Apocrifus: Legado, Balanza y Destino

Capítulo 16:

(Es un honor conocerla, Princesa Amina. Mi nombre es Ezequiel Segundo. Pase adelante, le invito a sentarse conmigo.)— dijo, intentando parecer cordial pese a lo nervioso que estaba.

Amina asintió y se sentó en un sofá cerca de los pedestales. Ezequiel se sentó frente a ella. Y, al hacerlo, por respeto, se quitó su máscara. Ella también. Y ésa primera mirada a los ojos cambió mucho y condicionó el Destino de ésta historia. Amina tenía los ojos de un violeta hermoso, sus labios de un rosa pálido y sus mejillas sonrojadas en contraste con su rostro pálido. Ella se encontró de frente con los ojos de Ezequiel, seguros, firmes, destilando dulzura y calma.

(Siento no haber avisado que venía. Me ha costado mucho llegar hasta aquí.)— le dijo ella en un formalismo propio de quiénes tratan de parecer adultos, siendo muy jóvenes. Amina era incluso menor que Ezequiel.

(Le pido una disculpa por eso. Hace unos pocos días que estoy en ésta posición, y si me permite serle honesto, no he podido concentrar mi poder lo suficiente para abrir los portales a su Plano, Princesa.)— Amina mostró atención a sus palabras. Y esbozó una sonrisa.

(Puedo comprenderle. No tiene de qué preocuparse.)— le dijo, intentando desviar los ojos de los de él. No podía.

(Planeaba ir a renovar los Tratados ésta tarde, pero se me ha complicado mucho. Ruego me disculpe por eso.)— Amina contuvo la risa.

(De los Príncipes de su Linaje, usted es el menos arrogante que he conocido hasta ahora.)— Ezequiel sonrió.

(No sirve de nada ocultar el sol con un dedo.)— Amina asintió.

(Vengo a platicarle sobre las deidades en su Plano. Ya que nos llevamos bien, a diferencia de mis antecesoras y los antiguos Príncipes, quiero comentarle el hecho de que su gente capturó a varias deidades Regentes que, de hecho, deberían haber reencarnado ya. Otras siguen ocultas en su Plano.)

(De eso tengo conocimento. En éste mismo Reginato se encuentran 4 de ellas. Freya, Skiold, Isis y Deméter. Las otras 8 aún no se han pronunciado. De esas 12 tengo conocimiento en mi Plano, de las que faltan no.)

(¿12? Deberían haber como mínimo 24. Dos familias.)—

—(En mi jurisdicción no está una familia completa. Están dos de una familia y los otros dos de diferente rama. Si me permite decirlo, las deidades que faltan deben estar escondidas en otro planeta.)

(No deberían...)

(Pierda cuidado. Las deidades dentro de mi Reginato puedo entregárselas de inmediato si gusta. De las otras 8 me temo que habrá que esperar más.)

(Eso lo entiendo, Príncipe Ezequiel. Aunque no considero correcto que me las entregue en éstos momentos. Ruego no se ofenda por mis palabras, pero usted no está en óptimo estado espiritual como para soportar el transporte de semejante magnitud. Por ahora, me conformo con que acceda a entregarlas.)

(Llevan décadas esperando mi llegada para marcharse. No creo correcto impedirlo.)— Amina sonrió y sus mejillas parecieron enrojecer más aún.

(Por otro lado, quería hablarle sobre la deidad menor que hizo estragos en su Plano. ¿Realmente dejará su juicio en mis manos, a sabiendas de que merece más de lo que se le dará? Incluso le ha dado monedas de virtud. ¿Usted...)

(Ha disuelto sus pactos y liberado las almas de los míos que habían pecado. Con eso, les ha dado la oportunidad de redimirse en ésta o en la próxima vida. Con eso expía su falta para conmigo. Me es suficiente con ello. Lo que merezca por su propio pecado, eso lo decidirán sus jueces. Por su favor para conmigo, yo la liberé de su falta con los míos.)— Amina asintió lentamente.

(Eso me resulta justo. Su misericordia es admirable, Príncipe Ezequiel.)

(Agradezco su elogio, pero no lo merezco del todo. Pierda cuidado. ¿Algún otro asunto a tratar, Princesa?)— Amina se tensó.

(Por ahora, ninguno urgente. Esperaré su recuperación para tratar los demás asuntos pendientes. De todos modos, somos muy nuevos en ésto para resolver lo que nuestros antecesores no pudieron en tantos siglos.)

(No lo habría dicho mejor.)— dijo con una sonrisa.

Ambos se levantaron entonces y pusieron sus máscaras de nuevo en sus caras. Amina se acercó y tomó las manos de Ezequiel.

(Puede estar tranquilo. Descanse primero y luego nos ponemos de acuerdo para trasladar a las deidades. Tampoco debes de hacerlo sólo, ¿De acuerdo?)

(Estamos de acuerdo.)— le dijo sonriendo. Ella también.

Lo miró con timidez y él apretó sus manos. Amina volvió al centro de los pedestales y, tras despedirse con la mano, desapareció en una nube de polvo. Y cuando ella se fue, Ezequiel pudo respirar aliviado.

Amina volvió a su Plano, en una nube de polvo violeta con destellos, apareciendo en su propia habitación en el Reginato del Plano Austral.

—¿Qué tal ha resultado, querida Princesa? ¿Siguen siendo cabezas duras en el Plano Terrenal?— pregunta el Regente de ese plano, Agmodiel, con gesto preocupado. Amina sonrió. En casa finalmente podía actuar como lo que era: una joven de 16 años, hecha de energía cósmica y polvo de estrellas, pero al fin joven.

—¡Nada de eso! Ojalá pudieras conocerlo, el Principe Ezequiel Segundo es todo un encanto. No parece siquiera hijo del Príncipe Asuer. Es tan diferente a todos los de esa familia...—

—Amina querida, no era exactamente eso lo que te estaba preguntando.—

—Ay sí, verdad. Pues, quedamos de mutuo acuerdo a transportar a las Deidades mayores apenas fuera posible. En el estado espiritual en el que está ni siquiera ha podido notar mi presencia cuando iba para allá. Eso me preocupa, a decir verdad. Si tienen tantos años sin un Príncipe, ¿Porque cuando el Príncipe Ezequiel aparece está tan débil? Supongo que serán asuntos suyos. Lo que sí, estoy viendo que en verdad es muy justo, tal como Sedequías nos contó.—



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En el texto hay: secretos, drama,

Editado: 05.06.2026

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