Editado: 15.05.2026

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