Apocrifus: Legado, Balanza y Destino

Capítulo 13:

Ezequiel llega a su habitación en compañía de Salomón y se tira en la cama mientras tose.

—Alteza, no me dé más sustos. ¿Se siente bien?— dice Salomón golpeando su espalda. Ezequiel negó con la cabeza.

Se oye un leve golpeteo en la puerta y la hermana Felicity entra con una bandeja en la mano.

—Aquí traigo su tecito y su pan Alteza... ¿De verdad se siente muy mal?— preguntó viendo a Salomón golpearle aún la espalda.

—¿Y usted cómo... Ah, se me olvidaba que ya tiene teléfono.— dijo y cuando por fin Ezequiel pudo respirar soltó un pequeño coágulo de sangre.— ¡Ay qué bonito! Ya voy a llamar al Regente.—

Salomón salió de la habitación mientras llamaba por teléfono, mientras Felicity le daba del té a Ezequiel.

—Su Alteza no debería hacer tantos esfuerzos aún. Está muy pequeño y muy débil. Más bien déjese cuidar Principito. Venga, coma de su pancito.— le dijo Felicity como si le hablara a un niño pequeño. Aunque le parecía denigrante, prefirió obedecer y comer lentamente del pan.

Después de beber y comer, dejó de toser.

—¿Muchos sobresaltos en menos de 24 horas?— preguntó el Regente entrando a la habitación.— Hermana, buenos días. Muchas gracias por cuidar del Príncipe.—

—No hay nada qué agradecer Eminencia, es simplemente un honor hacerlo. Ya le he dado té hecho con agua bendita y pan dulce sin levadura, pero no se ha recuperado por completo.—

—¡Ah, ¿Así que le pone azúcar al pan?! Con razón yo lo veía que se lo andaba comiendo como si fuera una galleta.— exclama Salomón de brazos cruzados y con una mirada acusadora. Ezequiel volteó a mirarlo y sonrió.— Ah rayos, sí se siente mal.—

Felicity salió de la habitación. Timoteo y Salomón se quedaron a su lado, mientras Ezequiel insistía en que descansaran. Poco después, se quedó dormido.

—Salomón, ¿Algo que quieras comentarme?— dijo Timoteo y Salomón negó con la cabeza.

—No sé cómo lo alcanzó, Eminencia. Creí haber cerrado cualquier brecha por la que pudieran llegar a él. Sólo lo estaban distrayendo, con el Principe despierto no iban a poder trasladar el altar. Pero... No entiendo porqué no se defendió al momento.—

—Conociendo a Ezequiel cómo lo estoy conociendo, posiblemente lo hizo a propósito. Espero que se deje de osadías ahora que uno de los altares ya fue destruido. Esa cosa exige audiencia ante él, pero no es buena idea exponer a Ezequiel aún a esos asuntos. Su energía no es lo suficientemente estable para eso.—

—Eminencia, ¿Acaso está considerando...—

—Posponer la Presentación de Ezequiel. El riesgo que correríamos es grande, pero al menos lo mantenemos a salvo.— Salomón guardó silencio un rato.

—No creo que él esté de acuerdo con eso.— dijo finalmente en un hilo de voz.

—Se sabe, pero no podemos ponerle en peligro por desesperación.—

En eso, ambos finalmente notan al leoncito blanco que los mira con lágrimas corriendo por el hocico.

—No es tú culpa Ezequiel. Sé que sólo quieres ayudar. Pero sí te pasa algo será peor todo. ¿Puedes entenderlo?— le dijo Timoteo y el leoncito asintió, pero siguió llorando.

Salomón llegó a dónde estaba y lo levantó en sus manos.

—Tal vez también haya qué nutrir a éste gatito para que el Príncipe se recupere más rápido.— murmuró Salomón y el Regente volteó a mirarlo.

—Puede que tengas razón Salomón. El leoncillo está más pequeño de lo que debería ¿Verdad?— dijo y se acercó a Salomón quién acariciaba al leoncito para consolarlo.

—Hay que darle tiempo, a mi parecer. No debemos imponerle estándares tampoco. Es muy pequeño aún. Eminencia ¿No será que...— dice Salomón tratando de consolarlo. Lo miraba con una ternura poco usual en él. Pero esa duda lo hizo estremecer.

—Dilo Salomón.— dijo Timoteo esperando el golpe.

—Eminencia, ¿No será que todo ésto es a causa de su propio estrés por todo lo que vivió? Toda esa debilidad y esa necesidad de hacer las cosas, de verse útil, ¿No será que él cree que si se vuelve inútil le harán daño?— Timoteo asintió. El leoncito se acurrucó en una bolita.

—Es trauma, querido Salomón. Y poco lo encuentro yo. En su mente cree que si no nos es útil, morirá. Y no es así. Pero cuesta hacérselo entender. Espero que con el tiempo eso mejore, pero preferiría mantenerlo tranquilo por ahora. Por eso me es necesario dialogar con los demás con respecto a la Presentación.—

—Eminencia, no considero correcto posponerla. Mejor siéntese a dialogar, pero con él.— dijo Salomón dejando al leoncillo en los brazos de Timoteo.— Yo iré a hablar con Amós y el Arzobispo Daniel. Hay que revisar cómo rayos fue que esa cosa logró dormir al Príncipe.—

Diciendo eso, salió de la habitación. Timoteo tomó un poco del pan que Felicity había traído y se lo dió al leoncillo.

—Ezequiel hijo, ¿Quieres conversar?— el leoncito negó con la cabeza. Timoteo sonrió. Volteó a mirar a Ezequiel dormido en la cama, envuelto en la manta de foca.— Tú cuerpo necesita recuperarse. Y tú escencia alimentarse. Ven, hoy me vas a acompañar a hacer mis deberes.—

Colocó al leoncito en su hombro y salió de la habitación. Fue hasta el estudio y empezó desde temprano a atender los documentos y mensajes recibidos, mientras el leoncito a su lado comía pan con atún y leche. En una de éstas, el Arzobispo Luis entra a la oficina.

—Buenos días hermano Luis, ¿No le pedí que descansara?— dijo Timoteo algo irritado.

—No he podido Eminencia. Después de lo de ésta madrugada, el Obispo Amós y yo hemos estado buscando las líneas que unen a los desertores con su líder. Porque ninguno de los que atrapamos es el Profeta Pagano. Cuando el Príncipe Ezequiel se marchó, dejó una señal con los pies y esa señal nos llevó hasta la línea. Mis muchachos y los del Arzobispo Daniel estamos buscando el rastro.—

—Me sorprende escuchar eso. No tanto que no hayamos encontrado al Profeta Pagano, sino el oírte claramente decir que están colaborando ustedes y los miembros de Mística.— dijo sonriente y Luis rió con la frase.



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En el texto hay: sabiduría, curación, humor y magia

Editado: 15.05.2026

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